Opinión

La hora de la verdad

La narrativa de la dictadura y de sus cómplices internos e internacionales —presentarse como “héroes” víctimas de una injusta persecución del “imperio”— ya nadie la acepta

César Pérez Vivas:

Ha llegado la hora de la verdad para nuestra Venezuela. La gigantesca y costosa maquinaria comunicacional de la dictadura no podrá seguir mintiéndole a nuestra ciudadanía ni al mundo respecto de su naturaleza violenta y criminal. El largo calvario que hemos padecido; la resiliencia de la población; y la lucha pacífica de la sociedad democrática, a lo largo de lo que va de este siglo, para enfrentar al monstruo militarista y autoritario —convertido hoy en una camarilla ejecutora de graves crímenes de lesa humanidad— han permitido mostrar y convencer al mundo del daño infringido a nuestra nación y a los países vecinos, así como de la creciente amenaza que representan para todo el continente.

Esa realidad se hizo aún más visible luego del golpe de Estado perpetrado por Maduro y su camarilla contra la soberanía popular expresada en las urnas el pasado 28 de julio de 2025. En medio de severas dificultades, la sociedad democrática logró derrotar y demostrar ante el mundo la voluntad mayoritaria de nuestra población. La cúpula roja optó por la violencia para desconocer esa mayoría. Como bien había advertido durante la campaña, Maduro decidió quedarse en Miraflores “por las malas”. Eso explica el número de muertos, presos, hostigados y exiliados generado luego del fraude.

En un ejercicio supremo de cinismo, el dictador afirmó el pasado lunes 10 de noviembre que ya no existía presencia de la oposición en el país. Para él, toda disidencia es “derecha o ultraderecha”. Sus palabras textuales fueron: “la derecha venezolana, maltrecha, ha desaparecido del escenario político nacional”, al considerar que ya no representa una fuerza política activa en el país.

“El mandatario señaló que a ese sector: ‘Solo le queda amamantar las amenazas de la bestia imperialista del norte’”. Las declaraciones fueron realizadas durante una reunión con la directiva nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y la Juventud del PSUV (JPSUV), a propósito de la creación de los Comités Bolivarianos de Base Integral (CBBI). Ese discurso revela el plan de Maduro: “desaparecer” toda disidencia, toda forma de oposición.

El mundo ha percibido claramente este comportamiento. Eso explica el Premio Nobel de la Paz concedido, con toda justificación, a María Corina Machado. También explica la declaración del Vaticano, en palabras de su Secretario de Estado, el cardenal Parolin, quien afirmó que Maduro representa “la oscuridad y la muerte”. Igualmente explica el repudio del mundo democrático a un régimen autoritario y criminal.

De modo que la decisión de los Estados Unidos de enjuiciar a Maduro y su camarilla como integrantes de una organización terrorista internacional que favorece y ejecuta el narcotráfico constituye una esperanza para todos los venezolanos que luchamos por una República independiente, democrática y honesta, que permita a sus ciudadanos vivir con dignidad y bienestar.

La narrativa de la dictadura y de sus cómplices internos e internacionales —presentarse como “héroes” víctimas de una injusta persecución del “imperio”— ya nadie la acepta. Incluso el presidente de Colombia, intentando lavarle la cara en materia de narcotráfico, ha terminado por reconocer que Maduro es un dictador. Como si semejante condición no fuese ya suficiente para legitimar la rebelión y la búsqueda de apoyo internacional con el fin de restaurar el Estado de derecho.

El portal Infobae reseñó las palabras de Petro en los siguientes términos: “El problema de Maduro se llama democracia; yo lo reconozco así: falta de democracia y de diálogo”. Agregó que ello no excluye cuestionamientos sobre su legitimidad: “No estoy diciendo que no sea dictador, porque las dictaduras están dentro del concepto de falta de democracia”, una frase que ha utilizado en ocasiones anteriores.

La calificación que desde el pasado lunes 24 de noviembre pesa sobre la camarilla roja como “organización terrorista internacional”, junto con el desplazamiento hacia el Caribe de una fuerza militar de elevadas capacidades y el ultimátum anunciado por el presidente Donald Trump a Nicolás Maduro —expresando su interés en darle una oportunidad de salir “por las buenas” para evitar pérdidas de vidas inocentes, o actuar “por las malas” si se niega— coloca la situación en el umbral definitivo: ha llegado la hora de la verdad para el dictador y su banda.

El bravucón que desató con mayor intensidad la guerra contra la ciudadanía el 28 de julio de 2024 se ha encontrado ahora con una fuerza superior que le envía un mensaje parecido al que él lanzó al pueblo. Como dice el refrán: “una cucharada de su propia medicina”.

Si Maduro tuviera un mínimo de dignidad, racionalidad y sensibilidad humana, evitaría daños mayores y aceptaría la salida “por las buenas” que Trump le ha ofrecido. Me temo, sin embargo, que su maldad es tan profunda que preferirá seguir utilizando escudos humanos para que luego sus apologistas afirmen que fue víctima del colonialismo o del imperialismo. Hemos pagado una cuota muy elevada como sociedad en la defensa de nuestros valores democráticos, y la camarilla pretende aún más daño. Dios permita que podamos alcanzar ya la liberación sin mayores daños colaterales.-

Lunes, 1 de diciembre del 2025

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