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Devociones y tradiciones

San Francisco de Paula, el santo que nos acompaña en la Cuaresma

RCL
Last updated: abril 2, 2025 11:59 am
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Published: abril 2, 2025
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Cada 2 de abril la Iglesia celebra a San Francisco de Paula, eremita, taumaturgo, hombre de cálida piedad y profunda sencillez; fundador de los Eremitas de San Francisco de Asís, institución que posteriormente pasaría a llamarse ‘Orden de los Mínimos’, aprobada por la Santa Sede en 1506.

Contents
La fe de nuestros padresPromesa y acciónUna Cuaresma perpetua

La fe de nuestros padres

Francisco nació en Paula, Calabria (Italia), el 27 de marzo de 1416. Sus padres, humildes campesinos, tenían varios años casados sin tener hijos, por lo que se encomendaron al Santo de Asís pidiéndole a Dios que los bendijera con la prole. Por eso, al llegar el primer hijo le pusieron por nombre ‘Francisco’ en agradecimiento. Él sería el primero de 3 hermanos.

Siendo aún muy pequeño, Francisco presentó una grave dolencia en los ojos. Sus padres volvieron a encomendarse al Santo de Asís y le prometieron que si el niño se curaba lo enviarían más adelante a un convento franciscano, como servidor. Era costumbre por aquellos días que algunas familias entregasen a sus hijos adolescentes para vivir como frailes, vistiendo el hábito, durante un año, en algún convento.

El bebé se curó muy pronto, pero los padres olvidaron con el tiempo la promesa hecha. Aun con eso, supieron procurarle a Francisco una educación religiosa hermosa e intensa. Quizás no fueron capaces de enseñarle a leer o escribir, pero le hicieron el mejor regalo: sembraron en su corazón de niño el amor y el deseo de ser como Jesús. Solo unos años más tarde, Francisco ya mostraba algunas señales de santidad.

Promesa y acción

Se dice que un fraile franciscano tuvo un sueño en el que el joven Francisco aparecía con el hábito de su Orden, y tuvo a bien hablar con sus padres, quienes entendieron que Dios esperaba por su hijo, en cumplimiento de la vieja promesa. A los trece años Francisco ingresó al convento de los franciscanos de Paula. En ese lugar creció en humildad y espíritu de obediencia, en amor por la oración y comprensión del sentido de la penitencia, elementos que marcaron su vida para siempre.

Terminado el tiempo con los franciscanos, a los 14 años, Francisco peregrinó a Asís al lado de sus padres. La experiencia de Dios vivida en aquel lugar terminó de consolidar aquello que daba vueltas en su cabeza desde hacía un año atrás: consagrar su vida a Dios por entero. Al regresar a Paula inicia entonces una vida de retiro, aislado en una cueva a la orilla del mar. Su anhelo era rezar, hablar con Jesús todo el tiempo posible y gozar solo de su compañía. El ejemplo del santo de Asís había calado hondo, quería, además, vivir como él: sin apegos materiales, con lo mínimo de alimento y sueño. Pronto serían muchas las personas que se unirían al proyecto. Francisco, mientras tanto, se iba convirtiendo cada vez más en un humilde cooperador de la Gracia, y recibiría de lo Alto los dones de profecía, de hacer milagros y de curar almas y cuerpos.

Una Cuaresma perpetua

En 1474 el Papa Sixto IV autorizó que se escriba una regla para la novel comunidad y que lleven el nombre de los ‘Ermitaños de San Francisco’. Esta regla sería formalmente aprobada por el Papa Alejandro VI, quien además rebautizó al grupo con el nombre de Orden por el de Mínimos, “los más humildes de todos los religiosos”. Francisco deseaba que en la vida en común los religiosos viviesen en silencio y de manera austera, en una suerte de cuaresma perpetua, de preparación para la Pascua eterna.

La regla definitiva de los ‘mínimos’ fue aprobada en 1506 por el Papa Julio II, quien también aprobó la que correspondía a la rama femenina.

Por muchos años el santo recorrió ciudades y pueblos anunciando el Evangelio. En 1482 el Papa Sixto IV lo envió como representante ante el rey de Francia, Luis Xl, quien se convirtió por su intercesión poco antes de morir. El rey quedó tan agradecido con San Francisco que lo nombró consejero de su hijo, el futuro Carlos VIII, rey de Francia.

San Francisco de Paula falleció el 2 de abril de 1507. Doce años después de su muerte, fue proclamado santo por el Sumo Pontífice León X, en 1519.-

Aciprensa

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