Trabajos especiales

La casa de las carretas

La Casa de las Carretas, que comenzó como un sueño familiar y una empresa de carretas tiradas por mulas, representa la esencia misma de Los Teques: una ciudad de encuentros, tránsito y trabajo constante

 

Xavier Villegas Godoy:

En la calle Sucre, de Los Teques (estado Miranda), está ubicada “La Casa de las Carretas”. Fue construida en 1908 por Pedro Trujillo Morantes, casado con Felipa Herminia Hernández Andrade. Originalmente, fue concebida con una doble función: residencia familiar y actividad económica, pues era también el sitio de resguardo de unas carretas tiradas por mulas que servían a una empresa de transporte. La casa conserva elementos originales, como el zaguán, que aún mantiene las huellas de las carretas, los cuartos y corredores, la cocina, el comedor y el patio central, donde se estacionaban las carretas.

La Casa de las Carretas está en peligro La Casa de Las Carretas | Los Teques

La casa alberga muebles originales (vitrinas y camas, entre otros), muchos de ellos traídos de Villa de Cura, que formaron parte del mobiliario inicial de la familia Trujillo-Hernández. Este espacio pasó de ser un lugar de vida activa a otra más quieta y de relativo aislamiento y, ahora, a ser un centro cultural y gastronómico impulsado por Alejandro Caputo Jaspe y su esposa, la artista Carlota Baptista. Alejandro, el célebre Morocho Caputo, es sobrino nieto de la esposa del dueño y constructor de la casa.

La Casa Museo "Casa de las Carretas" de Los Teques abre sus fogones - El Tequeño

Mediante el contacto con los testimonios directos, se adquiere conocimiento que no suelen estar en los libros de texto. La Casa de las Carretas funcionó como una empresa de transporte activa hasta 1927. Las carretas servían de conector vital para el comercio antes de la llegada masiva del automóvil. Así, en el Museo «Memela Trujillo”, como también se conoce la casa, es posible aprehender la evolución del transporte y el comercio en Venezuela, además de las antiguas costumbres familiares y sociales. Este hermoso espacio urbano nos recuerda la importancia de preservar la memoria familiar como pilar de la identidad local. El nombre del museo rinde homenaje a Luisa Amelia (Memela) Trujillo Hernández, la hija única del fundador. Memela preservó la casa y su contenido casi intactos, incluso sin abrir escaparates por décadas. Ello ha permitido que hoy veamos objetos con más de cien años de antigüedad. Con razón, Alejandro Caputo dice que la casa tiene un aire macondiano.

El museo actual nació del esfuerzo propio de sus custodios, sin apoyo institucional inicial, buscando transformar una herencia familiar en una galería y espacio de asesoría histórica. Carlota Baptista, por su parte, también trabaja en el rescate gastronómico de Los Teques y ofrece sus platillos a costos asequibles.

LA CASA DE LAS CARRETAS: Un Viaje a Través del Tiempo en LOS TEQUES. ACENTO VENEZOLANO

La comparación que hace el Morocho Caputo con «Macondo» invita a reflexionar sobre cómo la identidad de una ciudad se construye a partir de microhistorias familiares. Se debe ver la casa no como un espacio estático, sino como el lugar donde sus propias hijas «aprendieron a caminar» entre reliquias centenarias.

Este espacio brinda una valiosa perspectiva sobre la resistencia cultural y la preservación de la memoria colectiva, ya que esta depende, en gran medida, del sentido de pertenencia individual. Pasó de ser una casa de familia, espacio privado como tal, a un museo abierto al público, lo cual enseña que el conocimiento histórico solo cobra verdadero valor cuando se comparte y se pone al servicio de la comunidad, conectando el pasado con el presente.

La Casa de las Carretas, que comenzó como un sueño familiar y una empresa de carretas tiradas por mulas, representa la esencia misma de Los Teques: una ciudad de encuentros, tránsito y trabajo constante. El valor de esta casa no reside únicamente en sus paredes centenarias o en su mobiliario, sino en la resistencia de su memoria frente al olvido moderno. El aprendizaje más profundo que se puede derivar de la experiencia de visitar la casa-museo es reconocer que cada rincón de nuestros pueblos y ciudades está asociado a narrativas propias que merecen ser escuchadas.

La transformación de una herencia familiar en un museo abierto al público y también en un restaurante de sabores tradicionales es un recordatorio de que la cultura constituye un puente que une nuestro pasado con las aspiraciones de una sociedad que busca reconocerse en sus raíces. Preservar estos espacios es, en última instancia, preservar nuestra propia identidad como ciudadanos.-

Casa de las Carretas, historia y emprendimiento gastronómico en un mismo lugar - Diario Avance

Xavier Villegas Godoy

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