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Cardenal Celestino Aós: un gran pastor y el mejor arzobispo para los tiempos de pandemia y cambios en Chile

Texto completo de la homilía y palabras de despedida al arzobispo emérito de Santiago de Chile

El mismo cardenal Aós reconoció en su homilía pronunciada en este misa lo experimentado durante estos años, en Santiago. «Viví preocupaciones y tristezas y lágrimas», dijo. «Pero faltaría la verdad si callara, que he vivido numerosas y grandes satisfacciones y alegrías».

 

“Aós fue el mejor pastor que pudo tener la Iglesia de Santiago porque al final fue un gran pastor que se hizo pequeño como los pequeños y supo dar testimonio con la fuerza espiritual del silencio».

 

«Hemos recibido testimonio vivo de una alta visión de nuestra Iglesia de Santiago», le dijo su vicario general y obispo auxiliar, Alberto Lorenzelli. “Nos dio una fuerte experiencia de una iglesia particular que, bajo la guía de su obispo, vive su vocación y cumple su misión (…) Siempre buscó unir a todos, construir una realidad eclesial unitaria y no un mero contenedor de experiencias múltiples».

 

«En una palabra, don Celestino ha ejercido su ministerial episcopal en la iglesia de Santiago y de Chile con la sabiduría de un pobre», afirmó el obispo auxiliar Álvaro Chordi, vicario de pastoral.

 

Con una eucaristía celebrada en la Catedral de Santiago de Chile, y acompañado de sus obispos auxiliares, presbíteros, diáconos, religiosas y cientos de fieles de la arquidiócesis, en su mayoría agentes de pastoral en sus respectivas comunidades, se dio las gracias a Dios por el cardenal Celestino Aós Braço quien pastoreó durante más de cuatro años la iglesia capitalina. También estuvieron en la liturgia el nuncio apostólico en Chile, monseñor Alberto Ortega y representantes de otras iglesias cristianas.

«Hemos visto al pastor de la arquidiócesis, al sucesor de los apóstoles, que con un gran sentido del alcance y de la responsabilidad de su misión, gobierna la Iglesia particular encomendada. Hemos apreciado sus homilías acertadas, proféticas y siempre muy apreciadas. A través de su acción pastoral, sus opciones de gobierno y su firmeza», dijo el vicario general y obispo auxiliar, Alberto Lorenzelli en esta despedida.

Eucaristía de despedida del cardenal Aós en la Catedral Metropolitana, el sábado 18 de noviembre de 2023

Eucaristía de despedida del cardenal Aós en la Catedral Metropolitana, el sábado 18 de noviembre de 2023

 

«No fue una tarea fácil. Vino de estar a la cabeza de una pequeña diócesis nortina (Copiapó) para hacerse cargo de la arquidiócesis más grande del país (Santiago) con todas sus luces y sombras», señaló al iniciar la misa Andrea Idalsoaga, abogada, delegada episcopal para la Verdad y la Paz del Arzobispado de Santiago, encargada de coordinar la prevención de abusos en la arquidiócesis. Ella hizo que, recordó como administrador apostólico de Santiago, don Celestino debió enfrentar el estallido social de 2018 y como arzobispo titular la pandemia del covid y el proceso de elaboración de una nueva Constitución Política para el país.

«Hemos recibido testimonio vivo de una alta visión de nuestra Iglesia de Santiago», añadió monseñor Lorenzelli. “Nos dio una fuerte experiencia de una iglesia particular que, bajo la guía de su obispo, vive su vocación y cumple su misión, concibiendo y valorizando en unidad y sinergia todos los dones de gracia, todas las vocaciones, todos los ministerios. Siempre buscó unir a todos, construir una realidad eclesial unitaria y no un mero contenedor de experiencias múltiples», expresó.

Abrazos y bendiciones al salir del templo

Abrazos y bendiciones al salir del templo

El mismo cardenal Aós reconoció en su homilía pronunciada en este misa lo experimentado durante estos años, en Santiago. «Viví preocupaciones y tristezas y lágrimas», dijo. «Pero faltaría la verdad si callara, que he vivido numerosas y grandes satisfacciones y alegrías».

Expresó que aquí «he encontrado mujeres y varones, ancianos y jóvenes y niños, matrimonios y religiosos y religiosas admirables en su fe, generosos en su entrega, humildes y sencillos en su vivir».

Agregó que «estos tiempos nuestros, con todos, como todos y con todo lo que tienen de crisis, son tiempos hermosos para el amor, para la caridad. Eran para mí una ocasión de Dios. Él me puso aquí. Y si yo no he sabido hacer más, si he hecho cosas a medias, si he hecho algunas cosas mal, ha sido por mi culpa, de la que pido perdón a Dios”.

Cardenal Aós: "si he hecho algunas cosas mal, ha sido por mi culpa, de la que pido perdón a Dios”

Cardenal Aós: «si he hecho algunas cosas mal, ha sido por mi culpa, de la que pido perdón a Dios”

Pidió perdón señalando que “nunca quise dañar a nadie, pero si alguno de ustedes ha recibido algún trato que le molestó o se sintió dolido por mi forma de ser, pido me excuse y perdone y que eleve su oración a Dios por mí”.

Y continuó: “Algunos me reprocharon que no hablé. El silencio es algo frágil, valioso. A veces cuesta callar. Pero también el silencio es comunicación. Y precisamente los grandes momentos se suelen vivir con pocas palabras o en silencio”.

Así, don Celestino, se hacía cargo de las críticas que un sector del laicado le formulaba por no haber elevado la voz más fuerte en términos políticos ante las violaciones a los derechos humanos cometidos por la policía en el estallido social de 2018. “Muchas veces su silencio ha sido más elocuente que muchas palabras”, le dijo el vicario general Lorenzelli sobre este reproche. “Gracias por el tiempo frente a este noble servicio: pastorear a nuestra iglesia», le señaló.

Y junto con saludar y agradecer a todos y todas quienes le acompañaron y trabajaron con él, el cardenal Celestino pidió a la Iglesia santiaguina que acoja al nuevo pastor Fernando Chomalí.

«El Señor Jesús no les abandona. Jesús es el gran Pastor de nuestras almas y es Jesús quien da pastores a su Iglesia. Pastores que ayuden a que amen a Dios, a que se amen unos a otros. Ahora les da como nuevo pastor a monseñor Fernando Chomalí. Acójanlo en espíritu de fe, dispuestos a caminar con él en la fe y generosos para ofrecerle la colaboración que les pueda solicitar».

Cardenal Celestino Aós se despidió con una eucaristía en la Catedral de Santiago

Cardenal Celestino Aós se despidió con una eucaristía en la Catedral de Santiago

Finalmente, concluyó: «Les he dicho esto para que participen de mi alegría y sean plenamente felices. Dios quiere que usted sea plenamente feliz primero aquí en la tierra y luego en el cielo. Así me lo enseñó mi madre. Yo también quiero vivir en el amor, amando y sirviendo en lo que el Señor vaya disponiendo de mí. Yo también quiero que ustedes vivan en el amor. Que participen de la alegría de Jesús y sean plenamente felices. Con palabras de Salomón les digo ahora: dedíquense de todo corazón al Señor nuestro Dios. Vivan siempre según sus estatutos y cumplan sus mandamientos, como ya lo hacen. Así podrán entregarse siempre como la Virgen María. ‘Aquí está la esclava del Señor. Que se cumpla en mí su voluntad’. Y así con la Virgen María, vivirán felices con esperanza y alegría. Con alegría especial. ¡Paz y bien!».

Al salir del templo, mientras el coro entonaba cánticos a María, el cardenal Aós fue despedido con aplausos por todos y todas las asistentes. Él con sentida emoción y gestos de cercanía, fue estrechando su mano, dando abrazos y bendiciones a sus colaboradoras y colaboradores, a religiosas, ancianos, jóvenes y mujeres de todas las edades que le manifestaban aprecio y gratitud.

Como señaló uno de los sacerdotes que le acompañaron en esta despedida, “el cardenal Celestino Aós fue el mejor pastor que pudo tener la Iglesia de Santiago porque al final fue un gran pastor que se hizo pequeño como los pequeños y supo dar testimonio con la fuerza espiritual del silencio».

Finalmente, el obispo auxiliar de Santiago, Álvaro Chordi, vicario de pastoral, comentó que «don Celestino ha sido en todo momento un hombre libre, que no se ha casado con nadie y ha actuado según lo que para él era la voluntad de Dios».

