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Estados Unidos sopesa un compromiso con Venezuela, una base rusa en el patio trasero de Estados Unidos

La reanudación de las conversaciones con México fue una petición clave de la delegación estadounidense que visitó Caracas. Pero la oposición sigue tan fracturada que el progreso del diálogo, sin conversaciones directas con Estados Unidos, sería lento

Anthony Faiola – The Washington Post:

Ante la conflagración en Europa del Este tras la invasión rusa de Ucrania, el gobierno de Biden ha redoblado sus esfuerzos para apagar incendios en otros lugares, buscando acelerar un acuerdo nuclear con Irán y aliviar las tensas relaciones con Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.

Pero el acercamiento más receptivo de Washington se está desarrollando a trompicones más cerca de casa, en un país que el Kremlin ha intentado convertir en su satélite más lejano: la autoritaria Venezuela.

Importantes funcionarios estadounidenses celebraron este mes la reunión de mayor nivel con el presidente venezolano Nicolás Maduro en años. La sesión con Maduro, su influyente primera dama Cilia Flores y un pequeño número de otros lugartenientes de alto nivel fue descrita por varias personas familiarizadas con el encuentro como «cordial», y exitosa en el establecimiento de una relación personal. A pesar de los esfuerzos de la Casa Blanca por restar importancia a la reunión tras la reacción de los críticos de Maduro -en particular el poderoso senador demócrata por Nueva Jersey, Robert Menéndez- las líneas de comunicación entre Caracas y Washington siguen «abiertas», dicen estas personas. Hablaron bajo condición de anonimato para discutir información sensible.

Se había hablado de una reunión de seguimiento, pero la administración parece estar sopesando los pros y los contras de nuevas conversaciones directas.

Antes era impensable incluso considerar un diálogo de este tipo. La administración Trump había cortejado al despiadado líder norcoreano Kim Jong Un. En cambio, lanzó una campaña de «máxima presión» contra Maduro, una figura ampliamente denostada por la diáspora venezolana y cubana en Estados Unidos. La línea dura de Trump fue un regalo para los republicanos de Florida, que obtuvieron ganancias sustanciales en el condado de Miami-Dade, con gran presencia de exiliados, y ganaron Florida, si no las elecciones de 2020. Las sanciones de Estados Unidos sobre el crudo venezolano devastaron la industria petrolera de la nación de la OPEP, que ya estaba en problemas. Estados Unidos cerró su embajada en Caracas. Se interrumpieron los vuelos directos entre Estados Unidos y Venezuela. El Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a Maduro de narcotráfico.

La administración Trump respaldó al opositor Juan Guaidó como líder legítimo del país y predijo la inminente caída de Maduro. Nada de eso funcionó. El apoyo a Guaidó se desmoronó en su propio país. La oposición de Maduro, siempre fracturada, ha  quedado reducida al mantenimiento de luchas intestinas. Algunos observadores consideran  que el gobierno interino de Guaidó se destruirá antes de fin de año. El control de Maduro del poder, mientras tanto, sólo se ha fortalecido, junto con la presencia de Rusia en Venezuela.

Un posible cambio en la política de Biden nunca se materializó, ya que los observadores consideraron que la administración era fatalmente indecisa o excesivamente cautelosa, deseosa de no alienar a Menéndez, así como a un nicho clave de votantes de Florida.

Entra en escena entonces la invasión de Ucrania por parte de Moscú, el aumento de los precios mundiales del petróleo y el desenmascaramiento del presidente ruso Vladimir Putin como una amenaza existencial. La mencionada visita este mes de una delegación estadounidense que incluía a Juan González, director del Consejo de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental, y al embajador de Estados Unidos en Venezuela, James Story, permitió la liberación de dos ciudadanos estadounidenses, entre ellos un antiguo ejecutivo de Citgo, que en su día formó parte de la petrolera estatal venezolana. La libertad de un tercer estadounidense -un ex marine que los funcionarios venezolanos insisten en que es un agente estadounidense encubierto- estuvo a punto de producirse, pero no ocurrió.

