La otra cara: La educación, el reto diario
Si un miembro de la familia se portaba mal, era reprendido por el sacerdote más cercano a la familia. No olvidemos que el primer núcleo en el que se centró la educación fue precisamente en la iglesia, que en su proceso de evangelización enseñaba a leer y escribir

Inés Muñoz Aguirre:
La educación familiar en nuestro país trabajó durante mucho tiempo en función de la construcción de tres pilares fundamentales: los niños recibían, en general, una educación gestada a partir de la relación con los mayores. Todo construido sobre el respeto. Era tanta la exigencia que los hijos eran incapaces de tratar a sus padres de tú, mucho menos a un extraño, sobre todo si era mayor. El tratamiento de usted se imponía.
A esa concepción del grupo familiar se le agregaban los nexos religiosos. Las familias solían pertenecer a esa parroquia a la que iban todos los domingos a escuchar la misa, pero además en la que sentían la protección de la iglesia. Existía además el padre guía y confesor.
Si un miembro de la familia se portaba mal, era reprendido por el sacerdote más cercano a la familia. No olvidemos que el primer núcleo en el que se centró la educación fue precisamente en la iglesia, que en su proceso de evangelización enseñaba a leer y escribir. Es tal la relación de nuestra sociedad con la institución eclesiástica que ya en 1628 existían referencias claras de la inauguración del colegio San Francisco Javier en Mérida. Sí. En esa ciudad que sería conocida como la “ciudad de los caballeros”, por la distinción, educación y comportamiento de su sociedad.
A estos dos pilares se agregaba el maestro o la maestra. En un principio, en nuestro país, sobre todo en las poblaciones del interior, existía un maestro, quien con la regla en la mano enseñaba, pero también imponía disciplina. Por lo tanto, aquellos maestros, así como eran casi sabios, también eran guías y rectores de sus alumnos.-




