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Cuba alcanza un nuevo récord de presos políticos: familias enteras bajo presión y ataques crueles

Cuba cerró agosto de 2026 con 1.339 presos políticos, la cifra más alta en décadas, según el último informe de Prisoners Defenders

Cuba cerró agosto de 2026 con 1.339 presos políticos, la cifra más alta en décadas, según el último informe de Prisoners Defenders.

El documento, que incorpora actualizaciones de septiembre, revela un patrón de represión cada vez más extendido: reclamar agua o electricidad, grabar a agentes estatales o denunciar abusos puede conducir a prisión, amenazas y castigos que alcanzan a familias enteras.

Agua de lluvia

En los últimos doce meses se han sumado 281 nuevos prisioneros políticos, un incremento que confirma el deterioro acelerado de las libertades en la isla.

Entre los encarcelados hay 155 mujeres y 38 menores de edad detenidos en el momento de su arresto, de los cuales 14 siguen en prisión.

El informe también alerta de la situación sanitaria: 463 presos padecen enfermedades graves y 54 presentan trastornos severos de salud mental, sin recibir atención adecuada. Detrás de cada número hay historias de violencia, abandono médico y procesos judiciales sin garantías.

Uno de los casos más llamativos es el de Caridad Silvente Laffita y su hija Anna Sofía Benítez Silvente, conocidas por difundir un vídeo de agentes de la Seguridad del Estado. Aunque la causa fue archivada en abril, se reabrió en julio y ambas podrían enfrentar hasta cinco años de prisión.

Los agentes llegaron a amenazar a Caridad para que impidiera las denuncias públicas de su hija, un ejemplo de cómo la represión se extiende más allá del individuo.

También destaca la detención de Ivisleivi Castellano Puig y su hijo Antuan de Jesús Caballero, arrestados sin orden judicial. Ella fue liberada tras pagar multas y fianza, pero su hijo permanece en prisión provisional con una fianza de 50.000 pesos, inasumible para la familia. No ejerció violencia alguna, pero su caso refleja el uso de la justicia como herramienta de intimidación.

La falta de agua y electricidad se ha convertido en un detonante de detenciones arbitrarias. Doraykis Delgado, madre de dos niños, fue encarcelada tras transmitir una protesta por apagones en La Habana. Padece hemofilia y requiere atención especializada, pero permanece en prisión provisional sin intervención judicial.

Algo similar ocurrió con Sady Reynaldo Companioni, detenida después de denunciar dos semanas sin agua. Su familia llegó a recoger agua de lluvia mientras una sobrina estaba hospitalizada por dengue y deshidratación. Fue llevada al centro de torturas El Vivac y excarcelada días después, aunque debe firmar diariamente en una unidad policial.

El informe documenta casos extremos como el internamiento forzoso de Santiago Eliezer Fernández, trasladado a un hospital psiquiátrico sin diagnóstico tras colocar un cartel con la palabra “Trump”. El pastor Alian López, que denunció su situación, fue posteriormente intimidado y vigilado, mostrando que la represión también alcanza a quienes acompañan y documentan abusos.

La violencia policial se evidencia en casos como el de Walter Junior Blanco, golpeado durante una protesta pacífica y obligado a firmar una declaración manipulada. O el de Christian Crespo, menor de 16 años, agredido en prisión y recluido con adultos peligrosos.

El informe recoge situaciones límite, como la de Carlos Alberto McDonald, enfermo de cáncer y condenado a siete años por “propaganda contra el orden constitucional”. Necesita 35 sesiones de radioterapia, pero solo ha recibido cuatro. Su regreso a prisión pondría en riesgo su vida.

La clasificación de Prisoners Defenders identifica 807 Convictos de Conciencia, 495 Condenados de Conciencia y 37 Otros Presos Políticos, todos ellos víctimas de procesos arbitrarios y penas desproporcionadas.

La represión en Cuba no solo encarcela: destruye familias, vulnera derechos básicos y castiga la disidencia con métodos cada vez más extremos. Un panorama que exige atención internacional y una respuesta firme ante la mayor cifra de presos políticos en décadas.-

Redacción REL