Para los venezolanos la riqueza no se mide en barriles de petróleo, sino en ausencias
Si el petróleo se mide en barriles, la verdadera riqueza de Venezuela se cuenta hoy en ausencias. Para entender la magnitud del “recurso” que la nación ha perdido, basta con mirar los datos del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur)

“No creas que fue fácil dejarte ir”. Esa es parte de la letra de la canción Te veo, del cantante venezolano Andrés Lazo, conocido como Lasso. Un tema que habla de desamor y la ruptura de un noviazgo, pero cuyo significado ha sido adaptado a su propia vivencia por los migrantes venezolanos, quienes tuvieron que irse del país y ya no pueden estar cerca de sus seres queridos.
La canción ha tomado mayor relevancia para la diáspora venezolana en el contexto político actual. Tras la incursión militar de Estados Unidos, que culminó con la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, en las redes sociales se estableció la narrativa que insistía en que el verdadero interés del Gobierno estadounidense era el petróleo.
No obstante, esta discusión económica ha servido de catalizador para un desahogo colectivo mucho más profundo. También en redes sociales surgió una tendencia titulada “el verdadero petróleo que me robaron”, donde los migrantes venezolanos, utilizando la canción de Lasso, manifiestan cuál ha sido la pérdida más dolorosa para ellos en más de una década de gobierno madurista.
Mientras el mundo discute sobre barriles de crudo y geopolítica, el venezolano grita que su verdadera riqueza expropiada no fue el dinero, sino la cercanía física con los suyos.
El “te veo” de Lasso pasó a representar la vida a través de pantallas y la soledad. En los clips y mensajes que comparten ciudadanos en redes sociales, el mensaje común es sobre un daño irreparable: el tiempo de vida y afecto que se perdió en la distancia y que, a diferencia del petróleo, nunca se podrá recuperar.
Celebraciones familiares, cumpleaños, viajes en grupos de amigos, duelos y todo el compartir con seres queridos es lo que muchos de estos videos recuerdan, haciendo uso del popular tema del artista venezolano.
Y como estos videos, también están los testimonios de quienes no lo publican, pero lo cuentan en confianza con sus conocidos. Tal es el caso de José*, que vive en Denver (Colorado) en Estados Unidos. José recorrió la peligrosa selva del Darién hace dos años, cuando apenas estaba comenzando sus veintes. Pudo comerse su primera y única hallaca de la temporada justo el 3 de enero, cuando capturaron a Maduro, porque se la obsequió otro venezolano en un restaurante en el que trabaja como mesonero.
En un grupo de WhatsApp, José celebró con sus conocidos Navidad y Año Nuevo en la distancia, porque toda su familia se quedó en Charallave, estado Miranda, repitiendo a cada momento que lo más que anhelaba era comerse una hallaca con pan de jamón y “un trago de ron venezolano”. En ese grupo, comentaba, a propósito del 3 de enero, “ojalá hubiese tenido al menos petróleo para comer durante los años 2016 y 2018, porque muchas veces venía a estudiar en la universidad en Caracas con solo una arepa, alguna verdura y mangos en el estómago”.
Identidad y duelo
Para el ciberactivista Luis Carlos Díaz, el fenómeno digital de “el verdadero petróleo que me robaron” representa una poderosa resignificación de la cultura pop, donde las audiencias se apropian de los contenidos y los convierten en lo que necesitan para tramitar su realidad.
En entrevista con Runrun.es, Díaz explica que, aunque la canción Te veo de Lasso -a quien destaca por ser un artista venezolano que conecta muy bien con su público- nació como un tema de despecho amoroso, para el venezolano se ha transformado en un “duelo del yo, del nosotros, de lo perdido”, permitiendo que el sentimiento de “dejarte ir” se traduzca en el dolor de abandonar el país y el propio proyecto de vida.
Este análisis profundiza en que la pérdida no es solo de quienes se fueron, sino de toda una generación marcada por el trauma histórico del chavismo y la crisis económica. “Lasso dice ‘no creas que fue fácil dejarte ir’, y yo digo qué es el dejarte ir: es dejar ir el proyecto de vida, que eso es más importante que muchas cosas, dejar a la familia, dejar el terreno, dejar el idioma, dejar la comida. Es un conjunto de cosas que construyen tu identidad”, explicó Díaz.
