Lecturas recomendadas

Campanadas

¿Cómo no pensar en Carlos Manuel de Céspedes y aquel histórico toque de campanas?

 

Sor Nadieska Almeida, HC, desde Cuba:
A todos nos ha llegado la noticia de lo que ha implicado tocar unas campanas. Se ha expulsado del país a un hombre de Dios que decidió acompañar a un pueblo que no es el suyo, pero que le caló el corazón haciendo suyos sus sufrimientos y luchas. Al mismo tiempo ha quedado en evidencia, una vez más, que protestar, del modo que sea, es un derecho que nos sigue siendo arrebatado. Con esa arbitraria y deliberada decisión pretenden asegurar un silencio que sigue ahogando el sufrimiento de todo un pueblo, sin embargo, Jesús mismo llegó a decir cuando le pidieron que hiciera callar a sus discípulos: _“Si ellos callan, gritarán las piedras”_ (Lc 19, 40). No se trata de callarnos; se trata justamente de hacernos escuchar. Un toque de campanas expresó la impotencia y el hastío; y la respuesta fue: no puede permanecer en este país quien desestabiliza a quienes temen a las protestas legítimas y pacíficas.
Pensando en este sacerdote, a quien conozco, me queda una enorme gratitud por su valentía. Espero que su regreso forzado haya dejado dentro de sí algo de satisfacción porque acompañó desde donde estaba y como pudo. Gracias, Padre Pepe, en nombre de aquellos que también deseamos tocar campanas que suenen a libertad, a justicia y esperanza.
¿Cómo no pensar en Carlos Manuel de Céspedes y aquel histórico toque de campanas?
¿Resonarán de nuevo las campanas para recordarnos que estamos llamados a la libertad?
Si aun demoran en sonar, tenemos nuestra campanilla, sí, esa que nos fue colocada en la garganta y que aún podemos usar. No es su función principal permitir el habla, sin embargo, ayuda en el proceso de la comunicación. Quiero hacer uso de ella como símbolo de algo que nos pertenece, y que ojalá decidamos desde ella anunciar palabras de vida, de fuerza, de empuje; palabras que articulen los buenos deseos que nos habitan; palabras de esperanza que nos lleven a levantar a quienes viven presos por sus agobios o impotencia.
Las campanas que sonaron me han alegrado mucho, porque este pueblo se sintió acompañado, porque con su repique los corazones saltaron de ilusión y, aunque ha costado una expulsión, nos ha recordado una vez más que Dios no abandona a su pueblo. De pequeños nos enseñaron que la campana es la voz de Dios. Por eso, cuando sientas sonar una campana, detente y recuerda: Dios te ama, no temas, Él está contigo siempre, Dios es siempre más.-
14 de diciembre de 2025

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba