Lecturas recomendadas

Unos a otros: El amor que hace camino

Rosalía Moros de Borregales:

En el recorrido que hemos hecho en los 6 episodios anteriores de esta serie “Unos a otros” profundizamos en esta frase usada por Jesús y su apóstoles para describir el amor entre los cristianos; frases que revelan formas de expresar el amor en diferentes circunstancias y estados del alma. “Unos a otros” no es una consigna aislada ni tampoco una exhortación ocasional. Es un lenguaje que atraviesa todo el Nuevo Testamento como un pulso vivo, recordándonos que la fe cristiana no se vive en soledad, sino en relación; relación entre personas reales, frágiles y diversas, invitadas a aprender las diferentes manifestaciones del amor en el camino compartido. Este amor no se impone, se aprende. No solo se proclama, se encarna. Y, sobre todo, se cultiva en lo cotidiano, allí donde la convivencia revela tanto nuestras luces como nuestras sombras.

 

Amaos unos a otros: el origen del camino

I Juan 4:19

“Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.”

 

Todo comienza con el amor recibido. No en un esfuerzo humano, sino en la experiencia maravillosa de haber sido amados primero. Desde allí brota la posibilidad de amar al otro. El “unos a otros” nace cuando comprendemos que no damos lo que no hemos recibido, y que amar es, ante todo, es una respuesta que nace de la gratitud de haber sido amados primero.

 

Amaos unos a otros: El amor como decisión

Juan 13:34

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros: como yo os he amado, que también os améis unos a otros.”

 

El amor que Jesús propone no se queda en la emoción. Se convierte en mandato, no como imposición, sino como la dirección que Él señala a nuestro corazón. Amar es una elección que se renueva cada día. Una decisión consciente y obediente sostenida en el tiempo por la comunión con el Espíritu Santo, inspirada en la Palabra de Dios y afirmada por su gracia. En la decisión el amor deja de ser un ideal inalcanzable, un sentimiento que se extingue, una emoción inestable, para convertirse en camino concreto, marcado por la imitación de Cristo.

 

Perdonándoos unos a otros: El amor herido que sana

Colosenses 3:13

“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”

 

Donde hay relación puede haber herida. Y donde hay herida, el amor necesita perdón para no quebrarse. Perdonar no borra la memoria, pero la redime; no niega el dolor, pero lo entrega a la gracia. El perdón abre espacio a la restauración; es necesario verbalizar el perdón, tanto de parte de quien pide perdón, como de quien perdona. Además, es ineludible el proceso de restauración. No podemos pretender que, habiendo causado una herida, solo vamos a pedir una disculpa y perseverar en un comportamiento ofensivo. El acto de pedir perdón y de perdonar es una responsabilidad, un compromiso de restituir el daño causado.

 

Consolaos y animaos unos a otros: El amor que acompaña

I tesalonicenses 5:11

“Por lo cual, consolaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.”

Hay momentos en que el amor no tiene respuestas, pero sí presencia. Consolar es quedarse, es estar al lado del otro aunque te separen miles de kilómetros de distancia. Consolar es sostener la esperanza del otro cuando la propia se debilita. Edificar es construir en el alma del otro el fundamento de su fe a través de la Palabra de Dios. A veces consolar es guardar silencio, mientras te pones en la brecha por el otro a través de la intercesión persistente.

 

Sobrellevad las cargas los unos de los otros: El amor que se compromete

Gálatas 6:2

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”

El amor cristiano no observa el dolor desde la distancia. Se inclina, se acerca y camina junto al otro cuando la vida pesa. Sobrellevar cargas no es resolverlas, sino compartirlas. Compartir tiempos de oración con el otro es un acto de amor invaluable; mediante la oración Dios manifiesta su gracia, fortalece las rodillas endebles y sana los corazones abatidos. Todos en algún momento de nuestras vidas nos sentimos débiles y necesitamos el apoyo espiritual de otros.

 

Soportándoos unos a otros: El amor que permanece

Efesios 4:2

“Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.”

La vida cristiana va mucho más allá de una práctica religiosa; Jesucristo vino a enseñarnos a vivir de acuerdo a los principios del Reino de los cielos. En el sentido clásico soportar es sostener una estructura pesada para evitar que se derrumbe. A lo largo de la historia este concepto referente al mundo físico o material comenzó a usarse de forma metafórica para expresar una situación emocional o en el sentido más amplio psicológica y/o espiritual, como sostener una situación difícil, dar soporte al estado de ánimo de una persona en circunstancias adversas y, aún más, tolerar, llevar con longanimidad sus diferentes estados anímicos.

 

El fruto del camino recorrido unos con otros

Cuando el “unos a otros” se vive con amor, perdón, consuelo, compromiso y paciencia nace una comunidad auténtica, una familia unida, un matrimonio indisoluble, una amistad que perdura en el tiempo. El mundo no reconocerá a Cristo en nosotros por la ausencia de conflictos, sino por la presencia de un amor que persiste. Un amor que hace camino, que sostiene la unidad y que refleja en las acciones el corazón de Dios. Este es el llamado final, no caminar solos, no dejarnos a mitad del recorrido, sino aprender a permanecer. Porque en ese permanecer cotidiano, humilde y amoroso, el amor se vuelve testimonio de fe y el “unos a otros” se convierte en vida.

“Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.”

Efesios 4:3.

Rosalía Moros de Borregales

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