León XIV reivindica la primacía de la verdad objetiva frente a la tentación del relativismo pastoral
Recuerda a la Rota Romana que la auténtica caridad exige fidelidad al derecho natural y al Magisterio de la Iglesia

León XIVrecibió este sábado en audiencia a los prelados auditores del Tribunal Apostólico de la Rota Romana, el máximo tribunal de apelación de la Iglesia católica, con motivo de la inauguración del Año Judicial. En un discurso de marcado carácter doctrinal, el Pontífice les instó a orientar su actividad judicial según los criterios de verdad y caridad, advirtiendo contra los riesgos de que «una compasión mal entendida» diluya la necesaria búsqueda de la verdad objetiva en los procesos canónicos, incluidos los de nulidad matrimonial.
En noviembre les dijo que «La misericordia no puede manipular la justicia en los procesos de nulidad» y hoy vuelve sobre la misma idea con otro enfoque.
«No se trata de dos principios opuestos, sino de dos dimensiones intrínsecamente unidas, que encuentran su armonía más profunda en el misterio mismo de Dios, que es Amor y Verdad», afirmó el Papa, quien tomó como eje de su reflexión la expresión paulina «Veritatem facientes in caritate» (Efesios 4, 15), que puede traducirse como «obrando la verdad en la caridad».
La tensión entre verdad objetiva y compasión pastoral
En su primer encuentro oficial con este tribunal desde su elección, León XIV abordó un «tema fundamental» que ha sido recurrente en los discursos papales a la Rota desde Pío XII hasta Francisco: la relación entre la actividad judicial y la verdad inherente a la justicia. Sin embargo, el actual Pontífice quiso profundizar en la «estrecha conexión entre la verdad de la justicia y la virtud de la caridad», subrayando que ambas no son valores a equilibrar según criterios meramente pragmáticos.
El Papa advirtió de que en el ejercicio de la actividad judicial «a menudo surge una tensión dialéctica entre las exigencias de la verdad objetiva y las preocupaciones de la caridad». Según señaló, existe el riesgo de que una «excesiva identificación con las vicisitudes a menudo problemáticas de los fieles» conduzca a una «peligrosa relativización de la verdad». «De hecho, la compasión mal entendida, aunque aparentemente motivada por celo pastoral, corre el riesgo de oscurecer la dimensión necesaria de determinación de la verdad propia del oficio judicial», advirtió.
Esta advertencia resulta particularmente significativa en los casos de nulidad matrimonial, donde, según el Papa, podría llevar a «decisiones pastorales que carecen de un fundamento objetivo sólido», aunque también se aplica a cualquier tipo de proceso, socavando su rigor y equidad. No obstante, León XIV también alertó del peligro contrario: «una afirmación fría y desapegada de la verdad que no tiene en cuenta todo lo que requiere el amor a las personas, omitiendo aquellas preocupaciones dictadas por el respeto y la misericordia».
«Colaboradores de la verdad» al servicio de la salvación de las almas
El Pontífice recordó a los prelados auditores que su labor debe estar siempre motivada por «aquel verdadero amor al prójimo que busca ante todo su salvación eterna en Cristo y en la Iglesia, lo cual implica la adhesión a la verdad del Evangelio». En esta línea, situó toda actividad jurídica eclesial bajo la perspectiva de la «salus animarum» (salvación de las almas) como ley suprema de la Iglesia, de modo que el servicio a la verdad de la justicia sea «una contribución amorosa a la salvación de las almas».
Citando a Benedicto XVI, quien eligió como lema episcopal las palabras de San Juan «colaboradores de la verdad», León XIV destacó la necesidad de «vincular la caridad con la verdad no solo en la secuencia señalada por San Pablo, de veritas in caritate, sino también en la secuencia inversa y complementaria de caritas in veritate». La verdad, explicó, «debe buscarse, encontrarse y expresarse dentro de la economía de la caridad, pero la caridad a su vez necesita ser comprendida, confirmada y practicada a la luz de la verdad».
Ética profesional y rigor en todos los operadores de justicia
El discurso papal dedicó especial atención a las exigencias éticas que deben regir el trabajo de todos los protagonistas en los procesos canónicos. León XIV insistió en que las acciones de jueces, promotores de justicia, defensores del vínculo y abogados deben estar «enteramente marcadas por un deseo genuino de contribuir a esclarecer la sentencia justa que debe alcanzarse, con rigurosa honestidad intelectual, competencia técnica y conciencia recta».
El Papa fue particularmente crítico con los enfoques meramente burocráticos: «Un enfoque puramente burocrático en un papel tan importante perjudicaría claramente la búsqueda de la verdad», afirmó en referencia a los promotores de justicia y defensores del vínculo. Asimismo, reclamó que los abogados que asisten a los fieles en la defensa de sus derechos actúen según un código ético riguroso, «protegiendo los intereses de las partes sin ir nunca más allá de lo que se considera correcto y de acuerdo con la ley en conciencia».
