Barreras antiprofanación rodean el altar en San Pedro
Ante las repetidas profanaciones del altar de la basílica vaticana, la Fabbrica di San Pietro se ha visto obligada a colocar barreras que impidan acercarse al altar, procurando que entorpezcan la vista lo menos posible

Los ataques y profanaciones en iglesias católicas no han dejado de aumentar en los últimos años. En Francia, Italia, España, Canadá, Estados Unidos y otros muchos países, estas profanaciones apenas se recogen en los medios, ya sea por su frecuencia o porque no interesa resaltarlas.
Quizá el signo visual más llamativo de la creciente frecuencia de las profanaciones sea el que se ha producido este mes: la instalación de barreras en torno al altar principal de la basílica de San Pedro. Estas barreras solo se retirarán en las celebraciones litúrgicas e impiden que los visitantes puedan acercarse al altar la Confesión de Pedro.
En un comunicado, la Fabbrica di San Pietro (el organismo vaticano encargado de la gestión de la basílica) ha resaltado que la «solución adoptada es totalmente reversible e independiente, sin necesidad de anclaje a las estructuras existentes». Es decir, no se trata de protecciones fijas, sino que se pueden retirar de forma fácil y rápida cuando hace falta.
Las barreras están hechas de paneles transparentes de policarbonato, con el objetivo de asegurar que haya «un impacto visual mínimo, respetando plenamente el entorno monumental, artístico y arquitectónico de la basílica». En efecto, las bases son muy aparentes, pero los paneles transparentes se mantienen cuidadosamente limpios y, para verlos, hay que fijarse.
Las nuevas barreras se unen a los demás elementos de la seguridad de la basílica, como los guardias de seguridad, los controles a la entrada, etc. La Fabbrica indica que «esta medida se hizo necesaria tras las reiteradas intrusiones de personas no autorizadas en la zona que rodea el altar, que derivaron en actos de vandalismo y sacrilegio».
En efecto, el año pasado se produjeron dos profanaciones del altar la Confesión. La más reciente tuvo lugar en octubre, cuando un hombre orinó sobre el altar. En febrero, otro hombre se subió al mismo altar y arrojó al suelo seis candelabros que se encontraban colocados sobre él.
En 2023 hubo otro caso de profanación. Un ciudadano polaco accedió al altar mayor poco antes del cierre del templo, se desnudó parcialmente y se subió a la estructura. En su espalda llevaba escrito un mensaje en favor de Ucrania.
En dos de los tres casos, el Vaticano tuvo que celebrar un rito penitencial como reparación por la profanación del lugar sagrado. En efecto, en el Ceremonial de los Obispos se establece que «una iglesia es profanada si en ella se cometen actos gravemente injuriosos que escandalizan a los fieles y que, a juicio del ordinario del lugar, son tan graves y contrarios a la santidad del lugar que ya no es lícito ejercer en ella el culto hasta que la injuria sea reparada con un rito penitencial».
Una iglesia gravemente profanada no puede ser utilizada para el culto hasta que se celebre un rito de reconciliación, acto solemne que corresponde al obispo diocesano o, en el caso de la Basílica Vaticana, a su arcipreste como vicario del Papa.
Es difícil imaginar un templo con mayores medidas de seguridad que la basílica de San Pedro y, aun así, se producen en ella repetidos ataques anticatólicos, hasta el punto de que ha habido que impedir físicamente que los visitantes puedan acercarse al altar. Si esto sucede en el Vaticano, se puede deducir que ninguna iglesia está a salvo. Quizá la necesidad de barreras en torno al altar de la basílica de San Pedro quizá sea un signo de que se avecinan tiempos difíciles para la Iglesia.-
(InfoCatólica)




