Lecturas recomendadas

El periodismo no es sólo contar lo que pasa, es impedir que el miedo imponga el silencio y que el poder compre o distorsione la realidad

"El periodista representa un compromiso cívico. No es sólo quien cuenta; es quien responde ante la sociedad de la verdad de lo que cuenta", expresó Joaquín Manso, director de El Mundo

Discurso íntegro de Joaquín Manso, director de EL MUNDO, en la entrega de los Premios de Periodismo de este diario a Emma Tucker y Laurent Richard

Majestad,

Su presencia hoy aquí nos ayuda a avivar el entusiasmo. Entusiasmo como energía cívica para sostener la democracia. Le agradezco a Usted su contribución y su compromiso en la configuración de la modernidad constitucional a través de la influencia de la Corona de España. Para todos los que hacemos EL MUNDO, es un orgullo que hoy nos vuelva a acompañar.

Saludo a los dos protagonistas, que son dos de los grandes periodistas de nuestro tiempo, Emma Tucker y Laurent Richard, premios Internacionales de EL MUNDO 2025.

Permítanme también que dedique este acto a nuestro queridos compañeros Fernando Lázaro y Javi Cid, que fallecieron, tan jóvenes, en 2025.

Agradezco mucho a Tomás Marco, el director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que ejerza como anfitrión en este escenario que es una de las cunas de la Ilustración en España. Precisamente el periodismo surgió para servir a las grandes causas de la libertad y de la razón y, por lo tanto, a la primacía de la verdad en la vida pública.

Hace poco, este edificio acogió una exposición sensacional, la de la colección completa de los grabados de Goya. Esa rebelión de la razón de Goya hace lo mismo que promete el periodismo moderno cuando nace: sacar a la luz la verdad que el poder preferiría ocultar y entregársela a la sociedad a través de un ejercicio crítico. Ese fue el despertar de la conciencia en España.

De todos los Caprichos de Goya, con seguridad el más conocido es el número 43, El sueño de la razón produce monstruos, que podría ser una alegoría de este momento histórico. El desorden geopolítico de hoy, cada uno de nuestros desórdenes internos, es inseparable del desorden informativo. No por casualidad la degradación de las democracias coincide con las peores estadísticas de asesinatos o ataques a periodistas. Una democracia no puede existir sin confianza, y la confianza se construye sobre los hechos verificados que crean una realidad compartida por encima de posicionamientos preconcebidos. Este es el fundamento de la convivencia.

No se trata solo de lamentar las injerencias de desinformación de Gobiernos autoritarios o industrias perversas, sino de advertir de que las mentiras y las estrategias de polarización de los Gobiernos democráticos son, cada vez con mayor frecuencia, la luz roja que anticipa su desprecio por las normas e instituciones.

Las mentiras vuelan más rápido que los hechos a través de las plataformas digitales, y todavía más rápido se propagan los conflictos, el miedo y el odioLa democracia corre el riesgo de convertirse en un mercado de impulsosSe abre paso la cultura política de la imposición y el autoritarismo.

En ese contexto, el periodista representa un compromiso cívico. No es sólo quien cuenta; es quien responde ante la sociedad de la verdad de lo que cuenta. La información es contrapoder, es moderación y estabilidad, es claridad y esperanza. Es nuestra función social y nuestro servicio público. En un entorno que prescinde de los estándares y la ética, el periodismo los sigue defendiendo. ¿Qué influencer, qué algoritmo, qué nueva tecnología, arriesgaría su libertad o su propia vida junto al campo de batalla para contar la verdad? Los periodistas lo hacen.

Estos premios internacionales de periodismo de EL MUNDO representan nuestro reconocimiento a la audacia y la asunción del riesgo como valores intrínsecos del mejor periodismo, que es el periodismo que crea conciencia moral porque toma posición frente a la arbitrariedad del poder y a favor de los ciudadanos y de las víctimas de las injusticias.

Han pasado 26 años desde que ETA asesinó a José Luis López de Lacalle. Ya son 24 desde que Julio Fuentes fue tiroteado en una curva de la carretera de Jalalabad a Kabul y en abril se cumplirán 23 desde que Julio Anguita Parrado fue alcanzado por un misil iraquí cerca de Bagdad. Los tres vivían el periodismo como un compromiso apasionado con la verdad y el recuerdo de su coraje cívico es una antorcha que ilumina nuestros pasos.

En el nombre de José Luis, de Julio Fuentes y de Julio Anguita Parrado, estos premios internacionales galardonan hoy a dos de los grandes periodistas de nuestro tiempo. En el jurado me acompañaron Ana Palacio, Silvia Román, Sandrine Morel, Nacho Torreblanca, Felipe Sahagún y Carlos Franganillo. La secretaria fue Maite Rico.

El premio Libertad de Prensa es para Laurent Richard, presidente y cofundador de Forbidden Stories, que encarna una de las intuiciones más necesarias del periodismo contemporáneo: que la verdad no es un atributo individual, sino una tarea colectiva. Forbidden Stories es un consorcio transnacional capaz de continuar, completar y publicar investigaciones que el terror, la intimidación o el asesinato pretendían silenciar. Más de 230 periodistas usan a diario su caja de seguridad para poner a salvo sus descubrimientos.

Forbidden Stories nos enseña que el periodismo no es sólo contar lo que pasa; es impedir que el miedo imponga el silencio, y que el poder compre o distorsione la realidad compartida. Sus investigaciones han posibilitado la identificación de criminales, la protección de reporteros y la denuncia de redes de corrupción.

Estamos muy orgullosos de ti. Enhorabuena, Laurent Richard.

El premio a la mejor Labor Periodística es para Emma Tucker, británica con conciencia europea y visión global. Cuando asumió la dirección del The Wall Street Journal no sólo rompió un techo histórico, otro, al convertirse en la primera mujer al frente de una cabecera centenaria; introdujo, sobre todo, un concepto de autoridad a través de la audacia, la disciplina y la valentía serena. Esa autoridad se prueba cuando el poder aprieta. Y Tucker la ha probado sosteniendo a su redacción en episodios de máxima presión política y reputacional, defendiendo la publicación de investigaciones sensibles, como la serie sobre Elon Musk que le valió el Pulitzer en 2025, incluso ante amenazas y litigios de alto voltaje. El mensaje que transmite es inequívoco para cualquier redacción democrática: la credibilidad se construye el día que decides no retroceder. En tiempos de polarización y de cinismo, su liderazgo recuerda que el periodismo todavía puede ser una forma de templanza y, precisamente por eso, de fortaleza.

Estamos muy orgullosos de ti. Enhorabuena, Emma Tucker.

El sueño de la razón produce monstruos. Como cuando Goya dibujó ese grabado, nuestras sociedades se están reorganizando conforme a nuevos valores. Vivimos en pleno proceso de destrucción creativa. También el periodismo debe decidir qué quiere ser en esta era: si un actor más de la confusión o la institución que ayuda a recomponer el mundo común y contribuye a integrar en el tiempo que llega lo mejor de nosotros mismos, la tolerancia, los derechos humanos, la democracia, a través de nuestro compromiso con la rebeldía de la razón y la primacía de la verdad. Ni más ni menos. Es la hora, de nuevo, del despertar de la conciencia.-

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