Venezolanos en México reunidos para celebrar a dos santos
Los santos José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles reunieron a un grupo de venezolanos en una ciudad de México para darle gracias a Dios por su canonización

ivir en un país distinto al propio siempre será doloroso. La añoranza por las raíces, las costumbres y, sobre todo, por la familia y la historia que queda atrás será una constante punzada en el corazón, pero necesaria, cuando se busca un mejor horizonte. Por eso, que dos santos lograran reunir a los hijos venezolanos en un país tan lejano como México resulta maravilloso.
Esto ha ocurrido en Celaya, ciudad enclavada en el estado mexicano de Guanajuato, en donde la difícil situación que atraviesa su país, decidió a un grupo de familias venezolanas a dejar su patria y emigrar a México.
Reunidos en la Eucaristía

Para amortiguar un poco la nostalgia por la patria, se encontraron para celebrar la Eucaristía y agradecer a Dios porque el papa León XIV canonizó en octubre pasado a los dos primeros santos venezolanos: san José Gregorio Hernández y santa María Carmen Rendiles.
El «médico de los pobres» ha sido venerado desde su muerte, acaecida en 1914, cuando después de ver a una enferma fue atropellado por un automóvil. Santa María Carmen fundó la congregación de las Siervas de Jesús en Venezuela y vivió con intensidad su fe, ejerciendo su liderazgo con innumerables obras de caridad, a pesar de no tener un brazo.
Ambas canonizaciones han causado intensa alegría a los venezolanos de Celaya, quienes ante la imagen de la Virgen de Coromoto y las reliquias de los dos santos, se abrazaron y se tomaron muchas fotografías. Se había producido un «milagro»: una comunidad que ha sido acogida con cariño por los mexicanos, ahora se sienten unidos como familia venezolana.
San José Gregorio, protector de su país

Un testimonio de la presencia protectora de san José Gregorio es el que narró para Aleteia Yazmín Chacón, una mujer que vive en Celaya desde hace siete años.
Cuenta que en el pueblo donde vivía, al hijo de una compañera le detectaron un tumor en la cabeza. El diagnóstico fue desalentador. Y aunque el niño había sido desahuciado, ella «siempre tuvo mucho fe en san José Gregorio Hernández» afirma Yazmín.
Un día, el niño le dijo: «mami ya no llore más porque yo no me voy a morir porque el señor que está ahí en esa estatuilla – una imagen de san José Gregorio – vino anoche y me tocó y me dijo que yo no me iba a morir – . Actualmente es un joven de más de veinte años.
Yazmín llegó a Celaya porque viajaba por cuestiones de trabajo, sin imaginar que algún día viviría ahí con su familia. Una de sus hermanas vive también ahí, casada con unmexicano desde hace 25 años.
Ella y todos los venezolanos que viven en esta ciudad dicen sentirse muy contentos con la gente mexicana.
«Son muy lindos, muy lindos. La verdad, una de las cosas más bonitas que tiene México y su gente, y de verdad estamos muy a gustos y muy agradecidos con esta tierra que nos dio cobijo, que nos dio mucho cariño, que nos hacía falta y nunca en la vida sentimos este discriminación. Nada. Al contrario nos dieron mucho abrigo y pues aquí agradecidos con esta tierra».
Concluye Yazmín.-
Mónica Muñoz – publicado el 26/11/25-Aleteia.org




