El Papa

TEXTO COMPLETO: Discurso de León XIV durante la Divina Liturgia en la Iglesia Patriarcal de San Jorge

Confío en que todos los cristianos, los miembros de otras  tradiciones religiosas y muchos hombres y mujeres de buena voluntad puedan cooperar en armonía  en la búsqueda del bien común

 

A continuación, el texto completo del discurso del Papa León XIV durante la Divina Liturgia en la Iglesia Patriarcal de San Jorge, en Estambul:

Santidad, amado hermano en Cristo,

Beatitudes,

queridos hermanos en el Episcopado,

miembros del Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico,

queridos hermanos y hermanas:

Nuestra peregrinación, en los lugares donde se celebró el primer Concilio ecuménico de la  historia de la Iglesia, concluye con esta solemne Divina Liturgia, en la cual hemos conmemorado al  apóstol Andrés que, según la antigua tradición, trajo el Evangelio a esta ciudad. Su fe es la nuestra;  la misma que han definido los Concilios ecuménicos y que hoy profesa la Iglesia. Con los Jefes de las Iglesias y los Representantes de las Comuniones Cristianas Mundiales lo hemos recordado durante  la oración ecuménica, la fe profesada en el Credo Niceno-Constantinopolitano nos une en una  comunión real y nos permite reconocernos como hermanos y hermanas. Ha habido muchos  malentendidos e incluso conflictos entre cristianos de distintas Iglesias en el pasado, y aún sigue  habiendo obstáculos que nos impiden estar en plena comunión, pero no debemos retroceder en el  compromiso por la unidad y no podemos dejar de considerarnos hermanos y hermanas en Cristo y de  amarnos como tales.

Inspirados por esta conciencia, hace sesenta años el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras  declararon solemnemente que las desafortunadas decisiones y los tristes acontecimientos que llevaron  a las recíprocas excomuniones del año 1054 debían ser borrados de la memoria de la Iglesia. Este  gesto histórico de nuestros venerados predecesores abrió un camino de reconciliación, de paz y de  creciente comunión entre católicos y ortodoxos, que ha crecido también gracias a los tratos frecuentes,  a los encuentros fraternos y a un prometedor diálogo teológico.

A la luz de este camino ya emprendido, muchos han sido los pasos dados también a nivel  eclesiológico y canónico y, hoy, estamos llamados a comprometernos más hacia la restauración de la  plena comunión. A este propósito, deseo expresar vivo agradecimiento por el continuo apoyo de Su  Santidad y del Patriarcado ecuménico al trabajo de la Comisión mixta internacional para el Diálogo  teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa. Espero que no se ahorren esfuerzos para que  todas las Iglesias ortodoxas autocéfalas vuelvan a participar activamente en este compromiso. Por mi  parte, deseo confirmar que, en continuidad con lo enseñado por el Concilio Vaticano II y por mis  predecesores, buscar la plena comunión entre todos los que están bautizados en el nombre del Padre,  del Hijo y del Espíritu Santo, en el respeto de las legítimas diferencias, es una de las prioridades de  la Iglesia católica y, de modo particular, de mi ministerio como Obispo de Roma, cuyo papel  específico a nivel de Iglesia universal consiste en estar al servicio de todos para construir y preservar  la comunión y la unidad.

Para permanecer fieles a la voluntad del Señor de cuidar no sólo de nuestros hermanos y  hermanas en la fe, sino de toda la humanidad y de toda la creación, nuestras Iglesias están llamadas  a responder juntas a los llamamientos que el Espíritu Santo les dirige hoy. Ante todo, en este tiempo  de sangrientos conflictos y violencia en lugares cercanos y lejanos, católicos y ortodoxos están  llamados a ser constructores de paz. Se trata ciertamente de actuar, de tomar decisiones y realizar  signos que construyan la paz, sin olvidar que esta paz no es sólo fruto de un esfuerzo humano, sino  don de Dios. Por eso, la paz se implora con la oración, con la penitencia, con la contemplación, con  esa relación viva con el Señor que nos ayuda a discernir las palabras, los gestos y las acciones que  debemos emprender, para que estén verdaderamente al servicio de la paz.

Otro desafío que nuestras Iglesias deben afrontar es la amenazadora crisis ecológica que, como  Su Santidad ha recordado a menudo, requiere una conversión espiritual, personal y comunitaria, para  cambiar de rumbo y salvaguardar la creación. Católicos y ortodoxos estamos llamados a colaborar  para promover una nueva mentalidad, en la que todos se sientan custodios de la creación que Dios  nos ha confiado.

Un tercer desafío común que quisiera mencionar es el uso de las nuevas tecnologías,  especialmente en el ámbito de la comunicación. Conscientes de las enormes ventajas que pueden  ofrecer a la humanidad, católicos y ortodoxos deben trabajar juntos para promover un uso responsable  de ellas, al servicio del desarrollo integral de las personas, y una accesibilidad universal, para que  tales beneficios no queden reservados a un pequeño número de personas y a los intereses de unos  pocos privilegiados.

Al responder a estos desafíos, confío en que todos los cristianos, los miembros de otras  tradiciones religiosas y muchos hombres y mujeres de buena voluntad puedan cooperar en armonía  en la búsqueda del bien común.

Santidad, con estos pensamientos en el corazón, dirijo a usted y a los hermanos y hermanas  que hoy celebran la fiesta de su santo Patrono mis más fervientes deseos de bien, de salud y serenidad. Deseo agradecer sinceramente la cálida y fraterna acogida que me han brindado durante estos días.

Por ello, invocando la intercesión del apóstol Andrés y de su hermano el apóstol Pedro, de san Jorge  megalomártir, a quien está dedicada esta Iglesia, de los santos Padres del Primer Concilio de Nicea, de los numerosos santos Pastores de esta antigua y gloriosa Iglesia de Constantinopla, pido a Dios  Padre misericordioso que bendiga abundantemente a todos los presentes.-

Almudena Martínez-Bordiú

Almudena Martínez-Bordiú/Aciprensa

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