Venezuela

Oscar Olivares teje la identidad de Guayana en un mosaico monumental de 36 mil tapas plásticas en la UCAB

El artista venezolano está por culminar su primera obra en el oriente del país, un mural de 24 m² que captura la esencia de la región, desde la mujer indígena hasta la fuerza de sus ríos, transformando desechos en un llamado a la conciencia ambiental y al arte como expresión de identidad.

Bajo la luz característica de Ciudad Guayana, un milagro de color y conciencia toma forma en el corazón de la Universidad Católica Andrés Bello. El reconocido artista venezolano Oscar Olivares y un ejército silencioso de voluntarios de la casa de estudios y la comunidad han dado vida, a lo largo de tres semanas de trabajo, al primer gran mural ecológico del oriente del país: una obra de 8 metros de ancho por 3 de alto, confeccionada con aproximadamente 36 mil tapas plásticas recolectadas y clasificadas por la comunidad ucabista.

Más que un adorno, el mural se erige como un testimonio tangible de lo que sucede cuando el arte, la ecología y la identidad local convergen con un propósito común.

La génesis del proyecto se remonta a casi un año, tras el impacto de los murales que Olivares realizó en la sede de la UCAB Caracas a principios de 2025. La invitación a replicar esa magia en Guayana floreció en un concepto claro: honrar los símbolos fundacionales del sur de Venezuela.

“Lo más relevante de esta obra no es que un artista ha venido a hacerla, sino que es el producto de un trabajo en equipo por semanas de cientos o miles de personas”, afirmó Olivares, subrayando el espíritu colaborativo que define el proyecto.

Un lienzo de plástico que narra la región

La composición es un viaje visual por la iconografía guayanesa. En el centro del mosaico, se alza la figura de una mujer indígena, eje espiritual de la pieza. A su derecha, la silueta imponente del Salto Ángel emerge entre patrones geométricos que rinden tributo a la artesanía ancestral.

Flanqueando la escena, dos orquídeas en tonos rosados, demuestran una maestría cromática que desafía las limitaciones del material. En el sector izquierdo, aún en proceso al cierre de esta edición, se plasmará la majestuosa unión de los ríos Caroní y Orinoco, culminando con las tres colmenas que simbolizan a la UCAB.

Para Olivares, la inspiración no fue un ejercicio de escritorio, sino una experiencia sensorial. Visitas a los parques La Llovizna y Cachamay lo enfrentaron con la fuerza hídrica única de la zona.

“Si bien he podido viajar mucho por el mundo, hay algo acá que no se compara con nada en el planeta. Esa abundancia, esa fuerza del agua…”, reflexionó el artista, quien dibuja un paralelismo entre la identidad guayanesa y la de otros pueblos moldeados por su geografía, como los napolitanos con el volcán Vesubio. “Esos movimientos del agua son parte, consciente o inconscientemente, de la forma de ser de las personas aquí”.

“El mayor reto es la organización, no el diseño”: La colosal logística detrás de la belleza

Detrás de la aparente fluidez artística yace un desafío titánico de planificación. Olivares es enfático: la complejidad mayor no reside en el trazo, sino en la logística. “El mayor reto siempre es la organización: tener todas las tapas, separarlas por color, garantizar la cantidad exacta de cada tono. Eso es lo más complejo”, explicó. Este reto fue asumido meticulosamente por la UCAB Guayana, que implementó una campaña de recolección documentada semana a semana en redes sociales, generando una competencia sana que entusiasmó a la comunidad.

La respuesta fue abrumadora. Se recolectaron muchas más tapas de las necesarias, dejando un excedente que ya germina ideas para futuras intervenciones. “Agradezco tremendamente a la universidad y a todas las personas que han sido parte de esta organización para hacerlo posible”, destacó el artista.

De la curiosidad a la apropiación: Un mural que pertenece a la ciudad

Desde el primer día, el proceso creativo se transformó en un espectáculo cívico. Estudiantes, profesores, personal administrativo y transeúntes se detenían a observar, preguntar y, en la actividad “Pega una tapita con Oscar Olivares”, a participar realizada este lunes, en la que todo el público presente pudo contribuir pegando una pieza en el mural.

“Esta es una obra para toda la ciudad, y la idea es que todas las personas puedan venir a disfrutarla, a analizarla, a contemplarla”, afirmó Olivares, quien celebra que el arte escape de las galerías para integrarse a la cotidianidad.

Esta apropiación es el primer paso del verdadero objetivo: un cambio de mentalidad. “Esta obra nos invita a cambiar nuestra visión, a ver oportunidades en lo sencillo. Que aquello que vemos como basura puede transformarse”, señaló. El mensaje ya cala: algunos voluntarios de la recolección han adoptado el hábito de separar residuos en sus hogares.

“Venezuela es el color de mis obras”: Proyección global con raíces en el trópico

Con una carrera que lo ha llevado a exponer en Francia e Italia, Olivares sostiene que su esencia creativa es irrevocablemente venezolana. “Para mí, Venezuela es el color de mis obras”, declaró, atribuyendo su audacia cromática a la paleta vibrante del paisaje, la fauna y el legado de maestros cinéticos como Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez. Su éxito internacional, que ahora atrae proyectos del exterior, lo enorgullece porque demuestra que “lo que creamos en nuestro país puede tener un impacto global” sin necesidad de desarraigarse.

Al referirse a Guayana, Olivares dirigió una reflexión cargada de fe en el potencial local. “He llegado a una ciudad con bellezas naturales únicas y un potencial tremendo en su gente. Los invito a verse a sí mismos, a reconocer sus capacidades y a transformarlas al máximo. Estamos en una ciudad que tiene todo para ser una de las principales de Venezuela y de Latinoamérica”.

Aunque no hay un próximo proyecto confirmado, el entusiasmo generado y el material sobrante dejan la puerta abierta. El mural de tapas, más que un punto final, es un punto de partida: una semilla de conciencia ambiental y orgullo regional plantada en el campus, que invita a Guayana a ver su propio reflejo, no en el acero o el mineral, sino en el color transformador de un futuro posible.-

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba