Entrevistas

La Primaria no es para escoger un nombre y más nada, es para escoger un nombre que representa una política compartida

La Primaria no es para escoger un nombre y más nada, es para escoger un nombre que representa una política compartida

 

La oposición venezolana se juega a Rosalinda. El camino es áspero, lleno de zanjas, priva la desconfianza. Los inmediatismos. Los personalismos. De eso habla el exsecretario ejecutivo de la MUD: también de logros, coraje e incluso optimismo. “No se trata de unirnos porque tenemos una candidatura, sino que tenemos una candidatura porque estamos unidos”. No es un juego de palabras. Puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Buen conversador, didáctico, con tantas horas de vuelo en las aulas. Frustrado segunda base de los Cardenales de Lara, aunque el nueve -el que marca los goles- de La Salle de Barquisimeto. Abogado y diputado, autor de una treintena de libros, secretario privado del expresidente Luis Herrera Campíns. Expresidente de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, tan caliente como una reunión política; Ramón Guillermo Aveledo -cuyo apellido proviene de un pueblo gallego de igual nombre, que el abuelo de su abuelo se trajo en un tiempo remoto-, fue también el sobrio, y la vez firme, exsecretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Ponderación, cautela, lenguaje justo y pulcro, cuando, en apariencia, el país elegía por las guarimbas de piedras y palabras. Falló el refrán: lo cortés no quita lo valiente. Hace 9 años -el tiempo en esta pesadilla se consume sin remedio y sin recompensa- dio un paso al lado, sin perder de vista el rumbo de la lucha para recuperar la democracia venezolana. Ya no es manager, ni coach de primera base, pero toma notas desde las gradas de cada lance del juego, porque en Aveledo hay algo de periodista e historiador. “Escribo por necesidad personal”.

“Cuando entre los actores predomina la desconfianza no puedes generar confianza afuera. La oposición debe afrontar eso para convertirse en una coalición verdadera”

                                            RAMÓN GUILLERMO AVELEDO

 

-Es impresionante la cantidad de libros que ha publicado, ¿cómo hace?

-Son más de treinta, del tema político y del tema jurídico y alguna cosa histórica. El año pasado publiqué uno llamado La política y los valores que tenía mucho tiempo pensándolo y pasé dos años escribiéndolo. Es una relectura de los valores, en este caso los valores de un democratacristiano. Desde que dejé el Congreso dispongo de más tiempo. Siempre pienso que este es el último, que solo haré papers e informes, pero ya por ahí viene el centenario de Luis Herrera y es posible hacer algo sobre sus discursos parlamentarios, estuvo en el Congreso del 58 al 78.

-¿Los políticos venezolanos han escrito poco, no es cierto?

-Sí, aunque eso varía. En el comienzo, escribieron mucho los adecos y la gente de izquierda antes y después (Pompeyo, Teodoro, Freddy Muñoz, Moleiro), menos los copeyanos, aunque sí Rafael Caldera, Luis Herrera, una cantidad abismal de artículos, Rodolfo José Cárdenas. Uslar Pietri, la gente cree que solo es literato, tiene mucho ensayo político. En AD, no solo sus poetas y escritores escribieron, Rómulo Betancourt lo hizo mucho en periodismo y en libros. Lo que no hay en el país son memorias, es raro, porque es un género muy frecuente en Estados Unidos, Europa, Inglaterra. En la región está la de Ricardo Lagos y me acaba de llegar la de Andrés Zaldívar (expresidente de la Democracia Cristiana chilena). El general Páez escribió una autobiografía, Enrique Tejera unas memorias, Américo Martín las suyas en varios tomos, interminables, como era él hablando; las memorias de Burelli Rivas se publicaron después de muerto, seguro dejó esa instrucción. Yo le pregunté tanto a Caldera como a Luis Herrera, que tomaba muchas notas de las reuniones de Gabinete, si pensaban escribir sus memorias. Luis Herrera, me miró, dijo ‘¿memorias?’ y arrugó la cara. Caldera me dijo que serían muy fastidiosas. ‘¿Cómo van a ser fastidiosas unas memorias suyas, presidente?’, le dije. ‘Porque, respondió, o uno dice todo lo que sabe y entonces peleas o tienes cuidado y entonces sale muy fastidiosa’. Betancourt dijo siempre que estaba preparando sus memorias y no lo hizo. En Venezuela también se escribe menos, porque la gente lee menos. A algunos de mis libros no les ha ido nada mal, como El Dictador.

