Nacido en Cataluña, Pedro Claver se convirtió en misionero jesuita en Cartagena (Colombia), uno de los principales puertos de la trata transatlántica de esclavos. Allí dedicó todo su ministerio a los miles de africanos esclavizados que llegaban encadenados.
Recibía a los barcos en los muelles, les llevaba medicinas, comida y consuelo, y atendía sus heridas y enfermedades. Claver bautizó a más de 300 mil personas y se le recuerda por su convicción de que todo ser humano es portador de la dignidad de Cristo. Se llamaba a sí mismo «el esclavo de los esclavos para siempre».
Agobiado por el mal de Parkinson ―olvidado, criticado y muy pobre― Claver murió el 8 de septiembre de 1654.-
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