Fue un sacerdote y misionero franciscano español en América del sur. A bordo de un barco en dirección a Perú, fray Francisco aprovechó la oportunidad para dedicar unas palabras de esperanza y amor a las personas esclavizadas que viajaban como mercancía.
Cuando una terrible tormenta lanzó el navío contra una costa rocosa, el capitán y la tripulación abandonaron a las personas esclavizadas. Las lanzaron a su fatal destino en esa tumba de agua.
Fray Francisco rechazó su lugar en el bote salvavidas y se quedó para bautizar a los presos mientras el bote partía.
Ayudó a salvar a tantos como pudo, esperando con ellos y rezando con ellos durante tres días hasta que, contra todo pronóstico, les rescataron.
Pasó los siguientes 20 años trabajando con personas indígenas de Perú y denunciando los abusos de los colonos.-
Meg Hunter-Kilmer – publicado el 12/11/20-Aleteia.org