-¿No hay memorias porque se dice que somos un país desmemoriado?

-No sé si tiene que ver con eso o con el hecho de que como la gente no se retira, nunca echa su cuento, porque siempre tiene la posibilidad de otra participación. A mí me llama la atención que de las pocas cosas que se ha notado en los últimos años, desde el 98 para acá, es ese interés por la historia. Los libros de Elías Pino Iturrieta, de Inés  Quintero o de Manuel Caballero fueron muy leídos. Hay un sector de la población con afán de comprender, hay interés en los jóvenes por indagar en la historia, por preguntar cosas.

 

“Lo que yo aspiro ahora es que la unidad actual aprenda de la experiencia precedente. En el caso de la Mesa de la Unidad, qué se logró y en qué se pudo haber fallado, para poder corregir”

                                    RAMÓN GUILLERMO AVELEDO

 

-Entremos en la historia que nos ocupa estos días, ¿es lo mismo una candidatura unitaria que la unidad?

-No, no es lo mismo. Es necesaria una candidatura unitaria pero no es lo mismo. No se trata de que nos unamos porque tenemos una candidatura, tenemos una candidatura porque estamos unidos. Ese es el punto. El mecanismo para la escogencia de la candidatura que es la Primaria, me parece lo lógico, considerando el factor de los desacuerdos en torno a eso, porque no se ve a nadie como recibiendo el apoyo general en los partidos y en la población, pero también dada la debilidad de la influencia de los partidos. Lo lógico es el mecanismo de la Primaria. Pero no puede estar sola, debe ir junto con una negociación acerca de la estrategia, del mensaje, de la política que se va a proponer al país. La estrategia es clave, y no quiere decir que sea destapada porque ya bastante ventaja tiene el poder para darle otra, de contarle todo. Para que la gente pueda confiar, para que sea creíble tiene que haber un acuerdo en torno a una propuesta de país. En esa línea, Primero Justicia hizo un congreso programático; Un Nuevo Tiempo hizo también el suyo; Carlos Prosperi presentó su programa de gobierno. Me parece muy bien. Sin embargo, una parte muy importante no es la propuesta de cada uno sino la que juntos van a proponer, porque se supone que al elegir la candidatura unitaria van a coincidir todos con una propuesta de programa común. El Pacto de Puntofijo se arregló con el programa mínimo de gobierno que, independientemente de quién ganara, Betancourt, Larrazábal o Caldera, esas cosas se iban a hacer aunque cada uno buscaba el voto por su cuenta. En Chile hubo un programa común, en Nicaragua con la UNO (Unión Nacional Opositora) hubo candidatura común pero no muchos acuerdos sobre el programa común y eso se notó enseguida en el gobierno de la señora Violeta Chamorro y en los posteriores. La candidatura unitaria debe venir unida de un programa también unitario que es el compromiso que juntos asumen.

-Los discursos de quienes aspiran a la candidatura parecen ir por otro lado, se habla poco de la unidad, ¿cree que los partidos la conciben de otra manera?

