Trabajos especiales

León XIV cambiará pronto la Curia, aunque sea por edad: la visión de Guzmán Carriquiry

Muchos prefectos de Dicasterios tienen entre 74 y 79 años. Carriquiry, veterano laico en el Vaticano, hace su análisis

León XIV va a tener que hacer nombramientos en la Curia, pronto y muchos, aunque sea por razones de edad. Lo advertía así Guzmán Carriquiry, laico uruguayo de 81 años, que durante muchos años fue secretario del Pontificio Consejo de Laicos, hablando en un encuentro online el pasado miércoles organizado por Corriente Social Cristiana.

«En la Curia hay que cambiar muchos colaboradores, por edad. Muchos ya tienen más de 77 años. Y tenemos obispos con más de 75 (Czerny, Semeraro, Farrell…). Vamos a ver como despliega sus nombramientos León XIV», explicó este veterano ex-funcionario vaticano.

«León pasó sus seis primeros meses en Roma acogiendo peregrinos por el Jubileo. En esos meses no quiso entrar en temas mayores. Él se mueve pasito a pasito con gran cautela. En enero convocó a todos los cardenales. Un cardenal dijo, del cambio de pontífices: ‘pasamos de tener un solista al mando, a un director de orquesta’. Sienten que León quiere escucharlos», explicó Carriquiry.

Los curiales que rozan o sobrepasan los 75 años

El criterio de la edad es importante. La norma vaticana invita a dejar el cargo curial con 75 años (en los obispos) o 77 (en otros curiales).

  • El cardenal jesuita Michael Czerny, muy dinámico a sus 79 años, como han comprobado en Perú, en su visita a Chiclayo, no puede seguir mucho más al frente de Desarrollo Humano Integral. Marcello Semeraro, en Causas de los Santos, tiene 78 y viaja por el mundo beatificando mártiresKevin Farrell, prefecto del Dicasterio de Laicos, también tiene 78 y cumple 10 años en el cargo. Artur Roche, prefecto de Culto Divino, roza los 76. Kurt Koch, el veterano suizo encargado de ecumenismo en Unidad de los Cristianos, también roza los 76.
  • Rino Fisichella, pro-prefecto de Evangelización, tiene 74 años y medio. Se acerca a los 75 Juan Ignacio Arrieta Ochoa, secretario de Textos Legislativos, vasco del Opus Dei, en el cargo desde 2008. El coreano Lazzaro You Heung-sik, prefecto del Dicasterio del Clero, tiene 74. Cuando llegue la remodelación, todos ellos tienen los primeros billetes de salida.

Distintas formas de gobernar

Según explicó Carriquiry, el Gobierno del Papa Francisco (con quien desayunó varias veces, los últimos años siendo él embajador de Uruguay ante la Santa Sede) estaba «ultraconcentrado en su persona, sin atender las mediaciones institucionales de la Curia». Francisco a veces ni consultaba a sus colaboradores directos, que se enteraban de muchas cosas por la prensa.

«Creo que León seguirá el legado de Francisco en lo que se refiere a Evangelii Gaudium, a la evangelización, al primado de la Gracia, del encuentro con Cristo, en mostrar que el cristianismo no es un código de reglas morales y doctrinas (aunque estas son importantes), en el amor preferencial por los pobres, la sinodalidad, en la reforma eclesial en transparencia, en los estándares contra los abusos… León seguirá esas líneas, pero buscando más convergencias, buscando no polarizar, no improvisar. León lee siempre sus discursos. León busca dar certezas y solidez, dar seguridad en su gobierno. Yo espero que imprima aún más su huella», añadió Carriquiry, ante preguntas de los asistentes al Club de Lectura de Corriente Social Cristiana.

Un laico en el organigrama vaticano

Carriquiry empezó a trabajar en la Santa Sede como auditor (experto) en un Sínodo de obispos en 1971. Y repitió: ha participado en 6 sínodos mundiales como experto. En 1991 Juan Pablo II lo nombró subsecretario del Pontificio Consejo de Laicos. En 2011 Benedicto XVI lo nombró secretario de la Pontificia Comisión para América Latina. Fue el primer laico en llegar a subsecretario, y el primero en llegar a secretario. Al cumplir 75 años y dejar su cargo curial, el Gobierno de Uruguay, con buen ojo, le nombró embajador en la Santa Sede, durante otros 4 años.

