Julio: pura esencia y decencia
Si algo quisiera destacar de Julio era su sentido de la amistad, su honestidad personal, su valentía a toda prueba y su consecuencia con los principios e ideario democristianos. Su preocupación por el destino del país era genuina y le tomaba prácticamente todo el tiempo y sus más angustiadas reflexiones

Macky Arenas/Encuentro Humanista:
Muchas personas honran con sus escritos sobre Julio César Moreno esta entrega especial de Encuentro Humanista. Yo agregaré unas líneas, a modo de homenaje a un querido amigo.
Ya perdí la cuenta de los años que hace que conocí a Julio. Tanto, que no sabría precisar en qué momento alguien me lo presentó. Pero mi primer y extenso contacto con él fue durante la campaña de Abdón Vivas Terán para llegar a la Secretaría general del partido Copei. El más fuerte competidor era Eduardo Fernández, quien resultó ganador. Un buen día, Julio, antes de la elección, me dijo: “Vamos a visitar a Eduardo en su comando de campaña. Lo cortés no quita lo valiente. Aquí todos somos copeyanos y debemos conversar antes y después”. Eso habla de la excelente calidad humana y política de Julio.
En esa campaña nos tocó fuerte pues recorrimos toda la geografía física del país y aquilatamos la geografía humana, pueblo por pueblo. Era mi primera vez, pero para los demás, que ya eran dirigentes experimentados, era otra campaña. En los vuelos, en las tarimas de los mítines y detrás de ellas, en los pocos descansos entre comidas y reuniones, pude hablar mucho con Julio y constaté su buena condición dirigencial aparte de su entrega a la causa que lo animara, cualquiera fuera ella. Surgió una amistad que duró hasta el día en que se fue…
En más de una oportunidad – de esas que ponen en peligro la vida de la gente por sus ideas o posturas políticas- me llamaba: “Macky, hay que ayudar a este u otro amigo”. Y yo me involucraba encantada, a veces sin preguntar, porque sabía que si él así lo consideraba era porque había lógica, justicia y verdad en aquello. Yo ni siquiera calculaba los riesgos y, les aseguro, más de una vez los hubo. Mi confianza en él era a prueba de todo.
Siendo embajador en Chile y viviendo allá una de mis hermanas con su familia, los presenté y ella quedó muy impresionada con él, con su manera de ser y su conversación. Creo que varias veces, con la agradable Maru, su compañera y cómplice, se visitaron y mi familia sufrió gran impacto cuando los llamé para dar la noticia de su muerte.
Yo estaba llegando de Roma y traía una virosis muy fuerte. Me recomendaron que no fuera a la clínica a verlo. Eso me entristeció pero de consuelo me sirvió que José Antonio Rodríguez, quien sí estuvo con él momentos antes de su deceso, hizo bromas cuando Julio le preguntó si yo ya había llegado de viaje. José Antonio le contestó una de esas locuras que a veces dice y fue divertido pues, a costillas mías, me contó que Julio rio de buena gana. Fue una manera, después de todo, de poder acompañarlo en sus últimas horas.
Por eso, si algo quisiera destacar de Julio era su sentido de la amistad, su honestidad personal, su valentía a toda prueba y su consecuencia con los principios e ideario democristianos. Su preocupación por el destino del país era genuina y le tomaba prácticamente todo el tiempo y sus más angustiadas reflexiones.
Debatía, y lo hacía con tanta pasión que por ratos le traía problemas con sus interlocutores quienes nos veíamos envueltos en agrias discusiones. En casa, donde nos reuníamos con gran frecuencia para intercambiar criterios sobre Encuentro Humanista, ocurrieron varios de esos episodios. No obstante, todo amainaba y la amistad y camaradería, lejos de sufrir, resultaban apuntaladas. Parecía como si esos encontronazos más bien fueran necesarios para derivar en relaciones más firmes. No conozco a nadie, ni siquiera quienes por etapas fueron sus contrincantes políticos, que no quisiera sinceramente a Julio, lo respetara como dirigente y reconociera en su liderazgo, la esencia de nuestros valores.
Eso era Julio, pura esencia y decencia. Pura nobleza. Pura solidaridad. Pura integridad. Puro amigo para siempre porque, para nosotros los creyentes, la muerte no tiene la última palabra.-




