Entrevistas

Juan Carlos Guirao: «Lo que algunos consideran un privilegio de la Iglesia, debemos reivindicarlo como un derecho»

Capellán de las facultades de Filosofía y Filología de la Complutense habla sobre la libertad de los católicos en el ámbito universitario y en la sociedad en general y cómo afrontar los retos actuales: wokismo, laicismo, multiculturalismo…

Resulta indudable la influencia que –históricamente– han ejercido las universidades en la sociedad. También lo sigue siendo en la actualidad. Ahí se forman los futuros periodistas, abogados, profesores, economistas, médicos, ingenieros, etc. Por otra parte, no son pocos los profesores, catedráticos, rectores universitarios, etc., que acaban dedicándose a la política. La universidad es también un lugar de encuentro entre personas de diversas generaciones, sensibilidades, creencias, ideologías, etc.

Dentro del conjunto de universidades españolas una de las más numerosas es la Universidad Complutense de Madrid. De entre todas las especialidades, hay dos facultades, que están muy unidas, que son la facultad de Filosofía y la de Filología; y ambas son muy relevantes. La facultad de Filosofía por todo lo referente a cuestiones identitarias, ideológicas, etc., y la de Filología en lo que se refiere a la palabra por medio de la cual se transmiten las ideas.

En las facultades de Filosofía se abordan las cuestiones de pensamiento e ideológicas que luego cristalizan en leyes que regulan la convivencia, se plasman en los contenidos que se enseñan en las escuelas, etc. De esa facultad surgen las ideologías que condicionan, cuando no determinan, la economía, y sus teorías filosóficas llegan a inmensas capas de la población de un modo divulgativo a través de los medios de comunicación, redes sociales, etc.

Dos facultades singulares -donde las haya-, y ambas muy unidas. El Debate ha publicado un resumen de una entrevista al capellán de las dos facultades, el P. Juan Carlos Guirao Gomariz, que ofrecemos en su integridad por la importancia de los matices que contempla.

¿Qué hace un capellán en una universidad pública y laica?

Atender a los laicos y laicas que acuden a nosotros. Y decirles a los laicistas, ateos, agnósticos, deístas, iluministas, practicantes de otras religiones, y anticlericales incluidos, que han sido creados a imagen y semejanza de Dios; y que son, por tanto, portadores de una dignidad que tiene un valor infinito.

La presencia de un capellán católico en la universidad, también, de algún modo hace presente a una Persona (Jesucristo) -Logos-, que nos recuerda que la identidad de la universidad y su razón de ser más profunda es la búsqueda de la verdad. Esta Presencia —Logos, Razón-, preserva a la institución académica de injerencias políticas y de manipulaciones ideológicas; y hace posible que la educación esté centrada en la persona. En definitiva, acentúa la identidad de la universidad para preparar integralmente –y no sólo en lo técnico-, a jóvenes universitarios para que el día de mañana sirvan a la sociedad.

Si lo dicho anteriormente no se produce, o se produce poco, o hay lo contrario, es porque nuestra presencia no tiene la relevancia y la significación institucional que requiere.

Como muchas otras universidades en el mundo, la complutense ha pasado de ser un templo del saber, al del pensamiento único y woke. ¿Es su presencia molesta en este ambiente? ¿Se lo han hecho saber de alguna manera y cómo ha respondido?

Unos pocos consideran que la presencia de un capellán (y de una capilla) es una discriminación con respecto a otras confesiones religiosas. Pero no lo es en absoluto: en primer lugar por razones de arraigo social. No podemos confundir igualdad con igualitarismo. La justicia es darle a cada uno lo suyo y no a todos lo mismo. Y es evidente que en Europa, y en España en particular, la mayoría, hoy por hoy, sigue siendo cristiana y, en nuestro caso católica, a pesar de la creciente -por desgracia-, descristianización.

El argumento del arraigo social se emplea para todo; por ejemplo, para los partidos políticos y sindicatos que ostentan más «representación» (que por cierto cada vez representan a menos gente) ¿Y para la Iglesia no vale…?

También unos pocos pero muy ruidosos dicen que deben separarse los espacios públicos de la Iglesia. En el fondo, lo que están diciendo es que la libertad de la Iglesia en un determinado lugar está prohibida. Con el pretexto de la separación querrían prohibirla. Separación vs prohibición: es un matiz tan sutil como perverso.

En diversas ocasiones algunos musulmanes me han pedido utilizar la capilla como si fuera una mezquita. Les pregunto si me dejarían celebrar Misa en la Mezquita de la M-30 de Madrid, o rezar el Rosario. Es una buena ocasión para conocernos. Ellos también son posibles destinatarios del mensaje del Evangelio. A algunos les parecerá disparatado, pero esta es la historia de la Iglesia desde sus orígenes, desde que inicia su andadura hace dos mil años con una pequeña comunidad en Jerusalén el día de Pentecostés. ¿Desde cuándo las religiones son estáticas? En modo alguno: crecen, disminuyen, aparecen, desparecen. A la historia me remito.

