Testimonios

«La ideología comunista aplastó la libertad religiosa con violencia», advierte el obispo de Trieste

Monseñor Enrico Trevisi alerta del peligro de absolutizar las ideologías tras recordar la tragedia silenciada durante décadas

Entre 5.000 y 10.000 italianos fueron ejecutados y arrojados a las simas kársticas en 1943-1945

Monseñor Enrico Trevisi, obispo de Trieste, dedicó su homilía de presentación ante la diócesis a la tragedia de las foibe, en vísperas del Día del Recuerdo que Italia conmemora cada 10 de febrero.

En una entrevista a il Giornale, el prelado ha denunciado cómo el odio comunista de los partisanos de Tito aplastó también la libertad religiosa, asesinando a numerosos sacerdotes que fueron arrojados a las simas kársticas junto a miles de civiles italianos en una de las páginas más oscuras de la posguerra europea.

La masacre olvidada de las foibe

Las foibe son profundas cavidades naturales en forma de embudo características de la región kárstica de Istria y la Venezia Giulia, en la frontera entre Italia, Eslovenia y Croacia. Su nombre proviene del latín «fovea» (fosa). Entre 1943 y 1945, estas simas se convirtieron en fosas comunes donde los partisanos comunistas yugoslavos de Tito arrojaron a miles de italianos tras ejecutarlos sumariamente.

La masacre se desarrolló en dos oleadas principales. La primera tuvo lugar en septiembre y octubre de 1943, tras la caída de Mussolini y el armisticio italiano con los Aliados, cuando los partisanos yugoslavos ocuparon Istria. La segunda y más mortífera se produjo en mayo de 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas de Tito ocuparon Trieste, Gorizia y toda Istria. Se calcula que entre 5.000 y 10.000 personas fueron asesinadas, aunque las cifras varían según las fuentes. Las víctimas incluían funcionarios civiles, militares, sacerdotes católicos, terratenientes, maestros y ciudadanos comunes acusados de ser «italianos» o «burgueses».

La ciudad víctima de tres totalitarismos

Para monseñor Trevisi, el 10 de febrero representa una fecha irrenunciable en la memoria de Trieste. «El 10 de febrero nos recuerda que Trieste es la ciudad víctima por antonomasia de los totalitarismos», explica el obispo. La ciudad del nordeste italiano sufrió sucesivamente los crímenes del fascismo, la ocupación alemana desde 1943 (que instaló el único horno crematorio en Italia) y, finalmente, las foibe perpetradas por los comunistas titinos. «En estas tierras se ha hecho tanto mal», lamenta el prelado.

El obispo reconoce que durante demasiado tiempo esta tragedia quedó confinada a la memoria local. «Yo mismo, cuando iba a la escuela, no tenía libros que hablaran de ello. Demasiadas generaciones de italianos han crecido ignorando los sufrimientos de estas tierras», afirma Trevisi, quien insiste en que «no debemos consentir que nadie vuelva a minimizar u olvidar este dolor».

Durante décadas, la masacre de las foibe fue silenciada en Italia por razones políticas, debido a la influencia del Partido Comunista Italiano, aliado de Yugoslavia durante la Guerra Fría. Solo en 2004 el Parlamento italiano estableció el Día del Recuerdo para conmemorar a las víctimas de las foibe y del éxodo que provocaron.

El éxodo giuliano-dálmata

La violencia desencadenó una huida masiva de población italiana. Entre 250.000 y 350.000 italianos abandonaron Istria, Fiume (actual Rijeka) y Dalmacia entre 1943 y 1954, cuando estos territorios pasaron definitivamente a Yugoslavia. Familias enteras perdieron sus hogares, propiedades y raíces en una limpieza étnica que transformó demográficamente toda la región.

La memoria del Papa Francisco

El obispo de Trieste revela que el Papa Francisco conocía bien la tragedia de estas regiones. «Una vez, en Santa Marta, se puso a tararear un himno dedicado a Trieste. Lo había aprendido de su padre en Argentina. Francisco conocía perfectamente el sufrimiento de estas tierras», relata monseñor Trevisi, subrayando el vínculo del pontífice con la memoria del éxodo y las masacres. La importante comunidad de emigrantes italianos de Istria y Dalmacia en Argentina mantuvo viva la memoria de la tragedia incluso cuando en Italia permanecía silenciada.

Persecución religiosa bajo el comunismo titino

Lo que muchos desconocen es que los partisanos titinos no asesinaban únicamente por motivos de nacionalidad, sino también por religión. «La de los partisanos de Tito fue una persecución que golpeó a todos aquellos que no estaban alineados con su ideología, incluso a otros comunistas. Los cristianos eran los más expuestos y así muchos sacerdotes, de lengua italiana, eslovena y croata, fueron asesinados y arrojados a las foibe», denuncia el obispo.

La Iglesia católica representaba un obstáculo para la implantación del régimen comunista en estos territorios. Los sacerdotes, considerados enemigos ideológicos del nuevo orden, fueron perseguidos sistemáticamente. Muchos fueron arrestados, torturados y ejecutados sin juicio alguno, acusados de ser «reaccionarios» o «colaboracionistas del fascismo».

Como ejemplo, Trevisi cita el caso de don Francesco Bonifacio, ejecutado por un grupo de partisanos italianos «para los cuales la ideología comunista prevalecía no solo sobre el sentimiento nacional sino también sobre el religioso. Confesaron el crimen pero el cuerpo nunca fue encontrado», relata. El sacerdote permanece como uno de los miles de desaparecidos cuyo paradero exacto sigue siendo desconocido, probablemente sepultado en alguna de las centenares de foibe que salpican el territorio kárstico.

La absolutización de la ideología

Ante la pregunta sobre el origen de ese odio hacia la religión cristiana, el obispo responde con claridad: «Porque profesaban una ideología de raíz pagana donde se llegaba a aplastar al hombre y la libertad religiosa con la violencia. Esta página de historia demuestra que, cuando se absolutiza, la ideología no mira a nadie a la cara y provoca solo dolor».

Las palabras de monseñor Trevisi adquieren especial relevancia en un contexto europeo donde los totalitarismos del siglo XX dejaron millones de víctimas. La masacre de las foibe representa uno de los episodios menos conocidos de la violencia política de posguerra, un recordatorio de cómo la radicalización ideológica condujo a crímenes contra la humanidad en nombre de la construcción de una «sociedad nueva».-

(InfoCatólica)

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