Venezuela

Monseñor Lückert: La iglesia combativa y sin filtros

Lückert no sería jamás el prelado distante, ni tampoco le lucirían las formas de la diplomacia elemental para tratar con el poder. Vio el peligro y lo denunció de inmediato. No tenía miedos, para eso ya contaba con su fe inquebrantable que representó en carne propia hasta sus últimas horas

Venezuela pierde al Monseñor Roberto Lückert, un hombre de fe de los más férreos que ha conocido en su historia reciente, sin miedos y sin filtros para fustigar al Gobierno. Ha muerto a los 85 años tras complicaciones respiratorias ligadas a la diabetes que lo sometieron a una dura batalla por varias semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Madre Rafols de Maracaibo, su ciudad natal.

Hijo de un alemán y una trujillana, este zuliano formado en el Colegio Gonzaga, de los padres Jesuítas, destacó por un carácter que dedicaría al servicio de la Iglesia Católica. Ordenado en 1966 se paseó por varias parroquias, en Santa Bárbara, miembro de la Arquidiócesis de Maracaibo y ya luego, con una trayectoria cargada de disciplina, pasó a regir la gestión del templo principal de los zulianos, la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá.

Ya en 1985, el propio Papa Juan Pablo II, hoy santo, lo nombraba Obispo de la Diócesis de Cabimas. Ya luego seguiría su carrera como arzobispo en Coro hasta su nombramiento como arzobispo

Lückert no sería jamás el prelado distante, ni tampoco le lucirían las formas de la diplomacia elemental para tratar con el poder. Vio el peligro y lo denunció de inmediato. No tenía miedos, para eso ya contaba con su fe inquebrantable que representó en carne propia hasta sus últimas horas.

Su verbo era tan lacerante no solo contra las injusticias que sembraba el Miraflores de la revolución, si no incluso se permitía, amparado en el análisis profundo, el rechazo a vox populi contra los manejos más inescrupulosos de los socialistas.

Fue contra Chávez, contra los motores de su reforma constitucional y diría: «Es como un arroz con mango, un chuzo que nos mete por la espalda porque quieren meter el concepto socialistas como el modelo cubano, que es lo que están tratando de importar a Venezuela»…

No se equivocaba. Así terminaría siendo. Miraflores giró las tuercas para que, después de la derrota en esa reforma, se instaurara en Venezuela la reelección indefinida por vía de enmienda constitucional.

Se ganó el calificativo de subverviso y traidor desde las filas del Gobierno que no soportaban escucharlo. Y el tema es que Lückert, al salirse del molde de los convencional, se convertía en una fuente de cabecera para medios de dentro y fuera de Venezuela.

La Iglesia, que puertas adentro se resentía de vez en cuando ante la polémica, pero sabían que el  maracaibero tenía razón. Dejaban que fuera el altavoz.

Su verbo crítico no acabó con la muerte de Chávez ni mucho menos, continuó exigiendo justicia y enfrentando al gobierno de Maduro. Lo llegó a acusar frontalmente de tener las llaves para una «guerra civil» en Venezuela. «Con Maduro todo es posible, incluso una guerra civil» declaró en el diario español ABC.

Cuando descansaba del fragor de esas batallas, en donde siempre ponía la fe en frente, tenía un matiz de mentor, bromista incluso. Era capaz de retener datos precisos de anécdotas con feligreses o con jerarcas de cualquier índole.

Este domingo el pueblo zuliano acompañó en la exequias en la Catedral de Maracaibo. Sus restos descansarán en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.-

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