Opinión

Cortesía, diplomacia e hipocresía

Mi familia extendida, con la que nos hemos querido con intensidad durante toda nuestra existencia, llegamos al acuerdo: “aquí no se habla de política”.

 

Gloria Cuenca:

 

Me preocupan y bastante las opciones qué, en medio de la situación fiestas y tensión, anuncio en el título: cortesía, diplomacia, e hipocresía. Hice una encuesta familiar al respecto. A nadie le gustó la hipocresía, naturalmente. No importó nada. Ninguno de la familia quiso aceptar la hipocresía. Sugirieron las opciones que enumero en el título.

He contado, en numerosas oportunidades la buena suerte que tuve en mis estudios, desde Kindergarten hasta la Universidad, incluyendo los postgrados. En efecto, siempre tuve extraordinarios maestros, maestras, profesores y profesoras. Así fue en la escuela, el liceo o la universidad todas públicas y gratuitas. Hice mi formación integralmente, en nuestra amada y martirizada patria eran otros tiempos, que no me canso de añorar. En el Doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela, llegué a lo máximo, tuve tres grandes Maestros, dos de ellas, siendo contemporáneas mías. También, inolvidable y grande, el Dr. Luis Castro Leyva (QEPD) Esas grandes profesoras, las Dras. Julia Barragán y Graciela Soriano de García Pelayo, conjuntamente, con Luis Castro L, fallecido prematuramente, marcaron definitivamente mi formación y dirección con un sentido realista y positivo, de lo que me apasiona: la comunicación, el periodismo y la ética, específicamente lo relativo a la ciencia de la comunicación y, a la profesión del periodismo. La ciencia política me abrió una perspectiva diferente para la formación en la comunicología.

En una de las inolvidables clases de la Dra. Barragán, se discutió, a propósito de la necesidad del diálogo en la negociación, si era aceptable la hipocresía, como una fórmula para alcanzar el propósito dialogante, imprescindible en la negociación. Fue un debate magnífico e interesantísimo, como todos los que se realizaban. Sin embargo, en aquel momento, la conclusión no me gustó: la hipocresía podría ser útil y necesaria en determinado momento. Para mí, educada en la sinceridad y la franqueza, para quien la verdad, resultaba y resulta parte de mí ética diaria, imposible, en aquel tiempo aceptar que ser hipócrita sea necesario. Pasan los años y me encuentro en una situación, donde es preferible actuar hipócritamente a decir la verdad. ¿Por qué? A estas alturas no quiero, ni confrontaciones, ni disgustos. Además, he trabajado conmigo misma, para aceptar a los demás, no importa, cómo piensen. ¿Sería el colmo? Pensé como una izquierdista radical, hasta de la “ultra izquierda” fui. Comprendo lo que pasa, desde el punto de vista de creencias, ideología y demás situaciones existenciales y semi religiosas.

He conversado y reflexionado bastante sobre la Diplomacia. Importante y trascendental profesión. No obstante, imposible para mí. Al punto que, a Adolfo, (QEPD) le ofrecieron, en una oportunidad un alto cargo  diplomático; de una vez expresé: “No puedo ser la esposa de un diplomático, seguro se acaban las relaciones entre nuestro país y en el que estás de representante, al primer problema.” Con su excelente y maravillosa forma de ser, lo aceptó; “En realidad tienes razón, los diplomáticos, poco o nada, pueden opinar. ¿Qué sería de ti? No aceptaré”. El que no esté dotada, menos preparada, para ejercer esa profesión, no implica el reconocimiento por lo importante y valiosa que es. Especialmente, en estos momentos que afrontamos. Por eso, no me opondría a diálogos. Sean, personales o, políticos. En lo personal, son imprescindibles, para aclarar mal entendidos o expresar opiniones encontradas; a eso siempre estoy dispuesta. Mientras que, referido a diálogos políticos, no siento la misma disposición.  Espero y confío que nunca me toque, una gestión de esa naturaleza, por cuanto, lo digo con certeza, y conociéndome, me costaría mucho.

Finalmente, la cortesía. El dicho: “lo cortés, no quita lo valiente.”, lo expresa.  Imprescindible, en los momentos cotidianos y, en los extraordinarios o, críticos, actuar con cortesía. La vida se facilita: al dar la hora, buenos días, tardes o noches; las gracias cuando nos hacen un favor, o nos complacen con algo. En fin, cuando sentimos que debemos agradecer a otros de alguna manera, la expresión cortés, ayuda a solventar los problemas. No tengo dudas de lo importante que resulta al momento de aproximarse a alguien, con cortesía y buen trato, el beneficio que se obtiene. De allí lo certero del refrán dicho antes. Uno de los grandes disparates, que cometió el comunismo, socialismo real o socialismo del Siglo XXI, como quieran llamarlo, fue inducir un comportamiento grosero y agresivo con los ciudadanos que no “coincidieran” con la manera de pensar, es decir, que fueran oponentes ideológicos. En una primera etapa, hasta hubo ruptura de familias, divorcios, distanciamientos, entre las múltiples maneras de la confrontación ideológico-política. Una situación muy desagradable, inédita e insoportable para los venezolanos. Mi familia extendida, con la que nos hemos querido con intensidad durante toda nuestra existencia, llegamos al acuerdo: “aquí no se habla de política”. Teníamos muchos temas para hablar, sin interrumpir la armonía y, el momento en el que nos reuníamos. El amor y el afecto, por supuesto, la tolerancia y el respeto, imprescindibles también, hicieron posible que nuestra familia no se partiera, ni se dividiera. Nos separó, eso sí la necesidad de buscar una mejor situación económica, seguridad y tranquilidad para desenvolverse con serenidad y un mínimo de certeza sobre nuestro futuro y el de los nuestros. Esperamos, confiados. Nos reuniremos, como Dios manda en la mesa maravillosa de las Fiestas.

¡Esperemos, hasta el final, con Fuerza y Fe! ¡Feliz Navidad!.-

Imagen referencial: ABC/Madrid

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