Además lo definió como «un hombre profundamente religioso y mariano que ha puesto a Dios por delante en todo. De lo que más ha hablado ha sido de Jesús y del Evangelio, testimoniando una vida austera y coherente, como fiel hijo e san Francisco».

«En una palabra, don Celestino ha ejercido su ministerial episcopal en la iglesia de Santiago y de Chile con la sabiduría de un pobre», conlcuyó.

Homilía del cardenal Celestino Aós al despedirse de arzobispo de Santiago de Chile

Cardenal Celestino Aós

Cardenal Celestino Aós

Estoy contento por todos y cada uno de ustedes porque me acompañan en este momento que es importante en mi vida.

Vengo a presentar y entregar al Señor esta obra de mi servicio. Servicio pobre, ilimitado, pequeño y corto en el tiempo. Pero en el que he tratado de amar y servir a esta Archidiócesis de Santiago que se me encomendó. He tratado de amar y de servir a cada uno de ustedes y a todos los feligreses de esta archidiócesis.

Han estado presentes en especialmente en el rezo del rosario y seguiré encomendándolos a la protección de la Virgen María.

Le doy gracias a Dios que me pensó desde la eternidad y me llamó a la vida en una familia numerosa y religiosa. Mis padres, José y Felisa, y mis hermanos que se nos adelantaron hacia el cielo: Jesús, Joaquín, María, Asunción, Teodoro y Julio. Y por mis hermanas Margarita, Mercedes y María Ángeles.
Desde allí, desde la familia, me acogieron los capuchinos desde niño en el Seminario Menor de Alsasua. Seguí viviendo las etapas de formación y profesé capuchino y más tarde recibí la ordenación sacerdotal en 1968.

En 2014 recibí el episcopado y en el desierto de Atacama, en Copiapó, serví como obispo. Gracias a todos los fieles y a todos los sacerdotes y religiosos y religiosas y a todos los laicos de Copiapó.

Dios ha sido para mí el Dios de las sorpresas. Y llegó una sorpresa más cuando en 2020 el papa Francisco me encomendó esta archidiócesis. Agradezco desde aquí la confianza del Papa. ¡Cuánto tengo que agradecer a los Capuchinos, donde recibí enseñanzas, consejos y ejemplos admirables de fe y generosidad en la entrega de alegría y de paz!

No puedo nombrar a todos mis formadores y compañeros. Dios los bendiga. He vivido estos años en Santiago con la ayuda de las oraciones de ustedes, aquí presentes y también las oraciones de muchas otras personas que no están físicamente aquí, pero sí están unidas en espíritu. Gracias.

Y repito la palabra gracias para quienes han sido mis colaboradores más directos. Monseñor Alberto Lorenzelli, vicario general, y los obispos auxiliares, monseñor Carlos Godoy, ahora obispo de Osorno, monseñor Cristian Castro, monseñor Julio Larrondo, monseñor Álvaro Chordi, monseñor Luis Mignone. Y no puedo silenciar que desde el silencio me ha ayudado la oración y el sacrificio de Monseñor Andrés Arteaga y Cristián Roncagliolo. Gracias.

En la persona de mis secretarios, el padre Raúl Bascuñán y la señora Sonia Lagos y en la persona de la señorita María Francisca San Martín, Canciller.

Saludo y agradezco a todos los colaboradores de la Curia. Mi saludo y agradecimiento en la persona de los vicarios pastorales y de los decanos y párrocos, a todos los presbíteros y diáconos que me han acompañado en el servicio.

Las circunstancias han sido especiales en lo social, por cuando nos llegó el estallido de la violencia y luego los tiempos de la pandemia del coronavirus. Pero todos los tiempos son historia de salvación.
Todos los tiempos son buenos para amar y servir.

Las circunstancias eclesiales también fueron exigentes.

Viví preocupaciones y tristezas y lágrimas.

Pero faltaría la verdad si callara, que he vivido numerosas y grandes satisfacciones y alegrías.

He encontrado mujeres y varones, ancianos y jóvenes y niños, matrimonios y religiosos y religiosas admirables en su fe, generosos en su entrega, humildes y sencillos en su vivir.
Sí, estos tiempos nuestros, con todos, como todos y con todo lo que tienen de crisis. Son tiempos hermosos para el amor, para la caridad. Eran para mí una ocasión de Dios. Él me puso aquí. Y si yo no he sabido hacer más, si he hecho cosas a medias, si he hecho algunas cosas mal, ha sido por mi culpa, de la que pido perdón a Dios.
Nunca quise dañar a nadie, pero si alguno de ustedes ha recibido algún trato que le molestó o se sintió dolido por mi forma de ser, pido me excuse y perdone y que eleve su oración a Dios por mí.

Algunos me reprocharon que no hablé. El silencio es algo frágil, valioso. A veces cuesta callar. Pero también el silencio es comunicación. Y precisamente los grandes momentos se suelen vivir con pocas palabras o en silencio. Siempre remitía al evangelio donde Jesús nos da sus enseñanzas y en Jesús Dios nos dice su Palabra definitiva de amor y salvación. Prediqué las homilías; y ojalá mis obras y conducta hayan sido predicación viva, ejemplo que anime a acercarse a Jesús y a la Virgen María.

Salomón está contento porque ha podido construir el gran templo para el Señor. Hace fiesta y ha rezado a Dios una hermosa y larga súplica. Ahora, puesto en pie, bendice a toda la asamblea. Dios no ha faltado ni a una sola de las promesas que nos hizo por medio de su siervo Moisés.

Que el Señor nuestro Dios, esté con nosotros como estuvo con nuestros padres. Que no nos abandone ni nos rechace. Que incline hacia él nuestro corazón para que sigamos todos sus caminos y guardemos los preceptos, mandatos y decretos que dio a nuestros padres. Que las palabras de esta súplica hecha ante el Señor permanezcan junto al Señor nuestro Dios día y noche.

Jesús nos dice a cada uno de nosotros “No me eligieron ustedes a mí. Yo los elegí a ustedes, y los destiné para que vivan y den fruto, un fruto que permanezca”. El fruto es que cumplamos los mandamientos de Dios, que hagamos su voluntad con nuestras obras buenas. “Ustedes son mis amigos porque les he dado a conocer todo lo que escuché del Padre. Ustedes son mis amigos. Si hacen lo que yo les mando. Como el Padre me amó así yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”.

¿Podemos amar hoy en estas circunstancias en que vivimos? Sí, con la gracia de Dios y con la oración y ayuda de los demás cristianos.

El Señor Jesús no les abandona. Jesús es el gran Pastor de nuestras almas y es Jesús quien da pastores a su Iglesia. Pastores que ayuden a que amen a Dios, a que se amen unos a otros.

Ahora les da como nuevo pastor a monseñor Fernando Chomalí. Acójanlo en espíritu de fe, dispuestos a caminar con él en la fe y generosos para ofrecerle la colaboración que les pueda solicitar.

Esta Iglesia de Santiago que somos nosotros, es muy bella, con personas ricas en virtud. Pero también es una Iglesia que tiene desafíos y problemas grandes. Hemos de remar juntos y con Jesús en la barca encararemos las tempestades. Cada uno de nosotros recorre su camino personal. Cada uno de nosotros debe dar sus frutos que Dios espera de él o de ella. Y sobre cada uno de nosotros queda la promesa de Jesús.

Les he dicho esto para que participen de mi alegría y sean plenamente felices. Dios quiere que usted sea plenamente feliz primero aquí en la tierra y luego en el cielo. Así me lo enseñó mi madre.

Yo también quiero vivir en el amor, amando y sirviendo en lo que el Señor vaya disponiendo de mí. Yo también quiero que ustedes vivan en el amor. Que participen de la alegría de Jesús y sean plenamente felices.

Con palabras de Salomón les digo ahora: dedíquense de todo corazón al Señor nuestro Dios. Vivan siempre según sus estatutos y cumplan sus mandamientos, como ya lo hacen. Así podrán entregarse siempre como la Virgen María. “Aquí está la esclava del Señor. Que se cumpla en mí su voluntad”. Y así con la Virgen María, vivirán felices con esperanza y alegría. Con alegría especial.

Les saludo.

Paz y bien.