El Testigo, las memorias del laico uruguayo Guzmán Carriquiry tras medio siglo sirviendo en organismos vaticanos

El Testigo, las memorias del laico uruguayo Guzmán Carriquiry tras medio siglo sirviendo en organismos vaticanos

En noviembre de 2025 ha publicado su autobiografía, titulada El Testigo. Medio siglo de un latinoamericano en la Roma de los Papas. Ha servido allí en 5 papados y ha tenido una relación cercana y fluida con Juan Pablo IIBenedicto XVI y Francisco.

Cuando llegó a Roma con 26 años le plantearon: «¿Vienes a servirte a ti o a servir a los herederos de Pedro?». Ha intentado servir a todos lealmente. «No me gusta que las comparaciones entre los Papas lleven a contraponerlos», dice. No le gusta minusvalorar a uno para intentar así ensalzar a otro. Tampoco le parece que comparar las continuidades y diferencias entre pontífices sea buen criterio de análisis. Él tiende a ver muchas más continuidades.

Los laicos en el Vaticano

«Cuando llegué al Vaticano con 26 años, la Curia era extremadamente clerical, no había nada pensado para acoger a una familia», explica Carriquiry, que tiene 4 hijos. Recuerda que Lumen Gentium, el gran documento del Vaticano II, «tiene una virtualidad de riquezas sobre el papel de los laicos que la Iglesia debería seguir explorando«.

Recuerda que Karol Wojtyla en Cracovia, antes de convertirse en Juan Pablo II, hizo un sínodo convocando a muchos laicos, para implantar el Concilio. Y muchos laicos participaron en las reflexiones de Aparecida sobre América Latina.

Guzmán Carriquiry, en sus años como embajador de Uruguay ante la Santa Sede, con el Papa Francisco

Guzmán Carriquiry, en sus años como embajador de Uruguay ante la Santa Sede, con el Papa Franciscovatican media

Hoy hay muchos laicos en el organigrama vaticano, señala, hombres y mujeres. «En el Vaticano ya dicen, medio en broma, que ser mujer es un plus para acceder a cargos. Está la presidenta del Gobernatorato vaticano, la Presidenta de Vida Consagrada, la Presidenta de los Museos Vaticanos… y cada vez más laicos participan en los sínodos de los obispos».

Los movimientos laicales en tiempos de Francisco

Preguntado por el papel de los nuevos movimientos eclesiales en los últimos años, Carriquiry, que trabajó muchos años con ellos en el Dicasterio de Laicos, declara: «A Francisco le faltaba tener empatía de fondo con los movimientos. Con su mandato, el Dicasterio de Laicos insistía en el control y la vigilancia. Creo que ahora, el Papa León, en su primer encuentro con los neocatecumenales y con líderes de Comunión y Liberación, ha mostrado su capacidad de escucha, diálogo y aliento, más presente».

El papel de Europa y viajes papales

Carriquiry, desayunando con Francisco, le decía: «Descuidás Europa». Francisco visitaba países lejanos, pero nunca fue a España ni a Inglaterra. Cuando iba a Lourdes o a Córcega, Francisco especificaba que iba específicamente a esos lugares, «no voy a Francia», decía. «Nunca entendí que no fuera a Francia». dice Carriquiry.

«Juan Pablo II y Benedicto XVI ayudaron a repensar Europa y a soplar fuerte sobre brasas donde hubo grandes incendios de la fe«, explica. Hoy no hay una centralidad europea en la Santa Sede, pero tampoco hay ninguna centralidad de nadie a nivel mundial. Pero aunque crezca la Iglesia en África o en Asia, esas comunidades tendrán que aprender a «inculturar el gran patrimonio de las iglesias del milenio europeo».

Ser cristiano y ser demócrata

Los laicos católicos son los que con más libertad pueden hablar de política y de soluciones técnicas.

En su opinión (en su libro habla algo de estos temas) los cristianos socialistas no tuvieron «agallas de pensamiento» para cuestionar el marxismo socialista, y así «el socialismo hoy naufraga en una salsa neocapitalista sin rumbo«.

Por su parte, «la democracia cristiana fue cortando con la Iglesia y empobreciéndose culturalmente, y por eso, también se empobreció políticamente». Y añade: «Creo que si somos cristianos y demócratas hemos de usarlo ambas cosas para servir a nuestros pueblos».

