
Rodrigo Guerra López:
La poesía es habilidad que pocos tienen. Ante lo inefable, es mejor dejar de buscar la precisión conceptual y el último análisis. Las palabras que mejor describen el momento de las lágrimas o la sorpresa que brinda la Esperanza, provienen de poetas.
El que aquí escribe no tiene ese don. Sin embargo, al intentar pensar en el querido pueblo cubano, mortificado por tantos años y por tantas cosas, me surgen unas torpes líneas que comparto a continuación:
El pueblo cubano amanece
con el sol en la frente
y amargo sabor en los labios.
El dolor se pasea
por venas y arterias
ductos resecos que anhelan bondad.
No hay pan en la mesa,
no hay luz en el cuarto,
silencios que pesan
más que el calor del verano.
Manos ajadas
reparten lo escaso
como en última cena,
que presiente el final.
La asfixia se alarga
desgarra membranas
pero el corazón inquieto
sabe que es preciso soñar.
Soñar, no distraerse,
resistir sin odio,
sostener el alma,
no ceder al miedo,
andar con Esperanza.
Soñar con congrí,
con trabajo honesto,
con sonrisa franca,
y abrazo sincero.
Soñar con dignidad
con pan y luz eléctrica,
con justicia y hermandad,
frente al mar mirar con fe.
Así es, ¡busco un camino
que no sea cerrar los ojos!
¡Quiero ver entre las sombras,
la certeza que presiento,
la amistad que me sostiene
y que regala libertad!
.
Isla herida, isla tierna,
no te hundas:
guarda el sueño
que te anima.
Que nadie robe tu futuro,
ni manipule tu pasado,
que nadie nunca afirme
que la lucha ha terminado.
La ceiba en “El Templete”
nos nutre por debajo.
Ahí está la fuerza
que hoy necesitamos.
Ni Martí ni Varela
construyeron solos.
La belleza desarmada,
frágil, tímida y discreta
sea nuestra salvación.
Amén.
Rodrigo Guerra López
Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina
E-mail: rodrigoguerra@mac.com
Rodrigo Guerra López – El Heraldo de México




