Trabajos especiales

«Oro de sangre»

Alejandro Oropeza/Tal Cual:

«Ni la realidad ni el sentido común lograron

penetrar en las mentes de los profesionales de

la resolución de los problemas…».

Hannah Arendt: «Verdad y mentira en la política».

Recientemente, hemos visto a una representante del gobierno venezolano, de cuyo nombre no quiero acordarme, afirmar y acusar ante la Corte Internacional de Justicia de depredación ambiental a Guyana, ello en el marco del proceso de resucitación nacionalista del reclamo venezolano sobre la Guyana Esequiva. La condición supuesta de depredador ambiental, destructor de ecosistemas, y de representaciones etno-culturales, es uno de los alegatos presentados por parte del régimen criollo, en contra de Guyana. Entonces, se colige que el régimen que acusa de depredación ambiental al vecino, está dispuesto y hasta capacitado para proteger el ambiente, los ecosistemas, las poblaciones indígenas de la zona en reclamo, al hipotéticamente concretarse el ejercicio futuro de soberanía plena sobre ese territorio.

Unos días antes, específicamente el 9 de noviembre de 2023, a las 07:00 pm., de la tarde en la ciudad de Mami, se presentaba el documental «Oro de Sangre», dirigido por Thaelman Urguelles y Juan Urguell, en los espacios del Museo Americano de la Diáspora Cubana. A sala llena, el público conoció y ratificó la terrible realidad de lo que está sucediendo al Sur del Río Orinoco, en el oficialmente denominado por el régimen revolucionario: «arco minero«.

En el demoledor documental se evidencian y exponen las problemáticas surgidas a partir de la sesión de la soberanía nacional en esa región, las consecuencias irreversibles de la irracional explotación minera; y la pérdida del monopolio de la autoridad por parte de los órganos estadales, militares y civiles involucrados en esta debacle.

Debacle que tiene carácter ambiental, sociocultural, étnico y antropológico en la basta y frágil geografía que ha sido y es afectada por este disparate y por el reparto traidor, complaciente y clientelar de áreas para la explotación minera.

Se afirmaba que altos oficiales de la fuerza armada, personeros del régimen, y un sin fin de próceres revolucionarios tienen sus minas «asignadas», lo que se asocia al irresponsable descalabro de la jurisdicción del Estado, lo que promueve la locura de la refriega por un botín que no interesa en lo más mínimo a la jerarquía revolucionaria, salvo su condición de botín per se; y que, paradójicamente, está llamada a proteger.

*Lea también: Oro de sangre, devastación apocalíptica, por Gregorio Salazar

El público asistente, venezolanos en buena medida, pero también integrantes de otras comunidades de la ciudad, quedaron estupefactos, ciertamente estupefactos, por la situación denunciada en el documental. Sorpresa que se incrementa cuando los miembros invitados al panel de comentaristas, entran en detalle a describir y a complementar lo expuesto en el video, así: Malena Roncayolo, Horacio Medina, Liliana Ponce y, desde Upata, Américo de Grazia, alertan y reflexionan sobre los hechos, exponen los orígenes y las consecuencias de esta depredación sin límites, del saqueo de la naturaleza entregada a quien pase frente a la puerta y obtenga la prebenda de los próceres revolucionarios, con el único requisito de confesar su adhesión y acompañamiento al régimen. Cierra el foro Thelman Urguelles, director del documental, llamando y exigiendo atención al mundo sobre este drama complementario nacional, otro elemento más del descalabro de la labor negada de Estado del régimen que saquea inmisericorde al país.

Ahí se expuso la realidad, se mostró lo que ocurre al Sur del Río Orinoco: depredación ambiental del más alto rango, envenenamiento de las venas acuíferas de Venezuela con mercurio y cianuro y un sin fin de químicos; y, como trágico corolario, se riega la sangre ancestral de los habitantes milenarios, a quienes se asesina, esclaviza y prostituye; todo, para extraer una riqueza manchada, el «Oro de Sangre» que da título al documental.

Y claro, el que la funcionaria, alta, altísima representante del gobierno nacional, esgrima como alegato, el argumento de la capacidad del régimen venezolano para ocupar el territorio en disputa; acusando a la república de Guyana de ejercer la depredación ambiental sobre ese territorio, es, por decir los menos: una tamaña desfachatez e irresponsabilidad. Si esa es una de las razones esgrimidas, pues solo bastaría que los integrantes de la Corte Internacional se pasaran por las realidades evidenciadas en el documental «Oro de Sangre» para conocer la situación.

La mentira perversa, la negación de la verdad evidente, el asumir que el resto de los seres es idiota, y que la farsa se puede entretejer en el discurso político a espaldas de la realidad nacional y que, entonces, esa es la verdad sustituta resultante, son las prácticas inútiles (¿inútiles?), pero tradicionales, del procerato revolucionario que desgobierna el país.

Bravo por Thaelman Urguelles y Juan Urgell, por su valentía y responsabilidad; y un aplauso a los organizadores de esta premiere: el Observatorio de la Diáspora Venezolana, Cedes, la Red Global y VOC, por la oportuna denuncia que desenmascara la realidad frente a los dilapidadores de la patria, de la verdadera; no de esa de globitos amarillos y franelas rojas ya desteñidas, enarbolando un nacionalismo hipócrita que sólo persigue desviar la atención de los graves problemas del país.

En las próximas semanas se presentará el documental también en Bogotá, Buenos Aires, Lima, y otras partes del mundo.

oropezag@mail.com

Alejandro Oropeza G. es Doctor Académico del Center for Democracy and Citizenship Studies – CEDES. Miami-USA. CEO del Observatorio de la Diáspora Venezolana – ODV. Madrid-España/Miami-USA.

X: @oropezag

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