Cultura Católica

La soberanía del Estado en el concierto internacional

El domingo 4 de enero, en su Mensaje después del rezo del Ángelus, el Papa León XIV se refirió a la difícil situación de Venezuela. Cada oración (en sentido gramatical) está cuidadosamente acuñada y engarzada coherentemente en el Magisterio social de la Iglesia. Aquí lo analizamos

El domingo 4 de enero, un día después de que Nicolás Maduro fuera aprehendido y trasladado a los Estados Unidos, el Santo Padre León XIV se refirió a esta situación con las siguientes palabras:

“El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica”.

Este breve mensaje guarda coherencia perfecta con la Doctrina Social de la Iglesia cuando aborda el tema de La Comunidad Internacional (capítulo noveno del Compendio). De manera sintética señalamos los siguientes puntos:

1El bien común internacional

Cuando el Magisterio social de la Iglesia instruye acerca de las relaciones entre los Estados lo hace partiendo del principio particular del bien común, llevado a su dimensión universal; es decir, pasa de lo particular a lo general. Este principio no es cosa menor ya que el bien al que tiene derecho el ser humano es, también, el del Estado y el de la sociedad global.

“La convivencia entre las Naciones se funda en los mismos valores que deben orientar la de los seres humanos entre sí: la verdad, la justicia, la solidaridad y la libertad” (CDSI, n. 433).

“El derecho se presenta como instrumento de garantía del orden internacional, es decir, de la convivencia entre comunidades políticas que individualmente buscan el bien común de sus ciudadanos y que colectivamente deben tender al de todos los pueblos, con la convicción de que el bien común de una Nación es inseparable del bien de toda la familia humana” (CDSI, n. 434).

2Fin y fundamento de la comunidad internacional

La Iglesia nos enseña que la comunidad internacional no es una simple agrupación de Estados soberanos unidos por intereses comunes y extrínsecos, sino una familia global que se encuentra en la común dignidad humana, y se orienta al bien común universal:

“La centralidad de la persona humana y la natural tendencia de las personas y de los pueblos a estrechar relaciones entre sí, son los elementos fundamentales para construir una verdadera Comunidad Internacional, cuya organización debe orientarse al efectivo bien común universal” (CDSI, n. 433).

No obstante esta aspiración, común a todas las personas, la praxis social y política dista mucho de lograrlo. La Iglesia revela los motivos:

“A pesar de que esté ampliamente difundida la aspiración hacia una auténtica comunidad internacional, la unidad de la familia humana no encuentra todavía realización, puesto que se ve obstaculizada por ideologías materialistas y nacionalistas que niegan los valores propios de la persona considerada integralmente, en todas sus dimensiones, material y espiritual, individual y comunitaria” (CDSI, n. 433).

3Repensar las autoridades internacionales

Consciente de las crisis internacionales provocadas por el descuido del bien común universal, la Iglesia propone la constitución de autoridades internacionales destinadas a salvaguardar el derecho internacional y a evitar el que prevalezca ‘la ley del más fuerte’ (Cf. CDSI, n. 439). Lógicamente, estas deben contar con legitimidad moral y con un andamiaje jurídico vinculante, a fin de garantizar su eficacia.

4La soberanía del Estado

Una concreción de tal aspiración a una común-unidad internacional, supone el respeto a la soberanía de cada Estado. Esta se constituye como pilar fundamental del concierto mundial. La Iglesia reconoce su valor al señalar que “el Magisterio reconoce la importancia de la soberanía nacional, concebida ante todo como expresión de la libertad que debe regular las relaciones entre los Estados. La soberanía representa la subjetividad de una Nación en su perfil político, económico, social y cultural” (CDSI, n. 435).

El caso Venezuela…

La dictadura Chavista, llevada por el ex presidente Maduro al extremo de la pauperización social, resulta intolerable y a todas luces abusiva e injusta; razón por la que cabe considerar la ayuda internacional que de manera coordinada (no unilateral) y legal (sujeta a derecho) se debe brindar al pueblo venezolano en función del bien común. Ayuda fundada en los principios de la subsidiariedad y la solidaridad; ayuda con el rostro humano de la caridad cristiana; ayuda respetuosa de la soberanía del Estado; ayuda despojada de protagonismos mesiánicos y de cualquier interés ajeno al bien del pueblo que es, como señaló el Papa León XIV, es el que “debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración”, empezando por no sucumbir a los intereses económicos y de poder que brinda la coyuntura.-

Luis Carlos Frías – publicado el 07/01/26-Aleteia.org

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