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El Papa

Urbi et Orbi: El Papa convoca una vigilia de oración por la paz el próximo sábado

RCL
Last updated: abril 5, 2026 11:10 am
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Published: abril 5, 2026
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El Papa anunció este domingo, tras celebrar la Misa de la Pascua de Resurrección, la convocatoria de una vigilia de oración por la paz que, según dijo, se celebrará el próximo sábado 11 de abril en la Basílica de San Pedro.

Contents
Recuerdo cariñoso del Papa Francisco«La fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta»No podemos resignarnos al mal

Durante su mensaje antes de impartir la bendición «Urbi et Orbi» (a la ciudad y al mundo), el Papa hizo un llamamiento explícito a la conversión del corazón y a la paz inspirada en Cristo. «¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón!», exhortó.

Asomado al balcón central de la Basílica de San Pedro, el Pontífice animó asimismo a vivir la Pascua como un tiempo de reconciliación, dejando atrás enfrentamientos y ambiciones personales.

«En este día de fiesta, dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder, e imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal», aseveró.

Recordó además que la paz cristiana no se limita a la ausencia de violencia armada ni simplemente a “silenciar las armas» sino que «toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros».

En este contexto, el Santo Padre lanzó un firme llamamiento dirigido a los responsables políticos y militares: «¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz!».

Al lado del Papa se encontraba el Cardenal albanés Ernest Simoni, considerado un mártir vivo de la cruenta persecución comunista en Albania durante la era de Enver Hoxha, de 97 años. Como ya hizo el día de Navidad, el 25 de diciembre, el Pontífice dirigió los saludos de Pascua en varios de idiomas, entre ellos chino, árabe, español y portugués.

Tras la bendición Urbi et Orbi, que el Papa imparte dos veces al año —al final de la Semana Santa y en Navidad—, el Pontífice reafirmó su deseo de una paz que no esté «impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo». «No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo», manifestó ante más de 50.000 fieles.

El Papa impartió la bendición apostólica "Urbi et Orbi". Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News
El Papa impartió la bendición apostólica «Urbi et Orbi». Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News

A diferencia de años anteriores, en los que el Papa Francisco solía enumerar los conflictos abiertos en el mundo durante esta bendición, el Pontífice ha optado por un estilo sobrio y de perfil bajo, evitando mencionar guerras o líderes concretos.

No obstante, León XIV advirtió contra el riesgo de la indiferencia ante el sufrimiento humano. «Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos», denunció.

Recuerdo cariñoso del Papa Francisco

El Papa alertó también de una creciente «globalización de la indiferencia», retomando una expresión frecuente del Papa Francisco, a quien recordó con afecto. «Hace justo un año, desde esta logia, dirigió al mundo sus últimas palabras, recordándonos: ‘Cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo'», citó, en referencia al mensaje Urbi et Orbi del 20 de abril de 2025, un día antes del fallecimiento del Pontífice argentino.

El Papa explicó también el significado de la Pascua, que definió como una «victoria» de la vida sobre la muerte y del amor sobre el odio, al señalar que desde hace siglos «la Iglesia canta con júbilo el acontecimiento que es el origen y el fundamento de su fe».

«La fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta»

«Esta fuerza, este poder, es Dios mismo, Amor que crea y engendra, Amor fiel hasta el final, Amor que perdona y redime», afirmó.

Asimismo, subrayó que «la fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta». La comparó «a la de un grano de trigo que, al marchitarse en la tierra, crece, se abre paso entre los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada», y la relacionó con el corazón humano que, herido por una ofensa, «rechaza el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido».

Jesús —remarcó— «recorrió hasta el final el camino del diálogo, no sólo con las palabras, sino con los hechos: para encontrarnos a nosotros, los perdidos, se hizo carne; para liberarnos a nosotros, los esclavos, se hizo esclavo; para darnos vida a nosotros, los mortales, se dejó morir a manos de sus verdugos en la cruz».

Ante la Resurrección de Cristo, que el Papa definió como «el comienzo de la nueva humanidad», León XIV describió las distintas actitudes posibles ante el sepulcro vacío. «Podemos llenarnos de esperanza y asombro, como los discípulos, o de miedo, como los guardias y los fariseos, obligados a recurrir a la mentira y al engaño para no reconocer que aquel que había sido condenado verdaderamente ha resucitado», afirmó.

No podemos resignarnos al mal

«Todos tenemos miedo a la muerte y, por miedo, volteamos hacia otro lado, preferimos no mirar. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal!», advirtió.

