San Pío X, papa de 1903 a 1914, fue un firme defensor de la recepción de la sagrada comunión, animando a todos los fieles a recibir la Eucaristía con la mayor frecuencia posible.
En aquella época, los católicos estaban acostumbrados a comulgar solo una vez al año. Muy pocos recibían la sagrada comunión semanalmente, y normalmente solo los sacerdotes la recibían a diario. San Pío X quiso corregir esta práctica de abstención.
Además, san Pío X utilizó ese mismo decreto para rebajar la edad de la primera comunión a la «edad de la razón», que suele rondar los siete años, frente a la edad habitual de unos 12 años en aquella época.
El documento de san Pío X abrió las puertas a una recepción más frecuente de la sagrada comunión por parte de un abanico más amplio de personas e inició un «renacimiento» de la fe en torno al Santísimo Sacramento.


