Nuevamente, la ancianidad (I)
Además de resentir la terrible censura que ocurre en la prensa escrita, eso sí circulan los periódicos y aprendemos a leer entre líneas

Gloria Cuenca:
No se espanten amables lectores, seguidores y contradictorios lectores, al anunciar que escribiré sobre la ancianidad, una vez más; el tema no es de los más agradables, se que hay quien arruga las cejas, con preocupación, y se pregunta: ¿por qué se empeña esta señora en hablarnos de la ancianidad? Pienso en mis hijos y mis nietos; creo que alguien debe prepararlos para esta edad. Claro, ¡una maravilla, gran éxito, tener 85 años! también, ¡ complicado y difícil aceptar todo lo que esta edad implica!
Tengo una gran memoria, a Dios y a la Virgen lo agradezco además, a mi genética. Mi madre, (QEPD) hasta que se enfermó, también la tuvo. Eso permite que tenga recuerdos desde muy temprana edad. Acababa de cumplir 4 años, en diciembre de 1944, recuerdo con claridad, la Navidad. El gran árbol lleno de luces y toda clase de adornos que se puso en mi casa. Los regalos llegaron el 25. Pero, ocurrió algo complejo y, esto me produjo una gran decepción: mi hermano Raúl, casi 2 años mayor que yo, descubrió la inexistencia de San Nicolas, así le decíamos. No se conformó con saberlo, me lo contó a mí, y además, me demostró que lo que decía era la verdad. Descubrió el escondite donde papá había puesto los regalos. Me llevó con cuidado y me los mostró. El día 25, al amanecer y ver los mismos regalos no tuve más dudas: ni San Nicolas venía, ni los regalos los traía él. Eran nuestros padres quienes hacían sus veces. Fue una desilusión fuerte. Raúl, decidió confrontar a nuestra madre. Lo hizo y ella, entre sorprendida y temerosa, lo admitió. Nunca nos decía mentiras cuando se trataba de algo atinente a nuestra vida. Así fue siempre sincera y dispuesta a aclarar lo que fuera, por el bienestar de todos, y convencida de que, las verdades hay que asumirlas.
Insisto en reseñar cuestiones de mi historia, que están vinculadas a la historia de Venezuela. Tal vez por el sitio donde vivía, o por la manera de ser de mis padres, o por las dos cosas, estoy marcada, creo que positivamente, por una gran cantidad de sucesos ocurridos en mi infancia.
Cuando empezó el año de 1945, trascendental para la humanidad porque terminó la Segunda Guerra Mundial. También en lo personal fue una año complejo, en abril se murió mi abuela paterna, a quien queríamos mucho, vivía con nosotros desde siempre. Una tía, muy amada y querida, que también vivía con nosotros, decidió irse con otras parientes. Mi hermano y yo tuvimos 2 grandes vacíos, unas pérdidas terribles. En noviembre murió mi abuelo paterno, en Maracaibo. Estaba lejos y no nos dimos mucha cuenta. La tristeza y el dolor de papá la sentimos y estuvimos con él, fue terrible verlo sufrir de esa manera.
También, se trató de un año decisivo para nosotros los venezolanos, como país. Se venció el período constitucional al General Isaías Medina Angarita y el candidato unitario Dr. Diógenes Escalante se enfermó repentinamente, de la mente. Se ocasionó así, lo que el colega Oscar Yánez llamaba el “imprevisto en la historia de Venezuela”. Se designó al Dr. Ángel Biaggini, y contrariamente al Dr. Escalante, no tuvo aceptación. Se produjo , consecuencia de esto, el golpe de estado del 18 de octubre de 1945. Nosotros vivíamos muy cerca de Miraflores, de Piñango a Llaguno 7-1, de manera que vivimos la situación de cerca. Fue espantoso. Escondidos debajo de las camas, único resguardo, el tableteo que no cesaba, después supe era una ametralladora, gritos, disparos, toda clase de ruidos. Mi padre muy angustiado, pues su hermano el Dr. Héctor Cuenca era Gobernador del Zulia. No se podía comunicar con él. No había noticias de su situación. Se supo al fin que había sido hecho preso, estaba vivo, ¡Gracias a Dios!.
Al calmarse la situación política mi padre, muy afectado por la muerte de sus dos padres, decretó, luto de por vida, en familia. Así más nunca volvió a usar corbata de color, sino corbatas negras y decidió no festejar la Navidad, ni el año Nuevo, bajo ningún concepto. Por eso, lo recuerdo siempre, con la corbata negra.
Transcurren 3 años, y vuelta la historia del “cup d’ etat” el 24 de noviembre de 1948. Ya tengo 8 años, recuerdo con claridad lo ocurrido. La angustia, la plomazón, los gritos destemplados y todo lo que acompaña a esa situación. Es mucho más violento que el del 45; nosotros seguíamos viviendo cerca de Miraflores. Papá se da cuenta de que corremos peligro. Nos vamos a las Delicias de Sabana Grande, casa del “tío Arturo”. (No tengo muy claro, quien es el tío Arturo. Su casa es grande, acogedora y segura, allá nos trasladamos hasta que pasa el peligro). Se instaura una dictadura de corte claramente militar, aún cuando en compañía de algún civil que los acompaña.
No hay libertad de expresión. La prensa y la radio están censuradas. En 1950, se inicia por horas, las primeras transmisiones de la televisión, que por supuesto también está censurada. Como pueden darse cuenta, recuerdo claramente lo ocurrido. Además de resentir la terrible censura que ocurre en la prensa escrita, eso sí circulan los periódicos y aprendemos a leer entre líneas. Así , queridos y amables seguidores y contradictorios lectores, llegué a la adolescencia y la juventud, en plena dictadura militar del General Pérez Jiménez. Continuaré…




