Nuevo paradigma: el corazón
Beatriz Briceño Picón, humanista y periodista:
Poner el corazón en su santo lugar es uno de los grandes retos del mundo contemporáneo. La inteligencia, la información, el conocimiento, las relaciones entre las artes y las ciencias, la técnica, la inteligencia artificial y todo lo que podamos soñar en esa línea, no tienen la mejor palabra. A lo que nos está llamando el hoy y ahora es a la revolución del corazón. La inteligencia humana es portentosa pero el corazón es algo superior. Eso quisieron decirnos San Pablo VI, San Juan Pablo II y sus sucesores cuando hablaron de la revolución del amor; lo malo es que mucha gente entendió otra cosa y sigue por caminos que llevan a la soledad, al materialismo, a la injusticia social, a la intrascendencia o a la misma locura colectiva, económica y política que termina en las guerras que son uno de los mayores fracasos de los seres humanos.
El testamento del Papa Francisco en su última carta encíclica Dilexit nos, va directo al cambio de paradigma en relación al corazón; el Papa León sigue sus huellas. El domingo 6 de septiembre volvió a insistir en los modos de expresar el amor mutuo y con la Constitución Pastoral del Vaticano II, iluminó los caminos del corazón que son los que facilitan la verdadera civilización del amor. Pero esto no basta repetirlo, es necesario romper las rutinas de una sociedad sin corazón, cansada y con excesiva sensualidad, conformismo y egoísmo.
Considero, para este cambio de paradigma, que podemos tomarnos de la mano de la Coromoto, esa madre morena que nos ha invitado a celebrar un año jubilar por los 375 años de su presencia viva en Venezuela. Siempre le decimos renueva la fe en toda la extensión de nuestra patria, pero ahora, desde el 8 de septiembre de este año hasta el 8 de septiembre del año próximo, podríamos decirle renueva los corazones de todos los venezolanos. Y como los venezolanos andamos por todo el mundo, el beneficio llegará muy lejos.
En los nuevos liderazgos se nos dice que hay que cambiar también los paradigmas, no se trata de ser muy sabios sino ser muy compasivos, empáticos y misericordiosos. Es decir, hacer que el mundo de los afectos y sentimientos humanice y eleve las relaciones entre los grupos familiares, sociales, económicos y políticos.
Un proyecto que podemos realizar es aprender a escuchar y hablar desde el corazón, con el corazón y al corazón de los demás. No es un camino de corazoncitos sino de amor, de ese AMOR que mueve el mundo y las estrellas, de ese amor que nos muestra el Corazón de Jesús. Es el amor que nos regala el bautismo cuando nos hace hijos de Dios en Jesucristo y potencia no solo la fraternidad sino la verdadera hermandad, la gratuidad y la compasión. Para un cristiano la solidaridad con todos es poco, hay que ir más allá. Pero no por imposición, ni porque toca, sino por ese amor del que hablaba San Agustín cuando decía que nuestro corazón estaba inquieto mientras no descansara en Él.
Acaba de morir en España, un teólogo que tuve la suerte de escuchar muchas veces. Estuvo muy cerca de Benedicto XVI y Juan Pablo II, conoció a San Pablo VI y convivió con San Josemaría Escrivá. Habrá ocasión para hablar mucho de su legado en la Iglesia y el Opus Dei porque considero que no solo vale la pena, sino que es una deuda. Pero hoy traigo a colación algo que me dijo personalmente, el año 2002, cuando vino a Caracas a presentar el primer volumen de las obras completas de San Josemaría: la edición crítico-histórica de Camino. Es un texto de 1196 páginas de una profundidad casi sobrenatural.
Pues bien, Pedro Rodriguez que trabajo años sobre Camino me dio la clave de lectura que se encuentra en dos capítulos: Corazón y Cosas pequeñas. En el primero se esconde la antropología sobre la que se apoya la espiritualidad del Opus Dei. Y el segundo es considerado una dimensión fundamental, constitutiva, de la santificación del trabajo profesional y de la vida cotidiana. No es “optativo” cuidar los detalles pequeños, las cosas pequeñas, como si lo era vivir la infancia espiritual que siempre es un don del Espíritu Santo. Y el punto 813 lo confirma “Hacedlo todo por Amor. – Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. – La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo”.
Y en las notas de ese capítulo, Pedro Rodriguez, recoge unas palabras de San Josemaría en sus Cuaderno IV “Y el Amor Misericordioso será nuestro ideal (…) queremos que Cristo reine, practicamos y propagaremos el Evangelio, procuraremos el amor entre los hombres y desde luego y siempre ¡todo por Amor de Dios!”
El capítulo Corazón es uno de los más característicos de Camino, revela una rara experiencia del ser humano y la hondura con la que el Autor penetró en el “misterio” del hombre en su relación con Dios: el corazón como centro de convergencia “amorosa” de las potencias y los sentidos, de la persona en última instancia. De esta forma, el patrimonio literario de este cap. se constituye en parte central de la antropología de Camino.
El Papa León escribió Dilexit te sobre las huellas de Francisco y a nosotros nos corresponde continuar con el cambio de paradigma que no es otra cosa que volver al centro de la verdadera conversión del bautizado. Con el agua y las palabras del sacerdote se nos habilitó para vivir de fe y de amor trascendente, pero hay que lograr identificar nuestro corazón, que arrastra el pecado original, con el de Cristo. Es la única receta o el verdadero paradigma para lograr la civilización del AMOR.
Nunca como ahora, el mapa del fiel corriente había estado tan bien señalado. Hubo siglos en los que se creía que tener vocación era otra cosa. Pero las costumbres o la falta de formación y estudio hacen difícil entender la realidad con toda la luz del Vaticano II. En las manos de las familias de hoy está todo ese tesoro de la vocación cristiana que parecía escondido en las Iglesias y conventos. Por eso este año pediremos a la Coromoto que se apareció a una familia para que se bautizara, que renueve los corazones de los venezolanos.-