El Pontífice subrayó que los procesos canónicos deben inspirar la confianza que proviene de «la seriedad profesional, el trabajo intenso y reflexivo, y una dedicación convencida a lo que puede y debe percibirse como una verdadera vocación profesional». Los fieles implicados en procesos matrimoniales, acusados de delitos canónicos o reclamantes de derechos tienen derecho «al ejercicio adecuado y oportuno de las funciones procesales, porque es un camino que afecta a las conciencias y a las vidas».
Advertencias sobre el proceso breve de nulidad matrimonial
León XIV dedicó una mención específica al proceso breve de nulidad matrimonial ante el obispo diocesano, introducido durante el pontificado de Francisco. El Papa advirtió de que «la naturaleza prima facie del motivo de nulidad que lo hace posible debe juzgarse con mucho cuidado», sin olvidar que «debe ser el proceso mismo, debidamente implementado, el que confirme la existencia de la nulidad o determine la necesidad de recurrir al proceso ordinario».
En este contexto, el Pontífice reclamó «continuar estudiando y aplicando el derecho canónico sobre el matrimonio con rigor científico y fidelidad al Magisterio». Esta ciencia, señaló, «es indispensable para resolver los casos según los criterios establecidos por la ley y la jurisprudencia de la Rota Romana, que, en la mayoría de los casos, no hacen sino declarar los requisitos del derecho natural».
El juez como artífice de paz en la Iglesia
León XIV recordó a los jueces su «grave responsabilidad de determinar lo que es correcto, lo que es verdadero», citando palabras del magisterio anterior: «La justicia va de la mano de la paz y está permanente y activamente vinculada a la paz. La justicia y la paz buscan el bien de todos y cada uno, y por ello exigen orden y verdad. Cuando una está amenazada, ambas se tambalean; cuando se ofende a la justicia, también se pone en peligro la paz».
Desde esta perspectiva, afirmó el Papa, «el juez se convierte en un artífice de paz que contribuye a consolidar la unidad de la Iglesia en Cristo». El proceso judicial, continuó, no es en sí mismo «una tensión entre intereses contrapuestos, como a veces se malinterpreta, sino más bien la herramienta indispensable para discernir la verdad y la justicia en el caso». El carácter contradictorio del juicio, precisó, «es un método dialógico para determinar la verdad».
El Pontífice insistió en que el juez, manteniendo independencia e imparcialidad, debe resolver la controversia según los elementos y argumentos que surjan durante el juicio, sobre la base de las presunciones de validez del matrimonio y de inocencia del acusado hasta que se demuestre lo contrario. «El incumplimiento de estos principios básicos de justicia, favoreciendo una disparidad injustificada en el tratamiento de situaciones similares, es una violación significativa del perfil jurídico de la comunión eclesial», advirtió.
«Guardar la verdad con rigor, pero sin rigidez»
León XIV concluyó su discurso encomendando el trabajo de la Rota Romana a la intercesión de la Virgen María bajo la advocación «Speculum iustitiae» (Espejo de justicia), «modelo perfecto de verdad en la caridad». Antes de la oración final, el Papa sintetizó su exigencia a los prelados auditores: «Están llamados a guardar la verdad con rigor pero sin rigidez, y a ejercer la caridad sin omisiones. En este equilibrio, que es en realidad una profunda unidad, debe manifestarse la verdadera sabiduría jurídica cristiana».
El discurso de León XIV supone una llamada a la excelencia profesional y moral en el ejercicio de la justicia canónica, en un momento en que la Iglesia afronta numerosos procesos de nulidad matrimonial y causas penales de especial trascendencia pública. El Pontífice, quien agradeció al decano del tribunal su expresión de unión con el Sucesor de Pedro y extendió su gratitud a todos los tribunales eclesiásticos del mundo, reconoció que su propia experiencia en el ministerio de juez le permite «comprender mejor su experiencia y apreciar el significado eclesial de su tarea».
Discurso
DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PRELADOS DE LA ROTA ROMANA
CON OCASIÓN DE LA INAUGURACIÓN DEL AÑO JUDICIAL
Sala Clementina Lunes, 26 de enero de 2026
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con vosotros.
Excelencia, Queridos Prelados Auditores del Tribunal Apostólico de la Rota Romana:
En este, nuestro primer encuentro, quisiera ante todo expresar mi aprecio por vuestro trabajo, que constituye un valioso servicio para la función judicial universal que corresponde al Papa, y en la que el Señor os ha llamado a participar. «Veritatem facientes in caritate» (Ef 4,15): esta es una expresión que puede aplicarse a vuestra misión diaria en la administración de justicia.