GRATITUD Y AFECTOS EN LA DESPEDIDA DEL CLERO

Palabras de despedida de Mons. Alberto Lorenzelli a nombre del clero de Santiago

Monseñor Alberto Lorenzelli despidió al cardenal Aós en nombre del clero de Santiago

Monseñor Alberto Lorenzelli despidió al cardenal Aós en nombre del clero de Santiago

Querido don Celestino:

Con el corazón lleno de emoción, afecto y gratitud al Señor hemos celebrado esta Eucaristía de despedida y de acción de gracias por usted que, como nuestro Arzobispo, en estos cinco años de ministerio episcopal, los ha vivido con nosotros y para nosotros.

En este momento particular, me viene a la memoria el momento en el cual San Pablo, en Mileto, se despide de la comunidad cristiana diciéndoles: “Ustedes han sido testigos de mi forma de actuar durante todo el tiempo que he pasado entre ustedes, desde el primer día que llegué… He servido al Señor con toda humildad, entre las lágrimas y las pruebas… Saben que nunca me eché atrás cuando algo podía ser útil para ustedes. Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco” (Hechos 20:17-38). También esta despedida tiene el mismo sabor de la comunidad de Éfeso saludando a su Pastor.

Desde los primeros pasos de su ministerio episcopal comprendimos que amaba esta Iglesia de Santiago, que amaba esta ciudad y todo el territorio diocesano. Y se desgastó sin ahorrar esfuerzos ni cansancios. No se aprovechó de su cargo ni buscó gratificaciones allá donde pudiera surgirle la oportunidad. Simplemente, quiso ser Pastor, considerando este ministerio como el sentido y la culminación de su vida dedicada al servicio de Jesucristo y la Iglesia.

Ha conocido momentos difíciles que siempre traen consigo la vida y la responsabilidad pastoral. Pero nunca ha perdido la calma, siempre nos fue animando con ese Paz y Bien franciscano. Hemos sentido con su presencia esa paz que da sosiego y que llena de espiritualidad. Su espíritu capuchino nos ha contagiado vivir el Evangelio desde la oración, la fraternidad, la pobreza y humildad, la sencillez y alegría interior, la acogida y entrega generosa.  Y fue pasando haciendo el bien y nos hemos sentido bien. Que el Señor le repague con su bondad el bien que fue sembrando entre nosotros.

Hemos conocido y apreciado en usted el fuerte sentido del ministerio episcopal: más que sus planes personales, aceptó con obediencia el encargo solicitado por el Santo Padre y asumió hasta el fondo todos los desafíos que esto conllevaba. Hemos visto al pastor de la Arquidiócesis, al sucesor de los apóstoles, que con un gran sentido del alcance y de la responsabilidad de su misión gobierna la Iglesia particular encomendada. Hemos apreciado sus homilías acertadas, proféticas y siempre muy apreciadas.

A través de su acción pastoral, sus opciones de gobierno y su firmeza hemos recibido testimonio vivo de una alta visión de nuestra Iglesia de Santiago. Nos dio una fuerte experiencia de una Iglesia particular que, bajo la guía de su Obispo, vive su vocación y cumple su misión, concibiendo y valorizando en unidad y sinergia, todos los dones de gracia, todas las vocaciones, todos los ministerios. Siempre buscó unir a todos, construir una realidad eclesial unitaria; y no un mero contenedor de experiencias múltiples.

Dice el libro de Eclesiastés que “hay un tiempo para todo, un tiempo para hablar y un tiempo para callar”. Y muchas veces su silencio ha sido más elocuente de muchas palabras.

Gracias por el tiempo frente a este noble servicio, pastorear a nuestra iglesia. Dios bendiga sus pasos, y a nombre del Clero de Santiago le expreso que admiramos su capacidad de entrega, discernimiento e inteligencia. ¡Le extrañaremos!

A título personal le agradezco haber compartido la vida cotidiana con usted en estos años y le manifiesto gratitud por su paternidad, cariño y confianza que ha tenido conmigo. Cuente con nuestra oración y todo el afecto que Usted se merece.

UN PASTOR SINODAL

Palabras de despedida de la abogada Andrea Idalsoaga, Delegada Episcopal para la Verdad y la Paz de Santiago

Andrea Idalsoaga, delegada episcopal para la Verdad y la Paz formuló el discurso de despedida al cardenal Aós.

