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In memoriam: Don Pepe Blanco Rodríguez

Cardenal Baltazar Porras Cardozo:

Se agolpan las noticias luctuosas de entrañables amigos a quienes Mérida le deben rendir merecido homenaje. José Julio Blanco Rodríguez, mejor conocido como Don Pepe Blanco, nacido en Filipinas el 23 de junio de 1935, fallecido en Teruel, España el jueves 9 de mayo, a punto de cumplir 89 años. Hijo de filipino y asturiana, siendo el mayor de doce hermanos. Su infancia, adolescencia y juventud transcurrió en la península ibérica al término de la guerra civil. Ingeniero, Arquitecto y creativo artístico de altos vuelos formado en la prestigiosa escuela jesuítica ICADE, dependencia de la Pontificia Universidad de Comillas, en el centro de la capital hispana y en la Escuela de Bellas Artes de Madrid; y más tarde en la UCV y en la ULA.

 

Llegó a Venezuela en 1953 y compartió sueños y realizaciones con el Padre José María Velaz al que le guardaba admiración y veneración. Fe y alegría, el parque temático para el frustrado proyecto en la isla de Providencia en el lago de Maracaibo, ideal compartido con el P. Gustavo Ocando Yamarte, son apenas algunas de sus obras a las que se suman los diseños y construcciones de casas, edificios y centros comerciales en la capital merideña. El proyecto de la nueva casa parroquial de Mucuchíes y algunas reformas en el palacio arzobispal se hicieron según sus indicaciones. Con su esposa Lola Lorca compartí muy gratos momentos en su hermosa casa en la Urb. Belensate, siendo el plato fuerte la conversación de diversos proyectos para servir mejor a los humildes, pues siempre tuvo esa preocupación en sus cuitas con el P. Velaz y en su impronta jesuítica. Uno de sus hermanos Carlos, casó con una de las sobrinas de Mons. Felipe Rincón González, quien hizo su tesis de grado en historia en la Universidad de Lovaina sobre su tío padre, lo que me llevó a conocer e interesarme más por la vida y obras de este ilustre arzobispo de Caracas, hoy en proceso de beatificación.

 

Desde hace unos años se había trasladado a España, querencia estudiantil y cercanía familiar, donde falleció. Uno mi oración y mi recuerdo, compartido con sus hijos en estos días pidiendo por su eterno descanso, pues fue un hombre de hondas convicciones religiosas y agradable verbo. El arquitecto Bernardo Moncada publicó, años ha, un extenso trabajo sobre su persona y trayectoria que vale la pena airear para deleite y ejemplo a las nuevas generaciones. Paz a sus restos y merecida memoria.-

11-5-24

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