Recobrar el asombro, el amor y el silencio
Los futuros años del laicado, donde celebraremos un novenario a la Virgen Guadalupe y un año jubilar, el 2033, por los 2000 años de la redención, verán reverdecer y potenciar esa levadura de fe que se está fortaleciendo con el asombro, el amor y el silencio del pontificado del Papa americano…

Beatríz Briceño Picón:
Esta semana se juntan circunstancias que invitan a pensar en profundidad: celebraciones litúrgicas, efemérides, sucesos y aniversarios. Para los que compartimos la fe católica estos asombros están en la vía de los redescubrimientos, los agradecimientos y compromisos. Para quienes no tratan o no conocen a Jesucristo seguramente el elenco no es comprensible. En primer lugar, recordamos que junio es para los hijos de Dios, un mes donde el corazón de Jesús nos habla de modo nuevo, de Corazón a corazón. Y como consecuencia también el corazón de la Virgen se nos hace más cercano, más entrañable, más maternal. Es interesante percibir que formamos parte de ese movimiento de renovación eclesial que quiere hacernos ver que, sin una conversión del corazón de los cristianos, de todos, no podremos construir la verdadera civilización del Amor, basada en la misericordia, el perdón, la solidaridad, la justicia, la fraternidad…
El próximo sábado 6 de junio, tendremos al Papa norteamericano y peruano en el corazón de la hispanidad europea. Nos hablará en español y le recibirán hispanoamericanos de todos los países del continente. Será una visita católica y apostólica: universal. La expectativa es inmensa y ya todos hemos recibido el mensaje de Alzar la Mirada, de ver más allá de lo físico, fotografiable, para sintonizar con el corazón del agustino que nos recuerda que nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Jesucristo. El sucesor de Pedro llegará a Madrid, el sábado, justo para la Vigilia del Corpus Christi. Y qué inefable día, en nuestra liturgia. Allí veremos, con nuestros ojos de fe, a Cristo vivo que se quedó materialmente para siempre en el pan y la palabra. Allí conversaremos con Dios, guiados por León XIV. Le hablaremos, le adoraremos, nos llenaremos de su esperanza y le daremos gracias.
El viernes 12, celebración del Sagrado Corazón, el Papa estará en Tenerife y celebrará allí la Santa Misa antes de regresar a Roma. ¡Qué buena fecha para poner la conversión de España y el fruto de esos seis días de catequesis en el Corazón de ese Padre amoroso que nos transforma! Suponemos que la estancia en Barcelona y la visita a la Sagrada Familia de Gaudí, moverá a los artistas, a los padres de familia, a los profesionales y a los políticos que anhelan una sociedad más humana, más feliz y solidaria. Estos días son de preparación y los siguientes de conversión auténtica.
Corazón ardiente, la película de Goya, que rompió su celofán en pandemia, puede ayudarnos a sensibilizar a muchos católicos durmientes para sacar fruto de la Encíclica del Papa Francisco Dilexit nos y de la exhortación apostólica Dilexit te del Papa León XIV. El Papa Francisco insistió en esa gran verdad: si no hacemos de nuestro corazón casa de misericordia y de alegría, no veremos el cambio de esta cultura del descarte, de la corrupción, del libertinaje y de la insolidaridad. Nuestra cristiandad se ha escondido en los meandros de la historia, pero Cristo sigue viviendo en los hogares cristianos que conservan el fuego del amor verdadero y en las parroquias donde se reúnen las familias para celebrar la Eucaristía y todos los sacramentos, empezando por el más importante de todos, el bautismo, porque allí está toda la clave sacramental del vivir en gracia.
El 26 de este mes recordaremos a San Josemaría, el fundador del Opus Dei, a quien Dios encargó una obra trascendente, que vino a despertar al laicado que había perdido la estrella unos siglos atrás. Un joven sacerdote de 26 años, gracia de Dios y buen humor, respondió al llamado en el Siglo XX. El Opus Dei va a cumplir cien años en 2028, pero después de tanto tiempo de modorra secular, no ha sido fácil comprender lo que significa amar al mundo apasionadamente y descubrir en lo ordinario del trabajo y el amor humano el lugar propio para realizar la vocación y la misión de los fieles laicos. Los futuros años del laicado, donde celebraremos un novenario a la Virgen Guadalupe y un año jubilar, el 2033, por los 2000 años de la redención, verán reverdecer y potenciar esa levadura de fe que se está fortaleciendo con el asombro, el amor y el silencio del pontificado del Papa americano…
Beatriz Briceño Picón
Humanista y Periodista




