Heraldos del Evangelio cumplen 25 años
En Madrid, el Nuncio Apostólico presidió una Misa de Acción de Gracias en la Basílica de la Concepción

Homilía del Señor Nuncio Mons. Piero Pioppo en la Basílica de la Concepción de Nuestra Señora
22 de febrero de 2026
XXV Aniversario de la Aprobación Pontificia de los Heraldos del Evangelio
Permítanme Monseñor párroco, hermanos sacerdotes y todos y cada uno de Uds. que en este momento de la Sagrada Liturgia, servidor añada unas palabras humanas a la riqueza de la palabra que el Señor acaba de enviarnos.
Por una singular coincidencia hoy día, el domingo 22 de febrero, nosotros tenemos tantas motivaciones para alegrarnos de estar aquí en gran número, como siempre en esta hermosa Basílica de la Concepción, de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora. Una de las doce Basílicas de Madrid, que el Santo Padre Papa FrancIsco, de santa memoria, honró con el título de Basilica menor y que Uds. con su presencia, con su Fe, con su amor, vivifican diariamente y cada Domingo.
Hoy día, es el primer domingo de la Santa Cuaresma, ese tiempo de gracia, de conversión, de gran regalo, que el Señor nos da a todos nosotros: la posibilidad de hacernos mejores escuchando su Palabra, obedeciendo a su voluntad, emprendiendo caminos de retorno a El nuestro padre bondadoso y amoroso.
Pero hoy día 22 de febrero, es también la fiesta de la Cátedra de San Pedro, que a nuestros corazones sugiere elevar un pensamiento a la figura del Santo Padre León XIV, que desde Roma, por mi indigno medio, les envía una Bendición especial que les alienta siempre a seguir adelante en su vida cristiana y en su amor por la Iglesia, por el Papa…
Y además, unos de nosotros aquí presentes, andan con su memoria al 22 de febrero del año del Señor 2001, cuando el Santo Pontífice Juan Pablo II, aprobó la grande familia de los Heraldos del Evangelio como Asociación internacional de Fieles. Veinticinco años hace. La primera asociación que San Pablo II regaló a la Iglesia y al Mundo al comienzo del siglo XXI.
Entonces con todos estos motivos de agradecimiento, empezamos esta Santa Cuaresma y le decimos al Señor de confirmarnos a todos nosotros en nuestros santos propósitos de vida y testimonio Cristiano. Lo podemos hacer nosotros sacerdotes, estar siempre más y más a su servicio. Lo pueden hacer Uds. todos y cada uno en su condición, amando más y más a Dios. Reconociendo y haciendo espacio en sus corazones al Señor Jesús y a su Palabra y a su espíritu vivificador
Lo pueden hacer los jóvenes y los niños que aquí están: abriéndose a la vida y con humildad siempre estando a la escucha de la Palabra que el Señor les dirige en sus padres, sus maestros.
Hoy día la Primera Lectura nos habla del hombre, de todos nosotros compendiados en Adán, primer hombre. Hemos escuchado bien las palabras que el Señor nos ha dirigido, hemos visto como dos cuadros, son los capítulos II y III del Génesis. Primero como la Creación la imaginó Dios, toda armonía, toda belleza, toda luz. ¡Cómo la luz de los Madriles este domingo!…
Pero de inmediato el relato bíblico nos habla de cómo el hombre puede también servirse autónomo de Dios y allí hay una serie de consecuencias:, el pecado, la desnudez, la pobreza espiritual, las dificultades…
San Pablo en su Carta a los Romanos ve en profundidad lo que aconteció al comienzo del mundo y acontece siempre cuando nosotros pecamos. El primer pecado de Adán, el pecado original, y nuestros pecados son como una consecuencia de este primer acto de rebeldía del hombre a su Dios.
