Opinión

Deus ex Machina en Venezuela

A menudo, cuando la historia parece haberse atascado en una calle ciega, acontece la aparición inesperada de un personaje, objeto, acción, habilidad o evento inverosímil

Bernardo Moncada Cárdenas:

«Deus Ex Machina, del latín, significa “el dios [que baja] de la máquina,” y es un recurso que existe desde los tiempos del teatro griego… Eurípides popularizó la técnica. Sus tragedias ponían a los personajes en situaciones desconcertantes; se esforzaban por resolver sus dilemas para ser salvados de la derrota en el último momento por algún tipo de efecto especial.» J. Karison

El 1 de enero, todavía los tradicionales abrazos de Año Nuevo en Venezuela permanecían tibios. Nicolás Maduro había prometido en un mensaje de fin de año que el país estaba “seguro y protegido frente a amenazas imperiales”, prometiendo que en 2026 se consolidaría el desarrollo técnico y militar del país hacia una “independencia irreversible”.

El dólar oficial saltó a más de 300 Bs, y los venezolanos salían de la temporada de fiestas pensando -en ritual de cada enero- como costear los próximos gastos con la bolsa vaciada por diciembre. Una que otra noticia removía el estancamiento político que aparentemente desestimaba las bravatas del presidente americano.

Maduro expresó que 2025 había sido “el año del consenso más amplio y firme en la historia republicana de Venezuela”, mostrándose satisfecho con el letargo nacional, mientras la lenta cadena de excarcelaciones de presos políticos no conseguía sanar la desesperanza que los sucesivos fracasos de una dirigencia opositora centrada en sí misma reforzaban.

Este año vería cumplirse 27 años de hegemonía del PSUV, apenas turbados por virulentas y multitudinarias protestas, un fracasado golpe de estado y la muerte de su líder carismático. Nada prometía un cambio. Ese 1 de enero de 2026, Venezuela conmemoraba 50 años de la Nacionalización de la Industria Petrolera, mientras continuaba una tensión que ya se hacía habitual en los venezolanos.

El mar territorial seguía cercado por la imponente flota que, fuera de los eventuales ataques a pequeñas embarcaciones de supuestos contrabandistas de drogas, seguía a la espera, cual gigantes cetáceos flotando anclados para siempre. Una anormalidad que parecía habitual.

Por ello nadie esperaba las noticias con que amaneció el día 3, los fulminantes ataques sobre puntos de la capital y estados cercanos, la repentina información de la captura y traslado de quien, horas antes, se ufanaba de estar “seguro y protegido frente a amenazas imperiales”.

A menudo, cuando la historia parece haberse atascado en una calle ciega, acontece la aparición inesperada de un personaje, objeto, acción, habilidad o evento inverosímil. Para nosotros, audiencia aturdida ante la perpetuación de un mal show, los estampidos que atronaron el cielo de la capital fueron como un truco del destino, el recurso teatral del Deus ex Machina.

Y el Deus Ex Machina es un suceso quizá oportuno, pero, aunque los antiguos espectadores del teatro griego y romano probablemente estaban fascinados con la espectacularidad del personaje bajando de lo alto, los críticos y el público teatral de hoy, más exigentes, se sienten más bien defraudados por la intromisión. Así mismo es el desencanto de quienes, en Venezuela, esperaban otro desenlace.

Por ahora, en nuestro caso, toca entender y comprender el fenómeno que ha irrumpido en el resignado letargo del día a día, informándonos de los hechos que condujeron a la irrupción y sus efectos, para incorporar el Deus ex machina a nuestra lógica, condición necesaria para participar en los sucesos a la medida de nuestras posibilidades.

Porque sea cual sea nuestro criterio, estamos ante hechos. Lo que pudo parecernos una artimaña tipo Deus ex machina es una realidad, cuyas consecuencias se desenvuelven frente a nosotros.

Obviamente, tras bastidores hay planes, estrategias que continúan enfrentándose en la arena del mundo; más que un acuerdo, hay un contrapeso de intereses y estos excluyen a varios que hasta ahora eran vistos como estrellas en el espectáculo.

A nosotros, a quienes en último término afectará la situación resultante, toca esperar en que el contrapeso de intereses impulse acciones en favor del bien común, que gestos como las excarcelaciones expresen una estable apertura a la libre expresión. ¿Podemos colaborar a que la pugnacidad que ha impedido un acuerdo en pro de una más sana vida política dé paso a un verdadero diálogo, donde propuestas y ópticas divergentes busquen puntos de encuentro más que la permanente discordancia, riesgo posible cuando la libre expresión está viciada por un entorno tan enrarecido?

Claro que sí. Y que Dios nos acompañe e ilumine en el camino que, tras aquel momento de Deus ex Machina, nos tocará transitar.-

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