-Es posible. Me preocupa el acento en la diferencia. Entiendo que cada quien quiera arrimar la brasa a su sardina, sobre todo cuando no se ve una candidatura con una fuerza claramente predominante y entonces se tiene que llamar la atención sobre su posición. El énfasis en los contrastes puede ser riesgoso para la unidad porque hace falta  encuentro y coincidencias, y que la gente lo note. Para que sea creíble la plataforma unitaria, con p y u minúsculas, porque no me refiero a esa coalición en particular sino a la propuesta, necesita además del elemento personal, que es muy importante, el elemento de mensaje común, que la gente los vea en la misma onda. Veo con más frecuencia cosas como ‘bueno no se puede sacralizar la unidad’, ‘la unidad como un fin en ese mismo’. Eso ya se dijo antes. Una manera de devaluar la unidad posible era hablar de una unidad superior, esta no es, esta es inferior, hay otra superior. Siempre toda política es perfectible, pero lo evidente es que si se prioriza la competencia por sobre la coincidencia, va a ser difícil la credibilidad del mensaje común. Para que los números den tienen que ir juntos. Juntos no quiere decir revueltos, cada quien no debe renunciar a su identidad pero tiene que haber una partitura aunque cada quien la toque en un ritmo diferente. Lo esencial es recuperar la credibilidad, digo recuperar y escojo la palabra con el respeto debido, la credibilidad que tenía la oposición hace un rato, que no es la que tiene ahora, evidentemente ha habido una erosión. Así como el Gobierno subestima su desprestigio internacional y cree que puede parapetear las cosas, creo que la oposición no debe subestimar el desafecto que existe por frustración, por decepción, y debe plantearse eso como un reto a asumir.

-¿Entre esos cuidados que advierte estaría la posibilidad de que quien se haga con la candidatura imponga las condiciones?

-Si eso fuera así sería un camino muy corto al fracaso, porque en la política no hay contratos de adhesión. Para que alguien pueda imponer sus condiciones tiene que tener una ventaja muy grande sobre los otros competidores. Y tampoco es deseable porque si algo hemos aprendido en estos años como venezolanos es el fracaso de la imposición unilateral. Lo que nos ha traído aquí, todos los problemas de empobrecimiento, de deterioro de la vida, no es solo por la superstición ideológica del grupo en el poder, creo que lo que ha fracasado primero que todo es la imposición unilateral, yo tengo el poder y tú te la tienes que calar, esta es ‘una revolución pacífica pero armada’. Ellos (el Gobierno) están buscando quitarse de encima con pragmatismo la cuestión ideológica pero sin embargo no renuncian a la imposición unilateral y la gente no les cree porque la gente tiene desconfianza aquí y afuera. En Venezuela, y repito algo que ya he dicho, sobran las razones para no votar por los que están, pero hacen falta motivos para votar por nosotros, por esta alternativa. Por eso lo de la promesa creíble es tan importante, que la gente sienta otra vez ganas de mirar para la calle.

-Pero además de lo que ha señalado, hay otros peligros en torno al proceso de la Primaria de la oposición.

-La Primaria es un proceso que tiene complejidades. Cuando hablo de peligro me refiero al peligro político general, no de la Primaria, sino de la alternativa opositora. Que tenga resuelto el mecanismo de escogencia de la candidatura es el primer asunto, pero hay que resolver otras cosas. La Primaria no es para escoger un nombre y más nada, es para escoger un nombre que representa una política compartida. La Primaria va a tener por supuesto en sí misma un proceso complejo que tiene que resolver: la organización, de si lo hace o no con el CNE, de cómo se vota, de cómo se hace para promover el Registro Electoral para que más venezolanos participen para votar, cómo hacemos que la gente que está regada por el mundo pueda ejercer su derecho al voto y estar preparados con la mentalidad más abierta. Yo encuentro que en el poder hay mucho interés para que la gente que está en el exterior no vote. Y también comprendo que mucha gente que está en el exterior no quiera votar porque está haciendo su vida. Están tan regados los venezolanos en todas partes que es necesario que los mecanismos de inscripción y de voto sean telemáticos.

“No se le habla al país entero”

¿La propuesta de la MUD tenía puntos flacos?

-La Mesa aprendió de la experiencia de la Coordinadora Democrática y de las experiencias de afuera. Lo que yo aspiro ahora es que la unidad actual aprenda de la experiencia precedente. En el caso de la Mesa de la Unidad, qué se logró y en qué se pudo haber fallado, para poder corregir. El mérito esencial de la MUD fue la recuperación de la vía electoral como política, que el cambio fuera pacífico, constitucional, democrático y electoral. Y suponía en aquel momento un acuerdo que priorizara eso, la gente decía ‘bueno es un acuerdo electoral’ y algunos críticos subestimaban el valor de eso. Es posible que ahora necesitemos otras cosas  pero la verdad es que ahí había un intento de unidad estratégica, un intento de unidad programática que suscribieron todos los precandidatos, que se firmó unos días antes de la Primaria, el 23 de enero de 2012, con la excepción de Diego Arria. Diría que ahora los cambios hay que hacerlos en los compromisos, que tienen que ser para cumplir, porque es esencial para la credibilidad hacia afuera, que va a depender siempre de la credibilidad interna de los actores. Cuando entre los actores predomina la desconfianza no puedes generar confianza afuera. La oposición debe afrontar eso para convertirse en una coalición verdadera. Para que se pase de aquella mesa de encuentro, como la llamamos inicialmente con mucha prudencia, a esta coalición. A mí me parece que las mayores diferencias están en el ámbito de las personalidades y eso debe ser abordable. No es sencillo, pero si el objetivo está claro tampoco es imposible como ha quedado demostrado en el pasado. Se cree que Caldera, Betancourt y Villlaba eran gente muy afínpero tenían diferencias y muy marcadas. Betancourt y Villalba habían estado juntos en ORVE (Organización Venezolana) y después se habían separado en el PDN (Partido Democrático Nacional).Villalba había sido senador elegido con la tolerancia del medinismo y había estado contra la Revolución de Octubre del 45. Y Caldera era la oposición a AD en el trienio (45-48) y venía de otra tradición ideológica y cultural. Y pudieron entenderse y cumplir. Así que las diferencias personales no son una novedad. Pero teniendo presente el objetivo común, inevitablemente ocupan un plano secundario.

 

“Lo lógico es el mecanismo de la Primaria. Pero no puede estar sola, debe ir junto con una negociación acerca de la estrategia, del mensaje, de la política que se va a proponer al país”

                                RAMÓN GUILLERMO AVELEDO

 

-¿De dónde surge esa desconfianza?, ¿del propio declive de la MUD?, ¿hay algunos hechos que ahondaron esa desconfianza?

-A lo mejor la Mesa de la Unidad fue una posposición de las desconfianzas o una regularización de ellas, a través de reglas aceptadas por todos y cumplidas de manera asimétrica. No todo el mundo cumplió todas las reglas siempre. Todos en algún momento las infringieron, pero no todos ni todas al mismo tiempo. Se pudo mantener, pero en la medida que las reglas se fueron disipando, a pesar de la exitosísima elección de 2015, y se sustituyeron por el consenso pues poco a poco cada quien se sintió autorizado para hacer lo que le parecía, y a eso hay sumar las cuestiones personales y los inmediatismos,  la idea de que esto estaba a la vuelta de la esquina, que la cosa estaba cerquita. También influye que el país se halla dividido tanto. El oficialismo hace una política dirigida a su gente y prescinde completamente del resto. En el mundo opositor parece haber la tentación de una competencia como si se encontrara en una plenaria eterna para ver quién encabeza la oposición. Pero no se le habla al país entero, no hay una política que sea nacional y eso ayuda a consolidar el statu quo. Que sigan gobernando los que están, con los resultados que sabemos que tiene. En la medida en que la política no sea nacional sino de este pedazo, también contribuye a que tenga prioridad la competencia entre los distintos actores de la oposición frente a la disputa con el poder y las estrategias para sustituirlo. Y eso no es un problema menor.

-También hay una discusión que se libra por las redes sobre la elección presidencial de 2013. Hay acusaciones contra Henrique Capriles de cobarde, de que no defendió la victoria en la elección contra Maduro, ¿Capriles en verdad ganó la elección?