En este sentido, el trend funciona como un registro histórico y un inventario personal de las vidas que fueron desgarradas por el contexto político y permite a los ciudadanos a conciliar los duelos de las cosas que no pudieron ser.
Frente al fenómeno del venezuelasplaining, en el que voces extranjeras analizan la captura de Nicolás Maduro con agendas geopolíticas centradas únicamente en el crudo, este movimiento surge como una respuesta humana y necesaria.
Díaz destaca que, mientras el mundo habla de Venezuela “con distancia, con frialdad y con sus propias agendas personales”, y ponen de relieve en el debate los recursos naturales, los venezolanos utilizan estas plataformas para decir “hey, ya va, pero es que yo tengo una historia”, reivindicando así su existencia y su derecho a contar su propio punto de vista frente a la mirada distante del resto del planeta.
Además, Díaz resalta la estética de la humildad que predomina en estos videos, la cual rompe con la “perfección” habitual en las redes sociales, en las que se suele mostrar y se reconoce únicamente el éxito y la ostentación. Al publicar casas sencillas, mesas familiares y celebraciones convencionales, la gente está honrando sus orígenes. Para Díaz, este acto de mostrar el “pequeño nido” tiene un valor gigante, porque permite a los venezolanos reivindicar su identidad y honrar de dónde vienen, independientemente de los golpes sufridos en el proceso migratorio o la crisis interna.
El ciberactivista también enfatiza en que esta tendencia no es solo de la diáspora, sino también de aquellos que viven dentro del país y vieron a sus familias separarse, parejas que rompieron por la distancia y proyectos de vida -como tener hijos- que no pudieron darse debido a la crisis.
“Esto también le dañó los proyectos de vida posible a mucha gente desde el bolsillo (…) Entonces, sí, ‘no creas que fue fácil dejarte ir’ es la idea a la que tú te aferras sobre quién vas a ser y cómo vas a llegar allá”, profundiza el ciberactivista.
El inventario del vacío: Las cifras del éxodo
Si el petróleo se mide en barriles, la verdadera riqueza de Venezuela se cuenta hoy en ausencias. Para entender la magnitud del “recurso” que la nación ha perdido, basta con mirar los datos del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).
Las cifras oficiales confirman que al menos 7.9 millones de venezolanos abandonaron el país desde 2014, lo que representa por lo menos el 25% de la población total. Esta diáspora representa el éxodo más grande en la historia moderna del hemisferio y uno de los mayores del mundo, equiparable a crisis migratorias provocadas por conflictos de guerra.
Esta diáspora no se ha dispersado uniformemente, sino que se ha concentrado mayoritariamente en América Latina y el Caribe, creando nuevas geografías familiares:
● Colombia se ha convertido en el principal receptor de este capital humano, albergando a cerca de 2.9 millones de venezolanos.
● Perú sigue en la lista con más de 1.5 millones y es el país con mayor número de solicitantes de la condición de refugiado.
● Otros destinos clave como Brasil, Ecuador y Chile suman combinados más de un millón y medio de vidas reasentadas.
● Fuera de la región, España y Estados Unidos han visto crecer exponencialmente sus comunidades venezolanas, convirtiéndose en nuevos centros neurálgicos de esta nación global.
Muchos migrantes cruzan por trochas, viven en situación irregular o no están registrados en los censos gubernamentales, lo que sugiere que la “fuga” real podría ser una cifra aún más alta de la que se tiene registro.
Detrás de cada número en estas estadísticas hay una de esas familias fragmentadas que hoy usan la canción de Lasso. Estas cifras no solo representan un cambio demográfico, sino una reingeniería forzosa de la sociedad venezolana, donde la estructura familiar tradicional ha sido sustituida por la “familia transnacional”, unida únicamente por el hilo invisible de la tecnología.-
Imagen referencial: Adriana Loureiro | The New York Times




