La Universidad Central de Venezuela (UCV) trasciende su función como casa de estudios; es el espejo donde se refleja el devenir de la nación desde hace más de tres siglos. Al conmemorar 304 años de historia, la «Casa que vence la sombra» reafirma su compromiso con el país, custodiando un legado que precede a la propia República y que se proyecta al futuro desde su sede, la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC), reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Las raíces: de la semilla colonial a la Real Cédula
El profesor Alberto Navas, cronista de la universidad, sitúa el origen de la vida académica mucho antes de lo que se suele creer. Según explica, la semilla se plantó en 1592, cuando Caracas apenas cumplía dos décadas de fundada. Fue el procurador Simón Bolívar, antepasado del Libertador, quien viajó a Madrid para gestionar los permisos de un colegio seminario. Aunque la falta de recursos y desastres naturales —como el terremoto de San Bernabé— frenaron el proyecto inicial, la voluntad de saber permaneció intacta.
El punto de inflexión llegó el 22 de diciembre de 1721 con la Real Cédula de Felipe V, que elevó el Seminario de Santa Rosa al rango de Real y Pontificia Universidad de Caracas. Este hito permitió que la juventud venezolana dejara de depender de las instituciones de México, Santo Domingo o Bogotá. «La universidad evitó que nuestros jóvenes tuvieran que emprender viajes peligrosos y costosos para certificar sus conocimientos», señala Navas.
Bolívar, Vargas y el nacimiento de la autonomía
Para el Cronista, la UCV y la República son dos caras de una misma moneda. Destaca especialmente los Estatutos Republicanos de 1827, redactados por Simón Bolívar y el Dr. José María Vargas. En ese momento, la institución rompió sus amarras coloniales: se eliminó la discriminación racial y religiosa en el ingreso, y el Libertador sentó las bases de la autonomía financiera mediante la donación de haciendas de su propiedad.
Siglos de asfixia y resistencia
No obstante, la trayectoria de la UCV también ha sido una crónica de resistencia frente al autoritarismo. Navas identifica una línea de agresiones que comenzó con Domingo Monteverde en la Independencia y continuó con Antonio Guzmán Blanco, quien, pese a ser egresado de la casa, suprimió su libertad administrativa. Posteriormente, la dictadura de Juan Vicente Gómez mantuvo el recinto clausurado por un largo periodo, y décadas más tarde, durante el primer mandato de Rafael Caldera, una nueva intervención derivó en un cierre institucional de casi dos años.
Uno de los golpes más severos fue asestado por Guzmán Blanco, quien sometió a remate las tierras y haciendas de cacao otorgadas por Bolívar en 1827. Esta subasta, presuntamente aprovechada por testaferros del general, despojó a la universidad de su independencia económica, subordinándola desde entonces al presupuesto estatal.
El renacimiento y el legado arquitectónico
Pese a los periodos de asfixia, la UCV ha fungido como epicentro de la reserva moral del país. Navas relata cómo, tras la era gomezista, el rector Antonio José Castillo recuperó la mística institucional. Castillo no solo fue el artífice de la restitución de los actos de grado, sino también el autor del concepto intelectual de lo que debía ser la Ciudad Universitaria, contratando años más tarde a Carlos Raúl Villanueva para materializar la joya arquitectónica que hoy conocemos.
Vanguardia democrática
Esa valentía académica se desbordó a las calles el 21 de noviembre de 1957. El levantamiento de los estudiantes de la UCV, en alianza con jóvenes de la Universidad Católica y liceos icónicos, marcó el primer gran hito de resistencia contra el régimen de Marcos Pérez Jiménez. Aquella gesta, preludio de la caída de la dictadura, es la razón por la cual hoy se celebra el Día del Estudiante Universitario.
Finalmente, el profesor Navas subraya la magnitud de la impronta ucevista: por sus aulas han transitado 24 presidentes de la República y las mentes más brillantes de la ciencia y las humanidades en Venezuela.-
-El Impulso


