El ejemplo de Santa Ana de Trujillo
Considerar el espíritu de ese encuentro es importante para poder obtener las lecciones que se necesitan para tener la oportunidad de tejer un proyecto de desarrollo nacional, pues para eso es la historia: para aprender de lo pasado y construir futuro sobre sus lecciones

Francisco González Cruz:
En estos turbios y turbulentos tiempos que vivimos los venezolanos, unas experiencias valiosas que pueden ayudar a dar luces son las que se dieron alrededor de las negociaciones de los Tratados de Trujillo, el de Armisticio y el de Regularización de la Guerra, en el año de 1820, verdadera época de transición entre las opciones de continuar formando parte del reino de España y la creación de la nueva república, con el telón de fondo de la Guerra a Muerte.
Considerar el espíritu de ese encuentro es importante para poder obtener las lecciones que se necesitan para tener la oportunidad de tejer un proyecto de desarrollo nacional, pues para eso es la historia: para aprender de lo pasado y construir futuro sobre sus lecciones.
Un punto inicial son las condiciones exigidas para las conversaciones y la redacción de los tratados. Cuando en carta del 22 de junio de 1820 el General Pablo Morillo, representante de la corona española, le pregunta al General Simón Bolívar Presidente de Colombia, cuales son las bases para las negociaciones, en carta del 21 de julio responde que las bases están en la Constitución de la República de Colombia, y le envía un ejemplar.
A partir de allí todo empieza a aclararse y el talante cambia. Hay una toma de conciencia, un “darse cuenta” de la realidad que se está viviendo, que hay un pueblo decidido a lograr la independencia, la libertad y los valores republicanos, que ya eran tendencia en la propia península con la Constitución de Cádiz.
No todo era color de rosa, pero la ciudad de Trujillo, modesta y arruinada por la guerra, puso el grato ambiente para las negociaciones. La gente atenta y cordial con los delegados de ambos bandos. Y estos muy decentes, manteniendo sus posiciones con hidalguía y respeto. El propio Bolívar mantuvo prudencial distancia, como también Morillo, para que las conversaciones dieran sus frutos. “La buena fe debe ser el primer fundamento de esta negociación” decía el primer artículo de la propuesta de Morillo a Bolívar enviada desde de Carache el 19 de Noviembre.
El “Tratado de Armisticio” se firmó el 25 de noviembre de 1820, el “Tratado de Regularización de la Guerra” el 26 – ambos en la ciudad de Trujillo – y su ratificación el 27 en Santa Ana de Trujillo por el Libertador Presidente de la República de Colombia Simón Bolívar y por el General en Jefe del Ejército del Reino de España Pablo Morillo.
En medio de toda esta situación actual hay algunas cosas que están claras: el pueblo de Venezuela está decidido a conquistar la libertad, la democracia, el Estado de Derecho y echar a andar por la ruta del bienestar y el desarrollo humano integral. También que mientras no se actúe en el marco de la Constitución no podrá avanzar ninguna transición verdadera que lleve a una sana convivencia. Y que la buena fe debe ser el primer fundamento de las negociaciones.
“Santa Ana en la historia es amor” dice el himno del estado Trujillo. Y solo el amor es más fuerte que el odio.-




