El Obispo Mariano Martí fue el Humboldt de la Iglesia en Venezuela
Desde el punto de vida histórico, el compendio de su largo peregrinaje resultó en un voluminoso testimonio completo de la vida general de Venezuela

Eleazar López C. :
En sus 14 años como ocupante de la silla episcopal de Caracas y como obispo de Venezuela
(desde 1770 hasta 1784), el obispo Mariano Martí ejecutó la proeza de recorrer el país a
pie, en mula, en canoas y en caballos para inspeccionar hasta los más apartados rincones
poblados donde alcanzara su autoridad; y de paso fundar uno que otro pueblo, como es el
caso de Valle de la Pascua.
A los lugares adónde iba lo venían llegar con un séquito de secretarios, escribanos,
sirvientes y esclavos. De cada visita que hacía se recogían costumbres, estadísticas,
irreligiosidad, pecados, chismes y extravíos. Entre tanto jaleo era mucho lo que alarmaba al
buen Obispo, quien buscaba enterarse de la vida y milagros de todo el mundo.
Sin embargo, desde el punto de vida histórico, el compendio de ese largo peregrinaje
resultó en un voluminoso testimonio completo de la vida general de Venezuela.
La cuenta demográfica comprendió 341.138 almas, 55.029 familias y 50.464 casas, así
como también las tierras de cultivo, número de árboles de cacao y café, tablones de caña
de azúcar, trapiches, rebaños de ganado bovino, caprino, caballar y el número de esclavos,
dentro de los límites establecidos para toda la diócesis que correspondía a sus pontificias
potestades.
El modus operandi en cada visita era: campanas, Te Deum, reunión de todo el pueblo
frente a la iglesia, lectura de las proclamas alusivas al propósito de la visita y tribuna abierta
para escuchar todos los chismes, reclamaciones y denuncias, sobre todo, de asuntos de
moral.
Los secretarios y escribanos tomaban nota de todos los testimonios que algunas
personas, entre feligreses,sacerdotes y autoridades civiles y militares, informaban sobre las
turbias conductas viciosas o inmorales de algunas personas, que luego el mismo obispo
indagaba por sí mismo para confirmarlas o refutarlas y aplicar los correctivos necesarios si
fuere el caso.
De estas anotaciones se puede inferir que en el aspecto moral, la vida colonial no era
angelical. Por las páginas del voluminoso “informe” pueden leerse cantidad de afectaciones
como borracheras, amancebamientos, adulterios, violencia conyugal y doméstica,
conductas concupiscentes y otras más.
Para lograr las informaciones requeridas se valía de comisionados confidenciales o
visitadores por medio del teniente de gobernador y los párrocos en sitios de la jurisdicción
donde hubiera mucha población para que vigilaran la vida y costumbres de los habitantes y
avisar luego a la autoridad civil y eclesiástica para hacer cesar los libidinosos y escandalosos
percances mediante castigos o amonestaciones, o el destierro.
Alguien que estudió el informe, señaló:
“Por todo el libro circulan apasionadas, exaltadas e impulsivas historias de libidinosos,
borrachos, altaneros, jugadores, mal vividores, usureros, infieles, maldicientes, violentos,
apóstatas, herejes y calumniadores. Pero de entre todaslas historiassobresale una que, por
su carácter picaresco, de incontinencia y hasta con una salida de tono humorístico, merece
un lugar puntualizado y notorio en la literatura costumbrista que involuntariamente el
señor obispo tuvo a bien referir.
“Se trata del caso de Alonso del Río, Gobernador de Maracaibo entre 1766 y 1775, a quien
un informante acusa de vivir mal con doña Isabel Carrasquero y luego con la madre de esta,
doña Bárbara Villasmil, quienes fueron protagonistas de uno de los mayores escándalos
sexuales que revolvió hasta la crispación a la ciudad de Maracaibo por casi una década, pues
desde 1768 los escandalosostratos amorosos de Bárbara y Alonso eran de público y notorio
conocimiento en la ciudad de 10.000 habitantes, al punto que las primeras noticias de los
particulares hechos llegaron a conocerse en Madrid en 1770.
“El obispo Martí en su Visita Pastoral a Maracaibo en 1774 conoció del caso e
inmediatamente se dispuso a ponerle fin. El avance de las denuncias ante el obispo duró un
mes debido a la gran cantidad de acusadores y reprochadores de los apetitos eróticos de
los amantes, hasta el punto que la gente que acudió en masa no cabía en la casa y llenaban
la calle.
“Entre las muchas denuncias, testificaron haberlos visto cometiendo los peores pecados
y acciones escabrosas e indecorosas en la hamaca de los amantes. Se les acusó, por ejemplo,
de estar “sentados en una misma hamaca, solos en un aposento”, y de haber visto al
gobernador “metiéndole la mano” mientras ella descansaba. Además, “…que ella desnuda
se pone sobre una mesa, después de haberse bañado, para que la vea el gobernador (…).
“Y, para rematar, como si el obispo contara con el merecido castigo para con los
incontinentes pecadores, corona el relato con un cierre de humor involuntario y jocoso:
Durmiendo la siesta los dos en una misma hamaca, ésta se reventó y recibió daño”.-




