El Vaticano elogia al primer beato de Estonia: un mártir del régimen soviético, símbolo del «servicio a la verdad»
Mons. Eduard Profittlich (1890–1942), arzobispo jesuita de origen alemán y administrador apostólico en Estonia durante la ocupación soviética, que fue asesinado en 1942 en la prisión de Kirov bajo falsas acusaciones de espionaje

El arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, participó este sábado en Tallin, Estonia, en la conferencia internacional dedicada al beato Eduard Profittlich, mártir del régimen soviético, a quien destacó como símbolo de “diplomacia y santidad” y de “servicio a la verdad frente a toda opresión”.
El encuentro en esta ciudad europea se centró en la vida y el legado de Mons. Eduard Profittlich (1890–1942), arzobispo jesuita de origen alemán y administrador apostólico en Estonia durante la ocupación soviética, que fue asesinado en 1942 en la prisión de Kirov bajo falsas acusaciones de espionaje.
El primer beato en la historia de Estonia
Hace seis meses, el 6 de septiembre del año pasado fue beatificado en una Misa presidida por el Cardenal Christoph Schönborn, en nombre del Papa en la plaza central de Tallin. Esta celebración se convirtió en un acontecimiento de alcance nacional, según explica el Dicasterio para la Causa de los Santos del Vaticano.
El Vaticano fijó precisamente el 21 de febrero como la fecha de la celebración de la memoria litúrgica del beato Eduard Profittlich, el primero en la historia de Estonia —un país que hasta ahora no había experimentado canonizaciones ni beatificaciones—.
Por eso, estas celebraciones adquirieron un significado especialmente relevante para la comunidad católica local y para el reconocimiento histórico del legado de Mons. Profittlich.
En este sentido Mons. Gallagher destacó que es considerado un faro que aportó luz en un momento de grandes dificultades por su coherencia entre fe y servicio a la humanidad.
“Su sacrificio nos revela que la diplomacia, tal como la entiende la Iglesia, y la pastoral, aunque operen en esferas distintas, comparten una raíz común: el servicio a la verdad por amor a Dios y a la humanidad, frente a toda forma de opresión”, señaló.
Nunca huyó de Estonia a pesar de la persecución
A pesar de la persecución religiosa, Mons. Profittlich no quiso huir de Estonia durante la ocupación soviética. “Su decisión de quedarse fue también su más alto acto diplomático”, señaló Mons. Gallagher, subrayando que, según los diarios que escribió el propio Mons. Profittlich, esta elección le dio “una felicidad increíble” y “un profundo sentido de paz”.
Más que un pastor, Mons.Profittlich fue “un verdadero pontífice, un extraordinario constructor de puentes y mediador”, explicó el representante vaticano, capaz de tejer redes humanas y diplomáticas que elevaron la dignidad de un pueblo entero.
Su misión también tuvo un impacto político profundo: “Dio a Estonia una voz moral en un momento en que las grandes ideologías totalitarias intentaban sofocar su identidad”, recordó el arzobispo Gallagher.
La verdad como guía en tiempos de conflicto
Mons. Gallagher enfatizó que incluso durante el periodo que pasó prisión —donde fue sometido a brutales interrogatorios y torturas—, Mons. Profittlich “nunca permitió que su coraje se convirtiera en odio”.
“Permaneció fiel a la verdad suprema: el amor es la única fuerza capaz de vencer al mal”, recordó. Por ello, señaló Mons. Gallagher, su ejemplo “nos habla con urgencia hoy, en una época de conflictos y amenazas: en la misión de los santos, como en la alta diplomacia, la verdad no es un accesorio, sino el alma del pensar y actuar humano”.
El arzobispo invitó a todos a ser “artesanos de paz”, dispuestos a testimoniar que “el amor de Dios es la única fuerza capaz de reconstruir las naciones desde las cenizas del odio”.
Del mismo modo, el prelado del Vaticano constató que vivimos «tiempos trágicos, con una Europa que siente más que nunca amenazada y herida la paz por la guerra en la martirizada tierra ucraniana”, según señalan los medios del Vaticano.
Así, se refirió a la situación bélica mundial, que el Papa solía llamar “tercera guerra mundial a pedazos” y a un momento histórico de excepcional delicadeza para la paz mundial, constantemente amenazada desde múltiples frentes.
Sin embargo, aseguró que “Dios nos invita a tener confianza en Él, para que aquello que hoy puede parecer imposible —la paz— se vuelva posible”.
También elogió la fidelidad y la labor pastoral de la pequeña pero resiliente Iglesia católica en Estonia, que “ha atravesado grandes sufrimientos y ha experimentado la misericordia divina que permitió la renovación de la fe incluso donde esta fue más combatida”.
“Así como pocos meses después de la caída del Muro de Berlín Juan Pablo II visitó Praga, logrando lo que pocos hubieran creído posible, hoy lo aparentemente imposible puede hacerse realidad con Dios. Debemos confiar en Él, y también la paz que hoy parece inalcanzable podrá realizarse”, concluyó Mons. Gallagher.-