-En ese momento fue una ventaja muy pequeña, un resultado muy chiquito, no había certeza acerca del resultado. Nosotros teníamos elementos de juicio para pensar que habíamos ganado y se acudió a todos los mecanismos constitucionales y legales en concordancia con la política que se había asumido. Hay una actitud de Capriles que, a mí juicio, fue muy responsable y en ese momento en la discusión que se dio nadie que yo recuerde fue partidario de otra cosa. En el reciente trabajo que publicaste en relación a la Concertación en Chile te haces eco de un comentario de Ricardo Lagos en relación a que es inconducente llamar a la gente a una manifestación donde la van a matar, sin que eso produzca un resultado sustancial inmediato. Es verdad que no es un sacrificio inútil, sí, pero uno tiende a pensar que el sacrificio cuando es ajeno no es tan importante. Yo no recuerdo a nadie que estuviera en contra de lo que se decidió en 2013. Nadie dijo ‘vamos a ir’, ‘vamos a inmolarnos’. No recuerdo nada de eso. Cuando yo renuncié a la secretaría ejecutiva en 2014 era evidente que existían diferencias, yo me puse a un lado pero dije que había un problema por atender. Por la vía de los acuerdos se llegó a la exitosa elección de 2015, pero antes, en el año 2014, hubo una controversia muy grande alrededor de La Salida, porque hubo un grupo que decidió imponer en la calle una política. Eso ocurrió, sin embargo vino la elección y todo el mundo se metió, inclusive los que estaban en contra de la participación electoral y querían una asamblea constituyente. De ahí en adelante, como las reglas se habían eliminado, cada quien pensó que podía imponer una política de facto porque el sistema estaba derrotado.

-Se vio muy cerca el final, la victoria definitiva, una euforia desatada…

-Yo en aquel momento usaba una metáfora bélica, de la que no soy muy amigo por cierto, porque la política es una cosa y la guerra otra; la metáfora era ‘no confundamos el desembarco en Normandía con la toma de Berlín’. No es lo mismo. Asumir la conducción del poder público nacional no es una bobería. Lo que nos falta para llegar allá es todavía mucho. Por eso hay que tener cuidado con esa cosa personal, que es un asunto mundial, pero en Venezuela nos ha tocado cuando hay toda esta debilidad institucional tan grande.

La vía al reencuentro de los venezolanos

Aveledo aborda un punto esencial que tiene con ver con el liderazgo democrático, y hace una extensa referencia al libro de Henry Kissinger (Ladership: Six Studies in World Strategy o Liderazgo: Seis estudios sobre estrategia mundial), que leyó en diciembre pasadoKissinger, dice Aveledo, tiene la experiencia que tiene, ha vivido 100 años, tiene un profundo conocimiento de la historia, ha sido profesor de historia. En el libro sobre el liderazgo analiza seis casos: Konrad AdenauerCharles De Gaulle, la señora Margaret ThatcherAnwar el-SadatLee Kuan Yew y Richard Nixon. Este último es el más detallado -“interesantísimo”, acota-  porque Kissinger fue Secretario de Estado de Nixon.

“Destaca la humildad en Adenauer, la voluntad en De Gaulle, la convicción de la señora Thatcher, la profunda convicción de origen religioso de Sadat, la excelencia del líder de Singapur (Kuan Yew), y la comprensión de los equilibrios de Nixon. Tomemos como ejemplo los casos de De Gaulle y la señora Thatcher, detrás de la voluntad de uno y de la convicción de ella había más cosas. De Gaulle tenía una comprensión histórica muy sólida, un conocimiento profundo del país en el que está y había un Estado detrás, y en el caso de Inglaterra una institucionalidad muy fuerte. La voluntad y la convicción por sí solas no son suficientes. Tiene que haber algo detrás, si no queda la aventura, simplemente la idea de que soy un jugador solitario. Tenemos demasiada inclinación a ser Cristiano Ronaldo, pero no es él mismo que cuando contaba con Real Madrid a sus espaldas. Lo que tenemos delante no es para jugadores individuales, es para jugadores de equipo. Si eres muy bueno, tienes gran calidad, tienes unas condiciones excepcionales, si juegas en equipo te rinde más. El oficialismo, por ejemplo, tiene un roster, un plantel, mediocre, muy malo en las políticas públicas pero han logrado mantenerse en el poder porque han jugado en equipo aunque se detesten. De este lado hay un buen equipo, por eso el desafío es la unidad o el nombre que se le quiera poner. Y aprendiendo siempre de los errores y de los logros.