Andrea Idalsoaga, delegada episcopal para la Verdad y la Paz formuló el discurso de despedida al cardenal Aós.

Muy buenos días.

Esta mañana nos reunimos para dar gracias a Dios por Jesucristo, su iglesia y el don de haber tenido a la cabeza de la Iglesia de Santiago al cardenal Celestino Araoz Braco, quien con su carisma y espiritualidad franciscana capuchina, ha servido estos casi cinco años incansablemente como pastor, entregándonos paz y bien.

No fue una tarea fácil. Vino de estar a la cabeza de una pequeña diócesis de Cortina para hacerse cargo de la arquidiócesis más grande del país con todas sus luces y sombras.

A los pocos meses de iniciar su servicio como administrador apostólico, llegó el recordado 18 de octubre (de 2018), justo el día de su aniversario de ordenación episcopal, donde experimentamos la frustración de muchos, el dolor de la violencia, y la quema de nuestros templos.

En enero de 2020 tomó posesión como arzobispo de Santiago y dos meses después, en marzo, se desataba en nuestro país la incertidumbre de una pandemia desconocida para estas generaciones. El COVID fue un desafío social y pastoral donde nuestra Iglesia de Santiago abrió sus puertas para acoger enfermos, dar alimento a quienes no les llegaba, entregar vacunas y acompañar a los difuntos que morían solos, que sus familias tampoco podían acompañar en su funeral.

Vivimos por primera vez una Semana Santa, lejos de los templos, pero quizás más unidos que nunca ante el misterio de la cruz, con la esperanza de la resurrección.

Así nuestro pastor quiso prolongar y dar continuidad a este trabajo hecho en pandemia con los más pobres y enfermos del cuerpo y del alma, creando la Vicaría de la Misericordia, desde donde se entrega consuelo y paz a quienes más sufren, mostrando el amor infinito del Padre hacia cada uno de nosotros y promoviendo el trabajo social de una Iglesia que prefiere a los pobres, no solo de bienes materiales como también de los espirituales, porque es en esa pobreza donde se manifiesta la gloria de Dios.

Nos iluminó con sus cartas pastorales. Tiempo de sinodalidad, tiempo de alegría. Y Cristo vive donde entre varias materias nos motiva a buscar nuevas formas para conquistar a los jóvenes, escuchándolos, ya que ellos tienen una sensibilidad especial para captar la verdad.

Y nos animó a participar activamente en el proceso constitucional que estamos viviendo como país, desde las legítimas diferencias, discerniendo en conciencia, aportando en paz todo aquello que hemos recibido como un don, poniéndolo al servicio de la cultura del encuentro, siendo respetuosos del que piensa distinto, para que estas diferencias jamás nos impidan trabajar juntos como hermanos e hijos de una misma tierra por el bien común de Chile.

Durante estos años constaté su firme convicción en la conformación de la cultura del cuidado que promueve los ambientes sanos, donde todos los bautizados nos transformamos en cuidadores unos de otros. Como modo de prevención de todo tipo de abuso en ámbito eclesial, promoviendo así el documento de integridad en el servicio eclesial como herramienta para este fin. Él actuó con mano firme pero con una mirada esperanzadora.

Por otra parte, experimenté la sinodalidad, pues él escuchaba a todos para hacerse su propia idea de lo que era o no necesario hacer.

Gracias, Señor, por la vida de don Celestino y su ministerio.

Gracias don Celestino, por regalarnos el bien de servir de manera coherente con el evangelio de Jesucristo de cara a Dios y no del mundo, poniendo a los pobres en primer lugar.

Gracias por la certeza que el encuentro con el amor misericordioso del Padre es el único que puede sanar las enfermedades y heridas del cuerpo y del alma.

Gracias por la paz de hacernos entender que por más que corramos, hay cosas que no dependen de nosotros y que esta barca la conduce Jesucristo.

Gracias porque por su austeridad y coherencia de vida nos enseñó como San Francisco, que la verdadera enseñanza que transmitimos es lo que vivimos y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos.

Que sea siempre todo por amor.

(fuente propia, transcripción de RD).

 | Aníbal Pastor N. Corresponsal en Chile/RD

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