Agradezco a Su Excelencia el Decano sus palabras, que expresan la unión de todos vosotros con el Sucesor de Pedro. Y mi agradecido pensamiento se extiende también a todos los tribunales eclesiásticos presentes en el mundo. El ministerio de juez, que he tenido la oportunidad de ejercer, me permite comprender mejor vuestra experiencia y apreciar el significado eclesial de vuestra tarea.
Hoy quisiera volver sobre un tema fundamental que ha sido dominante en los discursos dirigidos al Tribunal de la Rota Romana, desde Pío XII hasta el Papa Francisco. Se trata de la relación de vuestra actividad con la verdad que es inherente a la justicia. En esta ocasión, me propongo ofreceros algunas reflexiones sobre la estrecha conexión entre la verdad de la justicia y la virtud de la caridad. No se trata de dos principios contrapuestos, ni de valores que deban equilibrarse según criterios puramente pragmáticos, sino de dos dimensiones intrínsecamente unidas que encuentran su armonía más profunda en el misterio mismo de Dios, que es Amor y Verdad.
Esta correlación requiere una exégesis crítica constante y cuidadosa, puesto que, en el ejercicio de la actividad judicial, surge a menudo una tensión dialéctica entre las exigencias de la verdad objetiva y las preocupaciones de la caridad. A veces existe el riesgo de que una excesiva identificación con las vicisitudes, a menudo turbadas, de los fieles pueda conducir a una peligrosa relativización de la verdad. De hecho, una compasión mal entendida, aunque aparentemente motivada por celo pastoral, corre el riesgo de oscurecer la necesaria dimensión de averiguación de la verdad propia del oficio judicial. Esto puede suceder no solo en los casos de nulidad matrimonial –donde podría conducir a decisiones pastorales carentes de un fundamento objetivo sólido– sino también en cualquier tipo de proceso, socavando su rigor y equidad.
Por otra parte, puede darse a veces una afirmación fría y distante de la verdad que no tiene en cuenta todo lo que el amor a las personas requiere, omitiendo aquellas atenciones dictadas por el respeto y la misericordia, que deben estar presentes en todas las fases de un proceso.
Al considerar la relación entre verdad y caridad, una clara orientación nos la ofrece la enseñanza del apóstol Pablo, que nos exhorta: «Viviendo según la verdad en el amor, crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza, Cristo» (Ef 4,15). Veritatem facientes in caritate: no se trata simplemente de conformarse con una verdad especulativa, sino de «realizar la verdad», es decir, una verdad que debe iluminar toda acción. Y esto debe hacerse «en la caridad», que es la gran fuerza motriz que conduce a que se haga verdadera justicia. Con otra frase bíblica, esta vez de San Juan, estáis llamados a ser «cooperadores de la verdad» (3 Jn 8). Benedicto XVI, que eligió estas palabras como lema episcopal, destacó en su Encíclica Caritas in veritate la «necesidad de conjugar la caridad con la verdad no sólo en la dirección, señalada por San Pablo, de la veritas in caritate (Ef 4,15), sino también en la dirección inversa y complementaria de la caritas in veritate. La verdad ha de ser buscada, encontrada y expresada en la «economía» de la caridad, pero la caridad, a su vez, ha de ser comprendida, valorada y practicada a la luz de la verdad» (n. 2).
Que vuestro trabajo, por tanto, esté siempre motivado por aquel verdadero amor al prójimo que busca ante todo su salvación eterna en Cristo y en la Iglesia, lo cual implica la adhesión a la verdad del Evangelio. Encontramos así la perspectiva en la que debe situarse toda actividad jurídica eclesial: la salus animarum como ley suprema en la Iglesia. De este modo, vuestro servicio a la verdad de la justicia es una contribución amorosa a la salvación de las almas.
Todos los aspectos de los procesos canónicos pueden enmarcarse en el contexto de la verdad en la caridad. Ante todo, las acciones de los diversos protagonistas del proceso deben estar enteramente marcadas por un deseo genuino de contribuir a arrojar luz sobre la sentencia justa a la que se debe llegar, con rigurosa honestidad intelectual, competencia técnica y recta conciencia. El esfuerzo constante de todos hacia la verdad es lo que hace profundamente armoniosa la actividad global de los tribunales, siguiendo aquella concepción institucional del proceso, magistralmente descrita por el Venerable Pío XII en su Discurso a la Rota en 1944. El objetivo que une a todos los que participan en los juicios, cada uno en fidelidad a su propio papel, es la búsqueda de la verdad, que no se reduce a un cumplimiento profesional, sino que debe entenderse como expresión directa de responsabilidad moral. Esta está motivada primariamente por la caridad, pero va más allá de las exigencias de la sola justicia, sirviendo en la medida de lo posible al bien integral de las personas, sin desvirtuar la propia función sino ejerciéndola con pleno sentido de eclesialidad.
