Lecturas recomendadas

La SupraConciencia y Dios: De la Ciencia a la Religión

José Antonio Gil Yepes:

Me han llamado poderosamente a reflexión los conceptos del Dr. Manuel Sans Segarra en su más reciente obra, Ego y Supraconciencia. En este trabajo, el Dr. Sans, famoso médico cirujano español, expone los conceptos que ha desarrollado a partir de su análisis de las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), en las que los signos vitales desaparecen pero, luego, regresan, y de las que Sans ha sido testigo y actor de primera mano en regresar a la vida a múltiples pacientes. Sus conceptos son emanados de la ciencia, pero lo han conducido a relacionarlos con conceptos espirituales y hasta religiosos, no comprobables ni, mucho menos, reproducibles a voluntad por el ser humano, pero que pueden llegar a serlo.

Descubre la Supraconciencia: Salud y Libre Albedrío | TikTok

Las ECM coinciden en los siguientes patrones recurrentesSensación clara de salir del cuerpo y con una vivencia de mayor lucidez. Autoscopia: verse a sí misma desde fuera desde una perspectiva elevada o externa. Desplazamiento sin las limitaciones físicas habituales, incluyen atravesar paredes u otras estructuras sólidas, o desplazarse de inmediato hacia un lugar sólo con pensarlo. Percepción de información a distancia, como haber conocido u observado hechos alejados de su cuerpo, con independencia del tiempo y el espacio. Comunicación mental o telepática; una comunicación directa de pensamiento a pensamiento, inmediata y completa, en vez de conversación hablada. Alteración de la vivencia del tiempo y del espacio; no se percibe el tiempo lineal habitual; se vive un “presente” intenso. Asimismo, la distancia deja de ser una barrera: bastaría la intención para “estar” en otro lugar. Encuentro con seres de luz o presencias orientadoras; figuras luminosas o presencias que les dan orientación, comprensión, acogida o ayuda. Reencuentro con familiares o amigos fallecidos; como reconocimiento, alegría y acogida. Luz intensa asociada a paz, gozo y amor; que se describe acompañada de paz, armonía, bienestar profundo, gozo y amor. Revisión panorámica de momentos significativos de su vida de forma rápida y vívida, incluyendo acciones consideradas buenas, dañinas o decisivas. Según Sans, esa revisión tiene un significado moral y de aprendizaje. Concepto luego vinculado a la conciencia. Conciencia de que todavía no corresponde permanecer allí; un mensaje de que la experiencia no ha terminado y que debe volver a la vida terrenal. Aceptación o retorno al cuerpo; percepción de una decisión de regresar —propia o inducida por una presencia. Transformación posterior de valores y conducta; menos miedo a la muerte y mayor valoración del amor, los vínculos, la compasión, la justicia, el servicio y el sentido espiritual de la vida.

Si estas experiencias existen, pero la ciencia no las puede reproducir, no quiere decir que estas dimensiones de vida, más allá de la vida material, no existan, sino que no sabemos cómo reproducirlas. ¿Será que los grandes maestros espirituales y religiosos llegaron por intuición, no sistematizable, a concebir y predicar esos conceptos?

Sans sostiene que estos patrones son demasiado estructurados y semejantes entre pacientes de diferentes culturas como para reducirlos a una alucinación; que, por demás, son desordenadas; no presentan patrones como los ya identificados en las entrevistas a quienes han pasado por ECM. Por eso, Sans propone que, durante una ECM, la Conciencia Local —la vinculada al cerebro de cada persona— deja de ser la única forma de experiencia y se manifiestan la Supraconciencia, entendida por él como conciencia no local, espiritual y persistente y, por ende, reflejan la Conciencia Primera (Dios). La arquitectura conceptual de Sans se puede expresar así:

Conciencia Primera – Supraconciencia – Conciencia local ↔ Conciencia colectiva

Una analogía útil para entender las relaciones entre estos conceptos sería la de una radio: La Conciencia Primera sería la fuente originaria de la emisión. El cerebro sería el aparato receptor y modulador. La conciencia local sería la señal recibida y procesada en un receptor, con su historia y limitaciones. La Supraconciencia sería el campo de señal más amplio en el cual participa el individuo junto con otros de su especie. La Conciencia Colectiva sería la programación cultural que condicionan cómo se interpreta la señal. Hay analogías posibles con el cristianismo, especialmente con su tradición bíblica, patrística y mística. Pero también hay diferencias doctrinales decisivas.

La Conciencia Primera sería la realidad originaria, universal y divina; la parecida al Dios judeo-cristiano-islamita. Pero, cristianamente, ese fundamento no es una abstracción ni una energía cósmica: es el Dios vivo que crea libremente, ama personalmente y se revela en Jesucristo. La Supraconciencia sería la participación o manifestación individual de esa realidad primera; Sans la concibe como el espíritu o identidad profunda; la cual se puede acercar analógicamente a la dimensión espiritual de la persona: su apertura a la trascendencia y su vocación a la comunión con Dios. Sin embargo, un cristiano tradicional debería evitar traducirla automáticamente como “el Espíritu Santo”. El Espíritu Santo no es una facultad humana ni una energía que el individuo posee; es Dios que se dona y transforma por gracia. La Conciencia Local (personal) sería la expresión funcional, cerebral y biográfica de la persona mientras vive corporalmente. Está vinculada al ego, a la memoria psicológica, a la percepción y a la acción cotidiana. Esta conciencia es la misma que nos enseñaron cuando, al cumplir siete años, nos dijeron que “ahora eres responsable de tus actos porque ya tienes uso de razón y tienes que rendir cuenta por ellos”. Puede relacionarse con la condición humana corporal, psicológica e histórica. Está acotada por la memoria, afectos, heridas, hábitos, condicionamientos sociales y libertad: es la forma concreta en que cada ser humano ama, trabaja, piensa y responde. La Conciencia Colectiva sería la influencia compartida del ambiente social e histórico sobre la conciencia local: lenguaje, cultura, valores, creencias, miedos, instituciones y símbolos. Este es un concepto antropológico, sociológico y psicológico. Puede compararse con el carácter social de la existencia humana. El cristianismo reconoce que vivimos en comunidades y culturas que forman nuestras conciencias; pero también insiste en que una cultura puede requerir conversión. Por eso, la conciencia no debe someterse sin crítica a la mayoría, al poder o a la moda.

El trabajo espiritual consistiría, para Sans, en disminuir el dominio de los aspectos del ego que lo hacen sobreponerse a principios mayores. No es que el ego sea todo negativo. Sin él no tendríamos afán por alcanzar nuestras metas, individuales o por la comunidad. Pero ciertos afanes del ego, como el apego a cosas o personas, el individualismo, el miedo, la preocupación por el pasado o el futuro, a lo material, a lo que piensen los demás nos desvían de hacer más transparente la relación entre la conciencia local (personal), la Supraconciencia y la Conciencia Primera. El propósito existencial del trabajo espiritual es vivir desde el amor, servicio, unidad, no del egoísmo.-

 

@joseagilyepes