En Washington, la narrativa de la visita se ha centrado en gran medida en el petróleo: la posibilidad de suavizar las sanciones de Estados Unidos, y acuerdos creativos que permitirían a las empresas occidentales, incluida la californiana Chevron, volver a entrar. Pero la industria petrolera venezolana se encuentra en una situación desesperada, con una infraestructura deficiente que requeriría miles de millones de dólares de inversión para mejorarla, además de meses para aumentar significativamente la producción. Un acuerdo podría tener un impacto psicológico en los mercados. Pero incluso las estimaciones más generosas sugieren que Caracas sólo podría llegar a un 15% de la producción actual de Arabia Saudí a medio plazo. En resumen, es poco probable que Venezuela sea un factor masivo en la reducción de los precios de la gasolina en los surtidores estadounidenses.

Pero el acercamiento estadounidense también tiene que ver con la geopolítica y contrarrestar la ya profunda alianza ruso-venezolana.

Esa alianza se basa en acuerdos petroleros. Pero viene acompañada de una cooperación militar que debería preocupar a Washington. Entre 2006 y 2013, cuando el predecesor de Maduro, Hugo Chávez, murió de cáncer, Venezuela compró casi 4.000 millones de dólares en equipo militar ruso. A finales de 2018, dos bombarderos rusos Tu-160 con capacidad nuclear y de largo alcance llegaron bajo un cielo soleado al aeropuerto internacional de Maiquetía, en las afueras de Caracas, y fueron recibidos por altos oficiales militares venezolanos que saludaron y estrecharon la mano de los pilotos. Los rusos participaron posteriormente en ejercicios conjuntos. Un año después, Moscú envió a Venezuela decenas de militares rusos y toneladas de equipo.

La administración norteamericana se ha reído públicamente de las insinuaciones de Moscú de que  aumentará la cooperación militar con Caracas tras la invasión. El ejército ruso está ahora tan extendido en Ucrania que una repetición de la crisis de los misiles cubanos de 1962 en Venezuela parece improbable. Pero eso no significa que Estados Unidos no pueda mantener a Moscú preocupado sobre su red de alianzas, particularmente en América Latina. El gobierno de Maduro fue sorprendido por la invasión rusa de Ucrania, temiendo que Washington pudiera utilizar algún día el argumento de «en mi patio trasero no» contra Caracas. Tras la visita de la delegación estadounidense este mes, Moscú se alarmó lo suficiente como para convocar a la número dos de Maduro, Delcy Rodríguez, a una reunión en Turquía para revisar su alianza estratégica.

El gobierno venezolano, según dos personas familiarizadas con su pensamiento, está interesado en continuar las conversaciones directas. Pero los críticos dicen que la administración norteamericana ha gestionado mal su intento de apertura, al no informar a los actores clave sobre la política de Venezuela y dar marcha atrás repentinamente cuando el viaje provocó una reacción fácilmente previsible.

Menéndez, cuyo voto clave querrá la administración para cualquier acuerdo nuclear con Irán, estaba furioso por no haber sido informado previamente. Guaidó, igualmente sorprendido, se enfureció lo suficiente como para enviar una carta personal al presidente Biden.

El problema puede ser, en parte, de secuencia y foro. Menéndez copatrocinó la Ley de la Verdad de 2019, que consagró la búsqueda de una «solución negociada a la crisis de Venezuela» en la legislación estadounidense. Puede que no se oponga necesariamente a suavizar las sanciones de Estados Unidos si Maduro accede a dar pasos concretos hacia la restauración de la democracia, aunque es probable que Menéndez desee avances en el diálogo actualmente estancado en México con la oposición de Maduro. Su mayor queja, de la que se hacen eco otros críticos, es la posibilidad de que Maduro sea recompensado con acuerdos petroleros sólo porque su aliado Putin está causando estragos en Ucrania.

La reanudación de las conversaciones con México fue una petición clave de la delegación estadounidense que visitó Caracas. Pero la oposición sigue tan fracturada que el progreso del diálogo, sin conversaciones directas con Estados Unidos, sería lento. Maduro, por su parte, ha roto una campaña de aislamiento respaldada por Estados Unidos, ganándose ya una postura más suave por parte de la Unión Europea. Con los candidatos presidenciales de izquierda que están señalando una postura aún más suave hacia Caracas liderando las encuestas en Colombia y Brasil, puede ser sólo cuestión de tiempo antes de que Maduro supere completamente dicho aislamiento.

La cuestión para la administración es si está dispuesta a cerrar una puerta que acaba de abrir, y si eso le da a Putin espacio para ampliar su alcance en un país que se encuentra a tres horas de avión de la costa de Florida.

 

Traducción: Marcos Villasmil

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NOTA ORIGINAL:

The Washington Post

 

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