El servicio a la verdad en la caridad debe resplandecer en todo el trabajo de los tribunales eclesiásticos. Esto debe ser apreciado por toda la comunidad eclesial y especialmente por los fieles implicados: quienes buscan un juicio sobre su matrimonio, los acusados de cometer un delito canónico, quienes se consideran víctimas de una grave injusticia y quienes reclaman un derecho. Los procesos canónicos deben inspirar la confianza que proviene de la seriedad profesional, el trabajo intenso y reflexivo, y una dedicación convencida a lo que puede y debe percibirse como una verdadera vocación profesional. Los fieles y toda la comunidad eclesial tienen derecho al ejercicio adecuado y oportuno de las funciones procesales, porque se trata de un camino que afecta a las conciencias y a las vidas.
A esta luz, debe subrayarse la verdad, y por tanto el bien y la belleza, de todos los oficios y servicios relacionados con los juicios. Veritatem facientes in caritate: todos los operadores de justicia deben actuar según un código ético, que debe ser estudiado y practicado con esmero en el ámbito canónico, asegurando que verdaderamente se convierta en ejemplar. En este sentido, un estilo inspirado en la ética profesional debe impregnar también el trabajo de los abogados cuando asisten a los fieles en la defensa de sus derechos, protegiendo los intereses de las partes sin ir nunca más allá de lo que en conciencia se considera justo y conforme a la ley. Los promotores de justicia y defensores del vínculo son pilares fundamentales en la administración de justicia, llamados por su misión a proteger el bien público. Un enfoque puramente burocrático en un papel tan importante perjudicaría claramente la búsqueda de la verdad.
Los jueces, llamados a la grave responsabilidad de determinar qué es lo justo, qué es lo verdadero, no pueden dejar de recordar que «la justicia va de la mano con la paz y está permanente y activamente vinculada a la paz. La justicia y la paz buscan el bien de todos y cada uno, y por eso exigen orden y verdad. Cuando una está amenazada, ambas vacilan; cuando se ofende a la justicia, también se pone en peligro la paz». Vista desde esta perspectiva, el juez se convierte en un artífice de paz que contribuye a consolidar la unidad de la Iglesia en Cristo.
El proceso no es en sí mismo una tensión entre intereses contrapuestos, como a veces se entiende erróneamente, sino más bien el instrumento indispensable para discernir la verdad y la justicia en el caso. El proceso contradictorio en el juicio, por tanto, es un método dialógico para averiguar la verdad. La naturaleza concreta del caso, de hecho, requiere siempre que se averigüen los hechos y se comparen las razones y pruebas a favor de las diversas posiciones, sobre la base de las presunciones de la validez del matrimonio y la inocencia del acusado, hasta que se demuestre lo contrario. La experiencia jurídica atestigua el papel esencial del proceso contradictorio y la importancia decisiva de la fase de investigación preliminar. El juez, manteniendo independencia e imparcialidad, debe resolver la controversia según los elementos y argumentos que emergen durante el juicio. El incumplimiento de estos principios básicos de justicia –y favorecer una disparidad injustificada en el tratamiento de situaciones similares– es una violación significativa del perfil jurídico de la comunión eclesial.
Estas consideraciones podrían aplicarse a cada fase del proceso y a cada tipo de causa judicial. Por ejemplo, en el proceso más breve de nulidad matrimonial ante el obispo diocesano, la evidencia prima facie del motivo de nulidad que lo hace posible debe juzgarse con gran cuidado, sin olvidar que debe ser el proceso mismo, debidamente implementado, el que confirme la existencia de la nulidad o determine la necesidad de recurrir al proceso ordinario. Por tanto, es esencial continuar estudiando y aplicando el derecho canónico sobre el matrimonio con rigor científico y fidelidad al Magisterio. Esta ciencia es indispensable para resolver los casos según los criterios establecidos por la ley y la jurisprudencia de la Rota Romana, que, en la mayoría de los casos, no hace otra cosa que declarar las exigencias del derecho natural.
Queridos amigos, vuestra misión es elevada y exigente. Estáis llamados a custodiar la verdad con rigor pero sin rigidez, y a ejercer la caridad sin omisiones. En este equilibrio, que es en realidad una profunda unidad, se debe manifestar la verdadera sabiduría jurídica cristiana. Quisiera concluir estas reflexiones encomendando vuestro trabajo a la intercesión de Nuestra Señora Speculum iustitiae, modelo perfecto de verdad en la caridad. ¡Gracias!
Oremos juntos: Pater Noster…
Bendición
¡Muchos buenos deseos y todo lo mejor en vuestro trabajo!
Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 26 de enero de 2025
(InfoCatólica)