Por último, citó a san Agustín, quien enseña en uno de sus sermones: «Si el morir te causa espanto, ama la resurrección». Y animó a los fieles a amar la Resurrección, «que nos recuerda que el mal no tiene la última palabra, porque ha sido vencido por el Resucitado».

Con esta bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo), León XIV concluyó su primera Semana Santa como Papa. En 2025, este acto significó la última aparición del Papa Francisco, un día antes de su muerte el 21 de abril.-

Victoria Cardiel

Victoria Cardiel/Aciprensa

El Papa pronuncia la homilía en el Domingo de Pascua de Resurrección

TEXTO COMPLETO: Homilía del Papa León XIV durante la Misa de Pascua de Resurreción

El Papa León XIV presidió este domingo la Misa de Pascua en la Plaza de San Pedro, ante cientos de fieles llegados de todas las partes del mundo. Lea aquí la homilía completa:

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy toda la creación resplandece con una luz nueva, desde la tierra se eleva un canto de alabanza y nuestro corazón exulta de alegría: ¡Cristo ha resucitado de entre los muertos y, con Él, también nosotros resucitamos a una vida nueva!

Este anuncio pascual abraza el misterio de nuestra vida y el destino de la historia, y nos alcanza hasta en los abismos de la muerte, por los cuales nos sentimos amenazados y a veces abrumados. Nos abre a la esperanza que no desfallece, a la luz que no se apaga, a esa plenitud de alegría que nada puede borrar: ¡la muerte ha sido vencida para siempre, la muerte ya no tiene poder sobre nosotros!

Este es un mensaje que no siempre es fácil de acoger, una promesa que nos cuesta aceptar, porque el poder de la muerte nos amenaza siempre, dentro y fuera.

Dentro de nosotros, cuando el lastre de nuestros pecados nos impide alzar el vuelo; cuando las decepciones o la soledad que experimentamos agotan nuestras esperanzas; cuando las preocupaciones o los resentimientos sofocan la alegría de vivir; cuando sentimos tristeza o cansancio; cuando nos sentimos traicionados o rechazados; cuando tenemos que hacer frente a nuestra debilidad, al sufrimiento, al cansancio de cada día, entonces nos parece haber caído en un túnel del que no vemos la salida.

Pero también fuera de nosotros, la muerte siempre acecha. La vemos presente en las injusticias, en los egoísmos partidistas, en la opresión de los pobres, en la escasa atención hacia los más frágiles.

La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye.

En esta realidad, la Pascua del Señor nos invita a levantar la mirada y a ensanchar el corazón. Ella sigue alimentando en nuestro espíritu y en el camino de la historia la semilla de la victoria prometida. Nos pone en movimiento como a María Magdalena y como a los Apóstoles, para hacernos descubrir que el sepulcro de Jesús está vacío, y, por tanto, en cada muerte que experimentamos hay también espacio para una nueva vida que surge.

El Señor está vivo y permanece con nosotros. A través de resquicios de resurrección que se abren paso en la oscuridad, Él entrega nuestro corazón a la esperanza que nos sostiene: el poder de la muerte no es el destino último de nuestra vida.

Estamos orientados de una vez y para siempre hacia la plenitud, porque en Cristo resucitado también nosotros hemos resucitado.

Así nos lo recordaba con palabras conmovedoras el Papa Francisco, en su primera Exhortación apostólica, Evangelii gaudium, afirmando que la resurrección de Cristo «no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo.

Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Es verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto» (n. 276).

Hermanos y hermanas, la Pascua del Señor nos da esta esperanza, recordándonos que en Cristo resucitado una nueva creación es posible cada día. Así nos lo dice el Evangelio proclamado hoy, que sitúa el acontecimiento de la resurrección de manera precisa: «El primer día de la semana» (Jn 20,1). El día de la resurrección de Cristo nos remite así a la creación, a aquel primer día en el que Dios creó el mundo, y nos anuncia, al mismo tiempo, que una vida nueva, más fuerte que la muerte, está ahora brotando para la humanidad.

La Pascua es la nueva creación obrada por el Señor Resucitado, es un nuevo comienzo, es la vida finalmente hecha eterna por la victoria de Dios sobre el antiguo adversario.

Hoy necesitamos este canto de esperanza. Y somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo. Corramos, pues, como María Magdalena, anunciémoslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegría de la resurrección, para que allí donde aún se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida.

Que Cristo, nuestra Pascua, nos bendiga y conceda su paz al mundo entero.-

Papa León XIV

Papa León XIV

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