Las luces que el Señor en la penumbra de la Historia
Los valores que proclama Jesús en las bienaventuranzas son los únicos sobre los que puede construirse la paz

- Javier Duplá sj.:
Este título está tomado de la reflexión del Papa León XIV sobre el Evangelio de las Bienaventuranzas en el Ángelus del domingo 1 de febrero. Estamos en penumbra por no decir en la oscuridad en la historia actual: no hay más que ver las guerras de Rusia-Ucrania y de Israel-Gaza, además de varias en los países africanos y de la violencia ejercida por las dictaduras latinoamericanas.
Jesús sube al monte con sus discípulos, se sienta y pronuncia un discurso que pocos entienden. Moisés había hecho lo mismo, subir al monte, pero él no pronunció ningún discurso, sino que recibió las tablas de la ley, los mandamientos que debían regir la conducta de los israelitas. Jesús no propone unos mandamientos, sino unos valores que pueden cambiar la historia. Son una manera de pensar, sentir y obrar que está frontalmente en choque con la manera de pensar, sentir y actuar del mundo.
Bienaventurados los pobres, dice Jesús. ¿Está loco? Muchos lo ven así, incluso gente normal y corriente. Los padres que desean lo mejor para sus hijos, les dicen: estudia, porque así tendrás un buen cargo y te harás rico. La riqueza, tener mucho dinero permite acceder a placeres de toda clase, permitidos y prohibidos. Da además prestigio, envanece, hace que se mire con desprecio al pobre. Manejar el dinero público es una tentación demasiado fuerte para muchos gobernantes a lo largo de la historia. Acceder al poder aun de forma legítima, encandila. Y son tantos los millones que se roban los que gobiernan, que nunca jamás los podrán gastar en su vida. ¿Para qué los quieren, para qué persiguen a quienes los denuncian? ¿Piensan que los tendrán para siempre, si saben que van a morir? Jesucristo podría haber vivido como un potentado, como Herodes, como Poncio Pilato, como los sumos sacerdotes de su tiempo, pero vivió de limosna, de mucha gente buena que le dio posada junto con los apóstoles. Muy ejemplar lo que hizo, ¿pero proponer ese desprendimiento como modelo para el mundo?
“El Pontífice recordó que “en el monte, Cristo entrega a los discípulos la ley nueva, escrita en los corazones, no más sobre la piedra”, y destacó que esta ley divina “renueva nuestra vida y la hace buena, incluso cuando al mundo parece fracasada y miserable”.
Sigue Jesús proponiendo valores que el mundo ni entiende ni acepta. Que no devolvamos mal por mal, que perdonemos a los que nos persiguen y calumnian, a los que cometen injusticias contra nosotros o nuestros seres queridos, que miremos a todos como hijos de Dios. La venganza, el odio al que nos hace daño, el desearle toda clase de males es lo común en las relaciones humanas. Por eso a Jesús lo miran como un leproso, lo quieren poner fuera de circulación. ¿Somos capaces de pedirle con gran fuerza amorosa que nos dé ese Espíritu que él proclama necesario para construir su reino?
Los valores que proclama Jesús en las bienaventuranzas son los únicos sobre los que puede construirse la paz. Anhelamos la paz, es verdad, pero no sabemos cómo construirla. En las bienaventuranzas tenemos la fórmula. Los valores que Jesús proclama para sus seguidores son más necesarios que nunca en el mundo de hoy, amenazado por la destrucción total de las bombas nucleares y las guerras químicas o bacteriológicas. Los investigadores de este mundo son super inteligentes para diseñar la muerte que llevan esas armas. ¿Por qué no ponen sus talentos al servicio de la paz, de la concordia, de la educación para todos, de la salud para todos?
El Papa concluyó su catequesis invitando a los fieles a reflexionar sobre la verdadera felicidad: “Las Bienaventuranzas se convierten para nosotros en una prueba sobre la felicidad, y nos llevan a preguntarnos si la consideramos una conquista que se compra o un don que se comparte; si la depositamos en objetos que se consumen o en relaciones que nos acompañan”.
La felicidad es un regalo de Dios y un regalo que nos damos a nosotros mismos si aceptamos ese Espíritu que nos traen las bienaventuranzas y se lo pedimos con insistencia. Sé feliz, acepta ese regalo de Dios.-




