Luisa Pernalete:
Recuerdo muy bien lo que el padre Arturo Sosa SJ, Padre general de los jesuitas, advirtió, pocos días después de los terremotos del 24 de junio: “Cuando ya Venezuela no sea noticia en las redes internacionales, se va a seguir necesitando la solidaridad para los afectados por los terremotos”.
Mucha razón tenía el Padre General. A rest meses de ese doble sismo, aún no sabemos exactamente cuantas víctimas mortales hubo, ni cuanta gente ha quedado sin hogar, ni cuántos niños quedaron sin padres, cuántos padres quedaron sin hijos, cuántas personas han sufrido amputaciones… De paso, hay la sensación de la que poco se habla, que se pudo haber evitado, no los terremotos, pero si la gravedad de las consecuencias si en este país se tuvieran normas adecuadas para las construcciones y se hubiera hecho caso a los expertos que dijeron que hay terrenos en los que no se ha debido construir.
La situación de las zonas más afectadas sigue, siendo lamentable: carestía del agua, población en alojamientos temporales, estancamiento en la actividad económica, escombros sin recoger en muchas partes que está entre otras cosas, afectando la salud de los que están cerca. Añadamos que hubo población de los que quedaron sin hogar, que se les ubicó temporalmente en escuelas, ahora con el comienzo del año escolar, habrán tenido que desalojar las mismas.
Susana Raffalli, que ha estado en muchos lugares en donde ha habido desastres, y coopera con Cáritas, declaro al canal DW, que en la Guaira se necesitan donaciones de alimentos no perecederos, así como de medicinas, así como de filtros y pastillas para potabilizar el agua. También dijo que habían disminuido las ayudas.
Lila Vanorio, coordinadora de comunicaciones de la Cruz Roja Venezolana, también en declaraciones al canal alemán, dijo que la disminución de ayudas después de un tiempo en suceden desastres como los terremotos, suele pasar, y subrayó que además de las ayudas humanitarias de organizaciones, son muy importantes esas pequeñas ayudas de los ciudadanos.
Hay que tomar en cuenta también que además de la reconstrucción de edificaciones derrumbadas, están también las consecuencias en la salud mental, no sólo de los habitantes de las zonas afectadas, sino de muchas personas que han quedado con miedos, angustia, recordemos que además ha habido réplicas en muchos lugares.
PROVEA está pidiendo datos oficiales actualizados. Los últimos que tenemos son los que reportan 6.509 víctimas mortales, según información oficial dada el 25 de agosto, pero la plataforma Desaparecidos Terremotos Venezuela, habla de casi 30 mil desaparecidos sin localizar. Claro, no se puede traducir que desaparecido sin localizar equivale a víctimas mortales.
En cuanto a lo necesario para reconstruir todo lo afectado, según datos de la ONU con ayuda del gobierno nacional, harán falta 21.000 millones dólares para la reconstrucción.
Ni usted ni yo tenemos capacidad de decisión ni recursos para esas necesidades globales, pero si podemos cooperar desde nuestras comunidades, podemos acercarnos a las parroquias católicas que tienen relación con Cáritas, organización que no ha dejado de ayudar, así como acercarnos a instituciones como Fe y Alegría que ha estado atendiendo a familias de alumnos afectados, familias del personal que también han sido afectados. No se trata sólo de donar, aunque sea en pocas cantidades, de alimentos no perecederos, medicinas, objetos de higiene personal, también se pueden hacer donaciones en efectivo a organizaciones que han seguido yendo a las zonas afectadas. Una información que puede ser útil, y disculpen si suena a propaganda, pero hay sectores empresariales, casas comerciales, como la red de Farmatodo, que han hecho alianza con Cáritas y uno puede donar desde un dólar en esas farmacias. También Banesco, por ejemplo, está cooperando con organizaciones que ayudan a los damnificados.
También debemos, como ciudadanos, exigir a las autoridades que cumplan con sus obligaciones y agilicen la construcción de escuelas que se cayeron, reparen las escuelas que requieren reparaciones.
Los que viven en las zonas afectadas o cerca, estar pendientes de los lugares temporales de refugio de los que quedaron sin hogar. No pueden ser olvidados.
Conviene desarrollar la empatía: ponernos en el lugar de esos hermanos damnificados. La solidaridad no puede terminar todavía.-
26/09/26


