El último judío de Coro cumple 100 años
Hermán Henríquez López-Fonseca, “Manche Henríquez”, celebra su centenario en su amada Coro, lúcido, conversador, memorioso

Luego de una presencia fundamental en la península ibérica, los judíos emprendieron un largo periplo, marcado por la incomprensión y la intolerancia.
Mucho se ha escrito sobre la Comunidad Judía de Coro, y mucho falta aún por investigar y discernir. Nombres como Pedro Curiel Ramírez, Pedro Manuel Arcaya, José Rafael Fortique, Elina Lovera o Blanca De Lima realizaron, a lo largo del tiempo, contribuciones significativas para la comprensión de su devenir histórico.
Integrante de una generación de corianos preocupados por la ciudad y la región —entre los que cabe mencionar a Ernesto Silva Tellería, Raúl López Lilo, Adolfo Zárraga Tellería, Luis Arturo Domínguez, Alfredo Van Grieken, Pedro Luis Bracho Navarrete, Rafael Calles Sierra, Mario Jacobo Penso, Freddy Cuba o Virgilio Medina—, reconocido por instituciones públicas con órdenes y condecoraciones, para Manche Henríquez la mayor honra sería la seguridad del resguardo de la Colección de Arte de su hermano Alberto Henríquez, donada a la Universidad Francisco de Miranda.
El Shabat, Rosh Hashaná y el Yom Kipur fueron celebraciones de los miembros de la Comunidad Judía de Coro, efectuadas en la rigurosa intimidad, pues desde siempre se les consideró extraños y, en diversas ocasiones, la maledicencia, el oportunismo o la intriga política se cebaron sobre ellos. Fue el progresivo alejamiento de ciertas tradiciones y la voluntad de integrarse a las dinámicas locales lo que obró en favor de su incorporación. A partir de allí, los Curiel, Mayerston, Capriles, Senior, De Lima, Cohen, Dacosta Gómez, Castro, Namias, Salcedo, entre otros, se hicieron corianos. Pues Coro es un sentir más entrañable que Falcón.
Así Manche Henríquez, a quien se nombraba entre los míos junto a sus hermanos y primas Sara Selinda, Eliana y Adriana López Fonseca, como parientes lejanos, descendientes todos de los hermanos Levy Maduro López-Fonseca.
Cuenta la leyenda que los judíos se llevaron las llaves de sus casas cuando fueron expulsados de Sefarad, esperando regresar algún día, conservándolas como legado de su antigua patria.
Mi pariente Manche Henríquez llega hoy a los 100 años, lúcido, conversador, memorioso y como en el poema, lo celebra en su amada Coro. No necesita llaves, él tiene todas las puertas abiertas. Sólo entra por sus portones con agradecimiento, entra a sus palacios con alabanza, con veneración y arraigo por la tierra que es casa y cobijo, razón e identidad. Da gracias por una vida plena de servicio. Y todos los corianos agradecemos también.






