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Testimonios

Xu Qinxian, el militar chino que se negó a ejecutar la masacre de Tiananmen

RCL
Last updated: junio 5, 2026 11:15 am
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Published: junio 5, 2026
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ABC.es:

Contents
Pulso al régimen«Me niego»Hong Kong: de la vigilia multitudinaria al «festival gastronómico patriótico»

Hay un día al año en el que el silencio en China se diría un poco más espeso. Este no es otro que este jueves, 4 de junio, aniversario de la matanza de Tiananmen. Tal día como hoy, en 1989, el Partido Comunista Chino (PCCh) lanzó al Ejército contra su población para acallar por la fuerza las multitudinarias protestas que reclamaban liberalización política.

Un episodio que el régimen ha erradicado de la memoria colectiva por representar la más sangrante evidencia de su falta de legitimidad. Claro que, donde hay tragedia, hay héroes. Incluso dentro del propio régimen.

No es casualidad, por tanto, que el olvido impuesto oculte también la historia de Xu Qinxian. A este hijo de frutero el arrojo le había caracterizado desde la infancia. Por eso, siendo todavía menor de edad, se alistó como voluntario para la guerra de Corea. Sin embargo, su mayor acto de valentía no fue tomar las armas sino todo lo contrario: Xu dijo que no.

El general del 38 Grupo del Ejército, responsable de una unidad clave acantonada a las afueras de Pekín, desobedeció las órdenes directas de sus superiores y se negó a marchar con sus soldados hacia la capital. Le preocupaba, diría después, «el potencial de un conflicto a gran escala y un baño de sangre», y no quería «pasar a la historia como un pecador».

Ahora bien: el silencio del autoritarismo tiene fisuras. Por alguna de ellas se filtró la dignidad ética de su negativa, inmortalizada en la grabación de su testimonio ante un consejo de guerra. El archivo, de seis horas de duración, fue difundido el pasado mes de noviembre sin que su fuente haya trascendido.

El intercambio ofrece un retrato de las herméticas interioridades del aparato en sus derivas más represivas y, ante ellas, la luminosa entereza moral de Xu. Queda así confirmada la veracidad de un episodio que nunca había estado del todo claro. El experto Wu Renhua, uno de los primeros en compartirlo, corroboró que los detalles mencionados encajan con sus pesquisas anteriores, y lo calificó como «el archivo más importante que me he encontrado en mis tres décadas de investigación». Una de las versiones disponibles en Youtube acumula más de 1,6 millones de visualizaciones.

Pulso al régimen

Las movilizaciones comenzaron el 16 de abril, tras el fallecimiento del ex secretario general Hu Yaobang, considerado un reformista. El duelo pronto adquirió carácter reivindicativo, con múltiples marchas y sentadas. El 26, la prensa oficial emitió al dictado del primer ministro Li Peng –a la postre conocido como «el carnicero de Tiananmen»– un duro editorial que caracterizaba las protestas en términos amenazantes. La movilización se disparó.

Pese a la «insurgencia burocrática» del secretario general Zhao Ziyang para facilitar la negociación, los estudiantes quedaron atrapados por la dinámica radical del movimiento y, a su vez, sus exigencias dejaron sin margen de actuación al frente reformista. La ocupación de la plaza y la huelga de hambre del 14 de mayo disiparon cualquier posibilidad y los acontecimientos se aceleraron.

El 17 de mayo, el líder supremo Deng Xiaoping convocó una reunión privada para declarar la ley marcial. El 18, Zhao dimitió y en la madrugada del 19 acudió a la plaza donde, emocionado, pronunció el último discurso público de su vida, la inaudita disculpa de un líder comunista.

Xu, que había seguido el devenir de la situación desde el hospital a causa de unas piedras en el riñón, se reincorporó a su puesto por aquel entonces. Ese mismo 18 de mayo recibió la instrucción de movilizar a sus 15.000 hombres hacia Pekín para imponer la ley marcial. «Dije que tenía una opinión diferente sobre este asunto», recordaría ante el tribunal. «Dije que se trataba de un incidente político y que debía resolverse principalmente por medios políticos». En resumen: no.

«Me niego»

Las presiones para hacerle cambiar de opinión fueron en vano, y Xu fue apartado de inmediato. El 20 de mayo, las tropas del Ejército Popular de Liberación entraron en la capital china, pero los ciudadanos les recibieron con barricadas humanas a modo de resistencia cívica. Este lance dejó conmovedoras estampas, como los manifestantes proporcionando alimentos y agua a los militares. Tras cuatro días de bloqueo, el régimen ordenó la retirada.

Hong Kong: de la vigilia multitudinaria al «festival gastronómico patriótico»

Nada como el recuerdo de la matanza de Tiananmen simbolizaba la diferencia entre Hong Kong y el resto de China. No resulta extraño, por tanto, que el fin de los derechos y libertades en Hong Kong tras la imposición de la Ley de Seguridad Nacional acabara también con la multitudinaria vigilia anual celebrada cada 4 de junio en el parque Victoria. En 2020 y en 2021 las autoridades emplearon la pandemia como excusa, y en años posteriores el intenso despliegue policial no hizo necesarias excusas. En esta ocasión, como en los últimos cuatro años, el parque acogerá un «festival gastronómico patriótico».

El desafío de Xu acrecentó la inquietud en el seno del PCCh sobre una posible rebelión militar y asentó la noción de que los estudiantes representaban una amenaza que debía ser eliminada. La reputación del 38 Grupo estaba en juego, así que la unidad de élite, sin su general, supuso la punta de lanza de la ofensiva definitiva en la noche del 3 al 4 de junio, tomando Pekín desde el oeste y abriendo fuego contra la población a su paso. El número total de muertos forma parte del misterio. Los cálculos más creíbles estiman entre 1.000 y 3.000 muertos.

«A lo largo de su historia el Ejército Popular de Liberación nunca ha sido utilizado para reprimir al pueblo, ¡me niego rotundamente a mancillar ese legado!»

¿Y Xu? En enero de 1990 fue detenido formalmente y, poco después, sometido a dicho tribunal militar. «A lo largo de su historia el Ejército Popular de Liberación nunca ha sido utilizado para reprimir al pueblo, ¡me niego rotundamente a mancillar ese legado!», exclamó durante el interrogatorio. Xu fue expulsado del PCCh y sentenciado a cinco años de cárcel. Pasó el resto de su vida bajo vigilancia fuera de Pekín, en la vecina ciudad de Shijiazhuang, y en 2021 falleció a los 85 años. Nunca se arrepintió de su decisión.-

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