Opinión

Suerte y destino

Estamos en el mes hebreo de Adar. Es un mes signado por buenos acontecimientos y augurios

Elías Farache:

 

Estamos en el mes hebreo de Adar. Es un mes signado por buenos acontecimientos y augurios. En este mes nació Moisés, el libertador y legislador del pueblo judío. Y en Adar se celebra Purim, un acontecimiento muy llamativo en el cual la suerte cambia para bien. Los judíos logran salvarse de un decreto de muerte y sus victimarios van a la horca.

 

El episodio de Purim tuvo lugar en la Persia imperial. Luego de la destrucción del primer templo de Jerusalén, los exilados que habitaban en las ciento veintisiete provincias fueron presa del odio de un alto funcionario. Una serie de aparentes casualidades llevaron a que la reina fuera judía, el consejero del rey descubriese un complot, el rey se desvelara una noche para recordar el intento de magnicidio, quien había sido su salvador y el plan de asesinato de judíos se frustrara. El relato de Purim se puede leer en un pergamino, que forma parte de la biblia. En el relato, que se lee todos los años en forma obligatoria, no aparece ni el nombre ni mención a Di-s. Como si fuera todo producto de casualidades. El lector pronto acierta a comprender cómo se tejen estas aparentes casualidades para terminar en una historia de redención y milagros encubiertos.

 

El 7 de octubre de 2023 el ataque de Hamas a Israel desató una serie acontecimientos que cambiaron la faz del Medio Oriente. Israel fue sorprendido y humillado al fallar cualquier previsión de defensa, al desmoronarse cualquier criterio previo de disuasión que resultó equivocado. En los dos años siguientes, y todavía hasta hoy y, sin duda, por mucho tiempo más, los acontecimientos siguen cambiando las relaciones entre todas las partes, las aproximaciones a cómo debería resolverse el dilatado conflicto árabe israelí, el palestino israelí. Gaza no es la misma, tampoco el Líbano. Lo mismo puede decirse de Israel. Las realidades cambiaron, o en todo caso, se perciben y tratan de distinta manera.

 

Pero también el mundo ha cambiado drásticamente. La presencia en la Casa Blanca de un presidente que actúa de manera poco convencional se suma a la inoperancia de las instituciones y organismos internacionales encargadas en teoría de regular el orden mundial, las relaciones entre los países, el respeto a los derechos humanos. Antes del 7 de octubre de 2023, nadie hubiera imaginado que se presentaría una confrontación abierta entre Israel e Irán, con intercambio masivo de ataques aéreos, por un lado, y lluvia de misiles balísticos por el otro. La contención supuesta dejó paso al conflicto abierto. Tampoco era imaginable, o quizás muy poco imaginable, una actuación tan directa de los Estados Unidos.

 

Al momento de escribir esta nota, las tensiones están en un nivel muy alto. Israel se prepara para un eventual ataque. La población sigue las instrucciones de rigor, las mismas que se convirtieron en costumbre y forma de vida en el largo y mortal período de la confrontación en Gaza y otros siete frentes. Refugios listos, compras nerviosas, cierres parciales del espacio aéreo. Advertencias y pronósticos nada pacíficos.

 

El protagonista de este nuevo capítulo de la historia de la humanidad es nuevamente Irán, la Persia de nuestros días. Una acción americana sobre el coloso de siempre parece inminente, aunque siempre hay esperanzas de negociaciones que eviten lo que nadie debería desear, una andanada de ataques con las víctimas de rigor. Como en la época de Purim, hace unos dos mil quinientos años, una serie de eventos han ido conformando la situación actual. La pregunta que nos hacemos es si ha de privar el sentido común de todos los involucrados, especialmente de aquellos que tienen en la práctica más que perder, y se llegará a una solución que evite la conflagración. Eso esperamos, pero tenemos las lógicas reservas al respecto.

 

Purim es una historia donde pareciera que las cosas ocurren por casualidad absoluta. La salvación milagrosa, parece una cuestión de suerte. No en vano los judíos asumen que el mes de Adar es el mes de la buena suerte, propio para iniciar proyectos o resolver desacuerdos. Otro principio judío establece que la suerte y las predicciones, que los astros y las constelaciones, no tienen ninguna influencia en nuestras vidas. El destino es forjado por la conducta de las personas, de las naciones también.

 

Los acontecimientos suceden y se pueden atribuir a casualidades, a la suerte, al destino. Cada uno según sus convicciones.  En la historia, larga y sufrida del pueblo judío, no hay lugar para algo que no pase por la intervención divina, muchas veces oculta, otras tantas, incomprendida.

 

Quizás la suerte sea el instrumento que se usa para forjar el destino. Que sean ambos para el bien de todos..

Elias Farache S.

22 de febrero de 2026

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