El Vaticano no es una cueva de ladrones

Carriquiry escribió su libro El Testigo por petición de su familia y amigos, «como laico latinoamericano colaborador de varios Papas, con relación personal cercana con ellos. Quise destacar que he vivido en una cueva de ladrones, pedófilos ni homosexuales inconfesos. El Vaticano es un ámbito de personas que trabajan, por lo general, con gran seriedad y responsabilidad. Como en otros sitios, se mezclan trigo y cizaña, santidad y pecado. En el libro señalo cosas que me disgustaron o indignaron. Pero quise dar mi testimonio verdadero y real de la Curia romana».

«Eso que dicen, que quien viene al Vaticano pierde la fe, es una broma pesada. Mi estancia en el Vaticano me hizo crecer en la fe en Jesucristo, crecer en el seguimiento a Cristo y amar más a su Iglesia«. Carriquiry espera que su libro ayude al lector a su edificacion en la fe.

Retos de la Iglesia con León XIV

«A Francisco le gustaba abrir procesos convencido de que el Espíritu Santo los iría conduciendo, incluso en la ambigüedad», señala. Pero ¿como se conecta la tradición sinodal de todo el Pueblo de Dios, la tradición colegial y sacramental de la sucesión apotólica y la tradición petrina? Se necesita que teólogos y canonistas nos ayuden a entender la misión de cada tradición».

Así se refiere a la situación complicada que ha dejado Francisco con los dos últimos sínodos de la sinodalidad.

Sobre la situación en Alemania, recuerda que el mismo Francisco dijo, con humor: «No necesitamos otra iglesia evangélica en Alemania, porque ya tenemos una muy buena«. «Si el Camino Sinodal alemán cuestiona toda la estructura jerárquica y habla de una asamblea de laicos que deciden sobre los obispos… sería una barbaridad con tendencia cismática. También es cismática la grotesca noticia de que la sociedad San Pío X quiere consagrar obispos fuera de la comunión de la Iglesia, cuando hasta los obispos chinos están en comunión. Pero si esto prosigue en Alemania, el Gobierno de la Iglesia tendrá que decir sí o no, tomar decisiones de gobierno».

Carriquiry siempre ha apoyado que los laicos adquieran más responsabilidades en la Curia y en la Iglesia en general. Pero hay temas para los que pide «reflexión pausada, canónica, pastoral, etc…»

«He quedado más que perplejo con la designación de una religiosa como Prefecto de Vida Consagrada», dice, sobre el caso de Simona Brambilla. «La novedad de que sea mujer ha ofuscado una reflexión más a fondo, porque a [Ángel Fernández] Artime se le había dicho que sería el Prefecto, pero pocos días antes le dijeron que sería «pro-prefecto», como un nivel subalterno, para que firme documentos que la religiosa no podía firmar».

Luego comenta el extraño sínodo en el que laicos y clérigos tenían todos un voto cada uno para decidir documentos. «¡A mí jamás se me ocurrió pedir el derecho a voto en un Sínodo! Y en los últimos sínodos parecía que un voto de laico valía lo mismo que el de un sucesor de los apóstoles para aprobar documentos. ¿Y si los laicos hubieran votado una mayoría contraria a los obispos? Y luego el Papa Francisco dice que incorpora eso al magisterio petrino de forma inmediata. Lo normal era corregir, enriquecer, examinar y sacar exhortaciones postsinodales. ¿Y si eso se hiciera a nivel de conferencias episcopales? El CELAM, en América Latina, organizó ‘asambleas del Pueblo de Dios’, pero ¿quién representa al pueblo? ¿Quién nombra a unos laicos para eso? ¿Por qué ellos, por qué no yo?«, plantea.

También está el tema de lo que piden algunas mujeres. «Francisco quería dar espacio a la participación de religiosas y teólogas, pero hay algunas que no se quedarán satisfechas mientras no haya diaconisas y mujeres sacerdote«.

Por todo esto, pide que los teólogos y canonistas se esfuercen y pongan luz y orden. Eso le hace pensar en «la última gran generación de teólogos, los que sin saberlo preparaban el Concilio Vaticano II, generación que desaparece al morir Josef Ratzinger. Ellos nos dejaron, necesitando una eclesiología fundada en el amor a la Iglesia».-

Pablo J. Ginés

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