Iglesia Venezolana

Sinodalidad y gatopardismo

El peligro del gatopardismo es realizar cambios superficiales o aparentes sin que lleguemos a transformaciones estructurales profundas en la pastoral que incida en la realidad del país

Cardenal Baltazar Porras Cardozo:

 

El Papa Francisco desde el inicio de su pontificado, y más explícitamente, desde la conmemoración del cincuentenario de la creación del sínodo de los obispos por el Papa Pablo VI, amplió el horizonte de la participación del pueblo de Dios en la consideración y propuestas en la vida de la Iglesia en su relación interna y de cara al mundo. El Papa argentino propuso la sinodalidad como el modo de ser y actuar de la Iglesia como «Pueblo de Dios» que camina unido en comunión, participación y corresponsabilidad misionera. Más que un evento, dijo, es un proceso continuo de escucha recíproca, diálogo y discernimiento comunitario, guiado por el Espíritu Santo para descentralizar la Iglesia.

 

El tema suscitó controversias a diversos niveles pues se objetaba que se estaba ante un vocablo y un lenguaje confuso y extemporáneo. Sin embargo, en la mayoría de los ambientes eclesiales se recibió sin mayores problemas. Los sínodos dedicados al tema y su proyección hasta el 2028 lo ha asumido el Papa León XIV y estamos en el período de implementación en las iglesias particulares del mundo entero.

 

Es un tema de carácter doctrinal que requiere ser asumido desde la especificidad de cada cultura. Vale decir, no se trata de aplicar a lo existente en las comunidades cristianas un nuevo lenguaje, sino el de preguntarse desde el ethos cultural propio, en este caso el latinoamericano y/o venezolano qué le dice o impone este concepto. Porque no es lo mismo hablar de comunión, de caminar juntos en abstracto, pues la vivencia de estas categorías no es igual ni significan lo mismo para un europeo o para un habitante de otras regiones o culturas.

 

Los esquemas enviados de las instancias vaticanas y continentales, asumidas por las conferencias episcopales tienen que ser reelaboradas, es decir, asumidas con discernimiento por cada comunidad creyente. Consciente de ello, el Papa Francisco puntualizaba que había que evitar el formalismo, el intelectualismo o estudio académico y el inmovilismo al afirmar que siempre lo hemos hecho así. O sea, tiene que ser inclusivo, no solo un club de amigos pues hay que escuchar a los otros, a los alejados, críticos o contrarios. Hay que salir de nuestros círculos a las periferias “en salida” (a los pobres y marginados), para construir no la uniformidad sino la unidad en la diversidad. Aprender a escuchar primero y no a convertirnos en maestros exclusivos de toda la verdad.

 

Tengo la percepción, y espero estar equivocado, que no hemos profundizado el tema desde nuestra propia historia y nuestra identidad cultural, sin proyección más allá de los límites intraeclesiales y sin visión de futuro en medio de la realidad de la crisis que vivimos y tenemos la obligación de ofrecer pistas para superar los baches que padecemos. Si no tomamos esto en cuenta, estamos haciendo el trabajo de reunirnos los de siempre para hacer seguir haciendo siempre lo mismo y sentirnos con ello, satisfechos.

 

Es el peligro del gatopardismo, es decir, realizar cambios superficiales o aparentes sin que lleguemos a transformaciones estructurales profundas en la pastoral que incida en la realidad del país. Ejemplos sobran y tienen que servirnos de referencia para no estar inventando o para decir que nunca hemos sabido salir de los atolladeros que nos presenta nuestra propia historia. Los que conformaron el primer congreso republicano en 1830 representaban muy diversas posturas, pero los unió el proponerse crear una república. Después de la sangrienta guerra federal surgió en el Tratado de Coche en 1863 la propuesta de superar las diferencias para la paz que hacía falta para enrumbar el país. En 1936, el General Eleazar López Contreras, heredero del gomecismo abrió las puertas a una pluralidad que abrió una nueva etapa en la vida republicana. Le experiencia del trienio 1945-1948 hizo que el fanatismo y exclusión nos llevaran a una nueva dictadura. 1958 es el mejor ejemplo y más cercano de unión de los diversos para reconducir a Venezuela en los mejores años de convivencia y democracia.

 

A estos testimonios de la historia civil podemos añadir muchos otros en los que diversos sectores empresariales, académicos, religiosos contribuyeron a buscar caminos de entendimiento y de paz. Como colofón veamos a nuestro santo José Gregorio Hernández quien convivió con colegas lejanos en su pensamiento filosófico y político, sin embargo, los unió la búsqueda de la salud del pueblo venezolano más allá de sus diferencias.

 

Aprendamos la lección, pues nos hace falta en esos momentos de incertidumbre para buscar en el encuentro con los otros, no solo con los míos, el camino de la equidad y la paz que tanto anhelamos. Es nuestra oportunidad no la echemos al pajón.-

21-3-26

 

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