Lo que algunos consideran un privilegio de la Iglesia católica debemos reivindicarlo como un derecho. Y sobre todo es un deber apremiante de la Iglesia para con todos, y especialmente en la universidad: anunciar el mensaje de Cristo.

¿Se siente libre en la sociedad española actual, del año 2024?

En lo que a libertad se refiere, la situación en España empieza a ser muy, muy inquietante. Pienso que el que no lo vea sólo puede ser por tres motivos: Por corrupción, o lo que es lo mismo por connivencia con el poder; por ignorancia, no sé si culpable o no; sólo Dios puede saberlo. O por una ingenuidad tan superficial como buenista. Y considero, que la situación en Madrid con respecto a otros lugares de España es muy privilegiada.

En palabras de un jurista alemán, recientemente fallecido, Ernst-Wolfgang Böckenförde, los Estados modernos actuales se basan en unos fundamentos y/o presupuestos que no nos permiten asegurar por mucho tiempo la vigencia de los derechos y libertades de los que todos disfrutamos; sencillamente porque el reemplazo «cultural», poblacional (p. ej. inmigración procedente de países del Magreb) van minando paulatinamente los fundamentos que sustentan dichos derechos y libertades, que en última instancia tienen una matriz cristiana.

Los valores fundamentales que fundamentan y vertebran un Estado de Derecho, la dignidad de la persona, la verdad no puede depender del juego de las mayorías y de las minorías.

¿Qué echa en falta en la universidad actual?

La falta de libertad. Sería deseable que de una forma rigurosa, honesta y sosegada hubiera mucho más debate del que hay, que es «prácticamente» inexistente.

Hay demasiados temas tabú en la universidad. Uno solo ya sería demasiado. Muchos temas relacionados con la memoria democrática, con la ideología de género, temas de actualidad nacional e internacional: por ejemplo sobre Oriente Medio, cuestiones de bioética: por ejemplo el aborto; el problema del nacionalismo en las universidades de Cataluña y País Vasco, etc. Son temas que se abordan en las universidades, pero sobre los cuales, por definición, determinadas personas y opiniones son sistemáticamente vetadas, y excluidas por pequeñas minorías que se autodenominan «antifascistas» pero no anti-stalinistas, minorías que gozan de total impunidad.

La Iglesia no puede, y no debe, en modo alguno, someterse a semejante tiranía. A todos nos perjudica.

¿Cuáles considera usted que deberían ser los principios que deben vertebrar la actividad de la Iglesia en este mundo académico y universitario tan variopinto, multicultural, y también en otros ámbitos de la sociedad?

A mi juicio, recordaría dos principios que considero fundamentales:

1.-«Una religión no vale la otra», de Juan Pablo II. O lo que es lo mismo: la diferencia entre el Fundador del Cristianismo y el resto de religiones, no es una diferencia de grado sino de Naturaleza. Por el bien de todos debemos cuidar este patrimonio si no queremos perderlo.

2.-«El diálogo no nos exime de la misión», de Benedicto XVI. O dicho con otras palabras: el diálogo interreligioso, intercultural, etc., no nos exime del deber urgente e inaplazable de anunciar el incomparable y sublime mensaje de Cristo, tanto en la universidad como en cualquier otro ámbito social, político, cultural, académico, geográfico, etc.

¿Cuál considera que debería ser el modelo de universidad y de educación que propone la Iglesia en pleno s. XXI?

Bajo mi punto de vista sería un modelo de universidad que podríamos denominar «feminista». Tiene nombre de Mujer: ¡¡María, la madre de Jesús!! María tuvo una relación profundísima con la Verdad: Jesús nos dice «Yo soy la Verdad». Ella manifiesta, personifica, la alianza indisoluble que debe existir entre universidad y búsqueda de la verdad; como ella la tuvo con Jesús. Una universidad Mariológica.

Por otra parte NADIE como Ella ha hecho tanto por la mujer. Esto supone un cambio de paradigma: una verdadera revolución.

¿Cuál es el papel de los católicos en la vida universitaria?

Los católicos — que por cierto son laicos-, y no laicistas (o lo que es lo mismo ateos militantes) son ciudadanos con los mismos derechos y libertades que el resto. Ellos deben ser fieles a su identidad.

Le respondo a su pregunta con las palabras que pronunció en aquel momento, la persona más importante del mundo entero en uno de sus viajes a España, Juan Pablo II:

«En una sociedad pluralista como la vuestra, se hace necesaria una mayor y más incisiva presencia católica, individual y asociada, en los diversos campos de la vida pública. Es por ello inaceptable, como contrario al Evangelio, la pretensión de reducir la religión al ámbito de lo estrictamente privado, olvidando paradójicamente la dimensión esencialmente pública y social de la persona humana. ¡Salid, pues, a la calle, vivid vuestra fe con alegría, aportad a los hombres la salvación de Cristo que debe penetrar en la familia, en la escuela, en la cultura y en la vida política! Éste es el culto y el testimonio de fe que debemos dar».

(El Debate/InfoCatólica)

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