El Señor y María nos sonríen, bendicen y cuidan.
Domingo 6 de septiembre 2026
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario
El Evangelio de hoy (Mateo 18, 15-20) nos comunica que Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso,
díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.
PALABRA DEL SEÑOR.
Gloria a ti, Señor Jesús.
-En el Evangelio, Jesús nos dice que la corrección fraterna es como medicina de comunidad.
-Primero a solas, después con testigos, luego en la comunidad. Tres niveles que demuestran un proceso paciente y lleno de bondad. La corrección no es juicio ni humillación pública, sino pedagogía del amor.
Y cuando dos o tres se reúnen en su nombre, la comunidad se convierte en espacio de encuentro donde Cristo mismo está presente como garante de reconciliación.
Amar no significa mirar hacia otro lado cuando el hermano se equivoca. Tampoco es gritar desde las redes sociales.
Amar corrigiendo significa tener el valor de decir lo necesario, con la delicadeza adecuada. La indiferencia es más peligrosa que el error. Quien ama se implica. Quien ama se arriesga a incomodar.
La liturgia nos invita a vivir la Misa como un taller de amor en comunidad.
El saludo de paz, el Padre Nuestro, la Comunión nos recuerdan que no podemos acercarnos a Dios aislados, sino reconciliados con los demás.
Abrazos y bendiciones
D. Lahuerta SJ.


