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Expira el último tratado de limitación de armas nucleares entre Rusia y EE.UU.

Los cuatro tratados que restringían las armas nucleares rusas y norteamericanas han ido desapareciendo en las últimas décadas. El uso de armas nucleares indiscriminadas es inmoral de acuerdo con la doctrina católica, mientras que la calificación moral de su mera posesión es una cuestión debatida

Ayer, 5 de febrero de 2026, expiró oficialmente el último tratado de limitación de las armas nucleares que quedaba en vigor entre los Estados Unidos de América y la Federación de Rusia. Desaparecen así las disposiciones legales que restringían la reanudación de la carrera armamentística nuclear.

El tratado START III, celebrado en 2011, regulaba hasta ayer el número máximo de armas nucleares estratégicas. El tratado limitaba a 1.550 el número de ojivas nucleares de cada uno de los dos países y también el número de dispositivos de lanzamiento de misiles balísticos intercontinentales (ICBM) y misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) o bombarderos nucleares.

Previamente, habían ido desapareciendo otros tratados de limitación directa o indirecta de las armas nucleares rusas y norteamericanas, siempre por iniciativa de los Estados Unidos. El tratado ABM o tratado de misiles antibalísticos fue abandonado por los Estados Unidos en 2002. El tratado INF sobre las fuerzas nucleares de rango intermedio fue suspendido por Donald Trump en 2019. Finalmente, el Tratado de Cielos Abiertos, que permitía supervisar legalmente los movimientos militares de los demás países mediante vuelos de reconocimiento, fue abandonado por los Estados Unidos en 2020, tras acusar a Rusia de incumplirlo.

La idea de todos estos tratados era reducir al máximo la posibilidad de que se produjera una guerra nuclear de consecuencias catastróficas y la carrera armamentística que podría conducir a ella. Es de temer que, al desaparecer los tratados de limitación y supervisión, comience de nuevo la carrera armamentística y el espectro de la guerra atómica vuelva a acechar a la humanidad. El abandono de los tratados ABM, INF y Cielos Abiertos probablemente motivó la aparición de nuevas armas con capacidad nuclear, como el submarino Poseidón, el misil Sarmat o, más recientemente, el misil Oreshnik.

La moral católica rechaza el uso de armas indiscriminadas contra la población civil. La mayoría de las armas nucleares pertenecen a esa categoría, ya que su poder destructivo impide discriminar y se destina en general a la destrucción de ciudades, lo que constituye un crimen de guerra y un gravísimo mal moral. Así sucedió con las dos únicas armas nucleares utilizadas militarmente hasta ahora, contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, que causaron más de doscientas mil víctimas civiles a pesar de ser mucho menos destructivas que las armas modernas.

La única excepción podría ser la de las armas nucleares de tipo táctico, que no están diseñadas para acabar con la población civil. Al ser armas de menor poder destructivo, pueden tener usos limitados y estrictamente militares, contra formaciones enemigas.

Si bien el uso de las armas atómicas indiscriminadas de destrucción masiva está prohibido por la moral católica, su mera posesión es una cuestión moral aparte, más discutida. En principio, lo inmoral es el uso, no la posesión, pero cabe cuestionar qué sentido tiene la posesión de armas indiscriminadas si no está destinada a un posible uso. Los defensores de las armas nucleares apelan a la función disuasoria de la mera posesión de armas atómicas, sin necesidad de usarlas, aunque no está claro cómo cumplirían esa función disuasoria si está claro que el poseedor no piensa utilizarlas en ningún caso, como exige la moral.

El Papa Francisco era partidario de considerar inmorales tanto el uso como la posesión: «el uso de armas nucleares es inmoral, por eso debe ir en el Catecismo de la Iglesia Católica, y no sólo el uso, sino también la posesión, porque un accidente o la locura de algún gobernante, la locura de uno puede destruir a la humanidad», declaró a los periodistas que lo acompañaron en su viaje de vuelta de Japón. Algo similar había dicho en su visita a Hiroshima. Esta postura condenaría a todos los poseedores de armas nucleares: Estados Unidos, Rusia, China, Inglaterra, Francia, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel.

La gran mayoría (más del 90 %) de las armas nucleares pertenecen en la actualidad a los Estados Unidos y a la Federación de Rusia. Por eso es tan importante el hecho de que el último tratado que las limitaba firmado por los dos países haya expirado.

Por fortuna, las autoridades de ambas naciones parecen haber llegado a un acuerdo de prolongación informal del tratado START III. Esta prórroga oficiosa y de buena fe, acordada en conversaciones confidenciales entre Rusia y los enviados del  Presidente Trump, daría tiempo para entablar un diálogo que permitiera retomar el tratado o firmar uno nuevo con efectos similares. Algunas fuentes indicaron que la prórroga durará seis meses.-

(InfoCatólica)

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