 

“En Venezuela, y repito algo que ya he dicho, sobran las razones para no votar por los que están, pero hacen falta motivos para votar por nosotros, por esta alternativa. Por eso lo de la promesa creíble es tan importante, que la gente sienta otra vez ganas de mirar para la calle”

                                        RAMÓN GUILLERMO AVELEDO

 

-¿Cree que el Gobierno interino fue una jugada de equipo?

-Yo me enteré en la calle cuando se anunció, no sabía que eso estaba previsto y por lo que pregunté después todos me dijeron que fueron tomados un poco por sorpresa. Valoro el coraje personal y la buena intención de Juan Guaidó que no es poca cosa, se quedó aquí y yo respeto eso sin duda alguna. Ahora cuando escuchaba razonamientos que conducían a esa posibilidad que luego se concretó, me preocupaba mucho. Hay que recordar la historia: de la República de China y Taiwan sin la isla de Formosa, de las repúblicas en el exilio. Eso ya ha pasado. De nuevo vuelvo a Kissinger: él cuenta que un joven (que puede ser él mismo) le preguntó a Winston Churchill cuál era el secreto para ser estadista: ‘Estudie historia, en la historia está todo’, le respondió. A lo mejor no está todo, pero conocer y comprender la historia evita metidas de pata.

-Ya vamos casi a terminar (“me preocupa ese casi, de los entrevistadores”, comenta), ¿está convencido de que al régimen se le derrota por elecciones?

-Sí, sí se puede, por supuesto. No cándidamente, no de cualquier manera. Hay que trabajar y tomar en cuenta el contexto en que estamos. Yo me afinco en la convicción de que el Gobierno no quiere que votemos. Siempre hace lo posible para que no votemos. Ayuda a dividir a la oposición, si encuentra en la oposición quien la divida. Pone inconvenientes, genera desconfianza. La victoria de Barinas es una lección: la gente encontró un motivo para votar ante el atropello del Gobierno, e incluso en la división opositora. El asunto es que haya motivos. Y en una campaña presidencial en la que se trata de cambiar el poder nacional para empezar una transición, para comenzar ese trabajo paciente, cauteloso que va encontrar muchas dificultades, en el que hay que vencer la desconfianza no solo entre la oposición sino a nivel nacional, eso requiere que de este lado se den motivos y por eso valoro tanto la unidad. Si la oposición demuestra que es capaz de unirse por encima de sus diferencias, eso es un dato, un motivo natural, porque al revés también pasa, por qué voy a votar por ellos si no pueden siquiera entenderse.

-Ha hablado de una promesa de futuro, creíble, ¿cuál sería?

-La promesa es la democracia y la libertad pero qué significa eso hoy, cómo implica un cambio en la vida de nosotros y cómo se hace posible. Quizá sea muy racional. La ruta más corta desde el punto de vista emocional, que es el lubricante de lo racional, es el reencuentro de los venezolanos que estamos esparcidos por el mundo. Yo tengo dos hijas afuera, un nieto de Whatsapp, al que solo he podido abrazar una vez. La distancia, las discordias, tantos años de conflicto, desgasta a la gente. No van a desaparecer esas diferencias pero las podemos hablar normalmente. Que podamos convivir con eso es algo que tiene mucho valor. La vía de la reunión de los venezolanos. Por cierto, las diferencias son menores abajo que arriba, en los barrios la gente se acerca. Las crisis prolongadas en unos sacan el egoísmo, en otros la solidaridad. La realidad no es estática, las cosas cambian y van a seguir cambiando. La visión de la política tiene que ser en ese sentido mucho más acorde con la realidad.


@jconde64

Javier Conde – La Gran Aldea/América 2.1

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