Semana final… para volver

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Elías Farache:

Los domingos de los últimos meses son muy noticiosos respecto a lo que ocurre en Israel y acerca de Israel. Además de ser un día de reunión del gabinete ejecutivo del país, están los siempre atrevidos y hasta groseros programas de televisión, con sus paneles permanentes y las informaciones de prensa de lo más variadas. Además, son días en los cuales el presidente de Estados Unidos, el polémico Donald Trump, hace declaraciones que generan titulares, reacciones y preocupaciones. Este domingo no ha sido la excepción. Menos al iniciarse la semana final de una disputada campaña electoral que arroja números muy apretados, refleja posiciones muy difíciles de conciliar para lograr la necesaria coalición que de como resultado un primer ministro.

La primera de las noticias escandalosas es una muy poco feliz intervención de un polémico periodista acerca del General Gadi Eisenkot. Es el principal contendiente del primer ministro actual, un hombre respetable por su actuación militar y por el sufrimiento en carne propia al perder su hijo y dos sobrinos en el conflicto desatado después del fatídico 7 de octubre de 2026. Hacer un comentario que se asocie al origen de Eisenkot, por sus familiares oriundos de Marruecos, es una peligrosa y triste circunstancia que pudiera despertar el maligno genio de las discriminaciones en Israel, con fines electorales y sin ningún beneficio real para nadie. En una feroz y disputada carrera electoral, este tipo de manipulaciones resulta más que contraproducente para la salud nacional de una sociedad suficientemente atormentada por la guerra, la presión internacional, la economía y el luto que se lleva por tantos jóvenes caídos en combate, sin contar con el duelo por los rehenes recuperados como cadáveres.

Unas horas después de difundido, comentado, excusado y atacado lo anterior, Donald Trump, siempre Donald Trump, declara que un próximo primer ministro que no sea Benjamín Netanyahu sería algo inconveniente, pues los Estados Unidos tendrían que actuar en solitario frente a Irán. Esta declaración se percibe como una forma de inmiscuirse en la política de un país y, por supuesto, genera las reacciones esperadas entre quienes se enfrentan a Netanyahu.

Los dos episodios antes citados tienen sus lecturas e interpretaciones, quienes se atreven a explicarlas y quienes las condenan. Esto es comprensible, criticable y hasta soportable en el clima que se vive en un país polarizado y sin visos de terminar con los peligros externos que lo acechan, además de todos los problemas propios de la cotidianidad interna, las diferencias ideológicas y las inculpaciones entre unos y otros.

Pero ambos episodios parecieran desconectarse de la realidad inminente que se vive en Israel y en el Medio Oriente.  Gadi Eisenkot es el candidato y el líder de un partido y quizás de un bloque de oposición a Netanyahu y el campo que lidera y representa por razones que nada tienen que ver con su ascendencia familiar. Eisenkot y su grupo están en desacuerdo con la política de Netanyahu en el manejo de conflicto bélico, no se sienten cómodos con la forma en la cual se maneja la actual administración israelí. Tiene posición respecto a la polémica ley de conscripción militar y una cantidad más de asuntos que nada tienen que ver el tema de la discriminación bastante superada en una sociedad israelí que ya es bastante madura al respecto, aunque se detecten aquí y allá vestigios de posturas inaceptables por lo equivocadas y contraproducentes.

Donald Trump se percibe como un amigo de Benjamín Netanyahu. Hay quienes dicen que el primer ministro en funciones hubiera sido un republicano ejemplar y exitoso de haber sido americano y político. No es un secreto que Netanyahu ha sido el denunciante histórico y veraz de Irán y sus intenciones. Una especie de conciencia que ha advertido por décadas los peligros que representa Irán y sus programas, el nuclear y es de sus proxis, para Israel y para el mundo. Pero el enfrentamiento de Irán no es con Bibi, es con Israel no importa quien sea su primer ministro. Es con los Estados Unidos, no importa quien sea su presidente. Lo que ha ocurrido el 28 de febrero de 2026, con el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, ocurriría de manera semejante de darse las circunstancias no importa quienes estuvieran al frente de Estados Unidos e Israel. Por triste y lamentable que esto sea.

Las elecciones de Israel serán el 27 de octubre de 2026. Las encuestas no arrojan un resultado claro, lo cual augura una semana de intensa y agresiva actividad de todos los participantes, con descalificaciones y malos ratos por doquier. Probablemente otra intervención de Donald Trump respecto al proceso electoral. Es la semana final, pero no el final.

Las negociaciones para formar coalición se vislumbran complicadas y tensas, a no ser que ocurra una avalancha inesperada a favor de algún bloque y cunda el sentido común entre quienes hayan de formar una eventual coalición. Una segunda jornada electoral parece muy probable. Haya coalición o no haya, haya o no haya una segunda vuelta, la posición de Irán y los demás frentes bélicos que están activos seguirán así: en contra de Israel no importa quienes gobiernen.

Es una semana final que anticipa volver a lo mismo, o seguir en lo mismo. Es lo mismo.-

Elías Farache S.

18 de octubre de 2026

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