El hombre entonces se encuentra como inerme delante de una ola lóbrega, oscura, la ola del mal que entró en el mundo a través de una persona y no puede más ser parada. Esta ola oscura, esta sombra de muerte, con la que todos nosotros evidentemente tenemos algo que hacer. La situación del mundo de hoy, de ayer, de anteayer de mañana siempre nos presenta también más que la imagen clara de la Creación, portadora de bien, de luz, de vida de paz y amor. También esta situación en que nosotros vivimos, nos movemos y existimos, pero -San Pablo continúa con su inteligencia profunda-, hay dos “Adanes”. El primero Adán que pecó; el segundo que es solidario con nuestra condición caduca, mísera y pobre… cargó sobre sus espaldas nuestras tinieblas y nuestros pecados y atravesando ese valle oscuro de muerte que son las tentaciones, enseñó a todos nosotros, mas aún, dio la gracia a todos nosotros de ser salvados, redimidos.
Otra ola -si me conceden- esta vez de luz, de amor, de paz, que penetra más a fondo el ser humano y que nos ha llegado a nosotros el día de nuestro Bautismo y se confirma todas las veces que nosotros recibimos los Sacramentos; por algunos de nosotros que hoy en día están en Acción de Gracias a través también de la Consagración religiosa, desarrollo pleno de nuestro bautismo. Esa es la buena nueva del Evangelio, que ha llegado a todos nosotros hermanos y hermanas queridísimos.
Y esa es también la buena nueva del Evangelio que los Heraldos tienen que anunciar. Por la gracia de Dios y por la generosidad de tantos corazones, la Palabra del Evangelio siempre camina, siempre llega a todos y cada uno de nosotros, también por medio de tantas vidas que al Evangelio están consagradas.
Que la Virgen Santísima de Fátima, que nos preside y que es objeto de devoción particularísima aquí en esta Basílica, en la Inmaculada Concepción suya, en los Heraldos, uno de los tres pilares de su devoción y de su consagración: Eucaristía, Virgen Santa, Santa Iglesia con el Papa en su Cabeza.
¡Qué la Virgen Santa pueda maternalmente sugerir a nuestros oídos, externos, físicos e interiores, una vez más, cuanto sea bello, cuanto sea maravilloso el hecho que el Señor está siempre con nosotros, siempre nos penetra con su gracia, siempre y lo vemos en la persona de Jesús, para (detiene) esta ola oscura del pecado y llena nuestros corazones con la luz maravillosa de la gracia!.
Que todo esto, que esta Buena Nueva, que este Evangelio, del cual todos nosotros tenemos que ser anunciadores, heraldos, llene nuestro corazón de alegría y nuestra vida de tantos compromisos por el bien.
Amén”.
Palabras del Señor Nuncio Apostólico en España, antes de dar la Bendición final de la Eucaristía de Acción de Gracias por el XXV aniversario de la Aprobación Pontificia de los Heraldos del Evangelio.
“Antes de terminar esta Celebración, quiero una vez más, agradecer a Monseñor párroco y los sacerdotes de esta Basílica, que me han brindado la ocasión de celebrar una de mis primeras Misas Solemnes en Madrid, en esta hermosa Basílica dedicada a la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora.
Desde aquí mi oración sube por España toda, sus Majestades los Reyes, todas las autoridades nacionales, autonómicas.
Todos los estamentos del nuestra maravillosa Iglesia que peregrina en España.
Todas las familias aquí presente, los grupos, hoy día de manera particular los Heraldos del Evangelio.
Rezamos todos por el Santo Padre, el Papa León XIV, rezamos por nuestro querido Arzobispo Monseñor José, el Cardenal José, por todos los Obispos de España aquí en nuestra nación, misioneros o que trabajan con el Papa en la Curia Romana
Que el Señor nos una, más y más entre nosotros.
Y que el Señor permita que, como hemos dicho, esta ola de bien y de Bendición, redunde más y más sobre todos nosotros, por el bien de todos y de cada uno, por el bien común, por la vida del Mundo.
Dios te Salve María llena eres de gracia… …Amén”.-




